NACIONES UNIDAS – Hace dos años, la idea de que estallara una guerra a gran escala parecía una hipótesis lejana para los expertos que ayudan a identificar los peligros del mundo, pero hoy en día encabeza su lista de temores, según un nuevo Informe de Riesgos Globales de las Naciones Unidas.
El estudio, a cargo de la oficina ejecutiva del secretario general y conocido este martes 15, recoge las opiniones de 1300 personas procedentes de gobiernos, organizaciones internacionales, la sociedad civil, el sector privado y el mundo académico, de todas las regiones del mundo.
“Los resultados son preocupantes. Los riesgos políticos han pasado a ocupar un lugar central. La perspectiva de una guerra a gran escala se percibe como mucho más importante e inminente que hace dos años”, escribió el secretario general, António Guterres, en el prólogo del informe.
Al mismo tiempo, “se considera que las instituciones que deberían responder tienen menos capacidad para actuar”, advirtió el responsable de la ONU.
En el estudio se evaluaron 28 amenazas políticas, económicas, ambientales, sociales y tecnológicas según su probabilidad, su impacto negativo y la capacidad del mundo para afrontarlas.
La guerra a gran escala subió 16 puestos en la clasificación, en comparación con 2024, el mayor ascenso de todos los riesgos de la lista.
Más de un tercio de los encuestados, 36 %, cree que sus efectos podrían afectar a una parte significativa de la humanidad en el plazo de un año; y 76 % espera que esto ocurra en siete años.
También es una amenaza para la que el mundo parece estar mal preparado: la guerra a gran escala fue el único riesgo que se situó entre los seis primeros en las cuatro medidas que analizó la encuesta: importancia, inminencia, su interconexión con otros peligros y la falta de preparación de las instituciones para responder.
Hace dos años, las amenazas ambientales, la desinformación y las pandemias dominaban el panorama. Ahora, la tensión geopolítica, la guerra y el debilitamiento del estado de derecho ocupan un lugar central.
El cambio se observa en todas partes. La guerra a gran escala y la tensión geopolítica figuran ahora entre las 10 principales amenazas en cada una de las siete regiones que abarca la encuesta, y entre los cinco primeros riesgos en seis de ellas.
Hace dos años, esos mismos riesgos figuraban entre los cinco primeros en una sola región, destaca el informe.
Las armas de destrucción masiva también aparecen entre las 10 primeras amenazas en Asia central y meridional, África subsahariana, y Oceanía.
En Asia oriental y sudoriental, crecía la preocupación por una posible crisis financiera mundial, las desventajas de la inteligencia artificial y el creciente poder de las empresas tecnológicas.
Los riesgos relacionados con la inteligencia artificial (IA) también entraron en el grupo de 10 amenazas sobresalientes en Europa y América del Norte.
Por el contrario, las pandemias y las amenazas biológicas salieron del top 10 en todas partes, lo que supone un giro radical con respecto a hace dos años, cuando todavía figuraban entre los riesgos más acuciantes en el este y sureste de Asia, América Latina y el Caribe, y África subsahariana.
El informe argumenta que ningún riesgo existe por sí solo. La escasez de recursos naturales, la fragmentación económica, la desinformación y el debilitamiento de las instituciones multilaterales aumentan la tensión geopolítica, lo que a su vez incrementa la probabilidad de una guerra a gran escala.
De las 705 conexiones entre riesgos que identificó la encuesta, el vínculo entre la tensión geopolítica y la guerra fue el más fuerte.
La inteligencia artificial recibe especial atención en el informe. La preocupación por la IA, otras tecnologías de vanguardia y la concentración de poder que posibilitan ha aumentado drásticamente en dos años, incluso cuando los encuestados afirman que el sistema multilateral es el menos preparado para afrontar las amenazas tecnológicas.
Mientras tanto, el cambio climático no ha desaparecido: la inacción al respecto sigue siendo el riesgo considerado más importante en general, y ocupa un lugar destacado en todas las regiones, junto con la preocupación por la escasez de recursos.
Los autores del informe advierten que el hecho de que otros riesgos ambientales desciendan en la lista no significa que sean menos peligrosos, sino simplemente menos visibles.
Y la visibilidad importa: los problemas que reciben menos atención a menudo también pierden financiamiento.
Para 86 % de encuestados la financiación para la reducción de riesgos no es suficiente, y el informe destacó los desastres naturales y el riesgo de colapso de las instituciones multilaterales como áreas particularmente infrafinanciadas.
Los encuestados señalaron las debilidades de la gobernanza, la falta de consenso político, y la erosión de la confianza y de la rendición de cuentas, como los mayores obstáculos para la gestión de riesgos, junto con la mala priorización, la resistencia del público, los políticos o las empresas, y las lagunas en los datos.
La ONU se cuida de presentar el informe como una instantánea de las percepciones, más que como una predicción.
Los encuestados siguen considerando que la acción conjunta entre gobiernos es, con mucho, el medio de prevención más eficaz. Ningún país, ninguna empresa, ninguna institución puede afrontar estos riesgos en solitario, asegura el reporte.
“La decisión es nuestra”, concluyó el secretario general.
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