La extrema derecha a las puertas del poder total en Brasil

Flávio Bolsonaro (i), candidato de extrema derecha, logró el primer lugar en la primera vuelta de la elección presidencial del 4 de octubre en Brasil, y disputará la jefatura de Estado en un balotaje con el actual presidente, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva (d), el próximo día 25. La elección dirimirá si el mayor país latinoamericano se mantendrá como un bastión del progresismo o si se une a la ola derechista que recorre el hemisferio. Imagen: Agencia Brasil

BRASILIA — El senador de extrema derecha Flávio Bolsonaro, quien ganó la primera vuelta de la elección presidencial el domingo 4, y el actual mandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, quien quedó segundo, disputarán la presidencia de Brasil en un balotaje definitivo el 25 de octubre, en medio de una corriente favorable a la derecha.

Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), en prisión domiciliaria, obtuvo 47,03 % de los votos válidos, frente a 45,16 % de Lula, quien a sus 80 años busca un cuarto mandato, y el remanente fue a varios candidatos de derecha y centroderecha que reunieron menos de ocho por ciento.

Brasil entra así en un período de tres semanas de vértigo político, con la posible conquista por la extrema derecha del país más grande y poblado de América Latina, siguiendo la ola conservadora que esta década llevó al poder en la mayor parte de la región a gobiernos afines al presidente estadounidense Donald Trump.

En su primera declaración tras el triunfo, Flávio Bolsonaro proclamó que “Brasil quiere cambio. Queda decretado el fin de la era del PT”, el Partido de los Trabajadores de Lula, que ha gobernado durante la mayor parte de lo que va de siglo.

Si alcanza la presidencia a partir del 1 de enero, para el cuatrienio 2027-2030, inmediatamente indultará a su padre, quien purga una condena de 27 años por dirigir n golpe de Estado hace cuatro años para tratar de abortar el mandato de Lula.

Lula encajó el golpe, pues las encuestas le daban el primer lugar en la primera vuelta, y tras admitir que el “el resultado muchas veces es inesperado”, inició este lunes 5 “una nueva campaña”, renovando sus críticas a “los Bolsonaro” por sus presuntos vínculos con grupos parapoliciales y publicitados casos de corrupción.

Las elecciones del domingo 4, con 158 millones de electores y una participación de casi 79 %, incluyeron las 27 gobernaciones de estados, 58 de las 81 bancas en el Senado, las 513 de la Cámara de Diputados, y los parlamentos regionales.

El Partido Liberal de los Bolsonaro, así como otras fuerzas conservadoras, han ganado fuerza en el Congreso. La esposa de Jair Bolsonaro, Michelle, de 44 años, y dos de sus hijos, Carlos y Jair Renan, fueron electos parlamentarios.

Ahora en el Senado, por ejemplo, el Partido Liberal de Bolsonaro tendrá 28 bancas contra las nueve del Partido de los Trabajadores, y el resto queda en poder de partidos pragmáticos, abiertos a juegos de alianzas en función de intereses grupales.

Algo similar ocurre en Diputados, de cuyos 513 asientos -131 aún por definir- el Partido Liberal ocupará al menos 121, la alianza izquierdista que apoya a Lula 88, y el resto a los partidos proclives a coaliciones pragmáticas, que generalmente atienden intereses de grupos de presión económicos o regionales.

La polarización tan marcada derecha-izquierda deja la decisión presidencial en manos del reducido porcentaje de votantes por los candidatos minoritarios, con mayor probabilidad de apoyar a Bolsonaro, y los 30 millones de electores que se abstuvieron, cuya participación Lula ya presenta como decisiva.

El lejano tercer lugar (2,89 %) lo ocupó Augusto Cury, psiquiatra y escritor muy leído de libros sobre salud mental, quien incursionó en la política este año como candidato de Avante, un pequeño partido de centroderecha.

Renan Santos, de Brasil Libre y Missao, se presentó como candidato anticorrupción y a favor del liberalismo y consiguió 2,24 % de votos; y Ronaldo Caiado, quien sí tenía experiencia política como gobernador y senador, del Partido Social Democrático -otro comodín en la política brasileña-, obtuvo 2,18 %.

Los tres se presentaron como equidistantes y en rechazo a las opciones mayoritarias, y los analistas concuerdan en que no todo su electorado seguirá sus indicaciones para la segunda vuelta, aunque la tendencia claramente favorece a la derecha.

La encuestadora chilena Marta Lagos, fundadora del observatorio Latinobarómetro, señaló que en Brasil nunca el que va segundo ha ganado la segunda vuelta de una elección presidencial, y “a menos que se produzcan cambios significativos, Bolsonaro va camino a ganar el 25 de octubre”.

“No vi ninguna encuesta que dijera que Bolsonaro sacaría más votos que Lula en la primera vuelta. Las encuestas se siguen equivocando en la región”, escribió Lagos en su cuenta en la red X.

La campaña estuvo cruzada por escándalos de corrupción, con investigaciones que abarcaron al propio Flávio Bolsonaro y a un juez del Tribunal Supremo considerado partidario de Lula, y es probable que el flujo de acusaciones se acreciente en la carrera contrarreloj que se reinicia hacia el 25 de octubre.

Una marca de la campaña fue la de la animadversión y el voto en contra: una porción del electorado, aproximadamente la mitad, desaprueba claramente la gestión de Lula y su partido, y una parte semejante rechaza de plano a la familia Bolsonaro.

También estuvo marcada por la omnipresencia del presidente Trump en la política hemisférica, pues el mandatario estadounidense intervino abiertamente en procesos electorales en casi todos los países, desde Honduras al norte hasta Argentina en el sur, pasando por Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.

Ha sido muy clara la identificación de Trump con Bolsonaro padre e hijo, y viceversa, así como la animadversión con Lula.

Los gobiernos de Lula y Trump chocan por temas como los aranceles que Washington impone por razones políticas, y por asuntos de política internacional, como los conflictos en el Medio Oriente, el multilateralismo, y la emergencia del grupo Brics, inicialmente de Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica.

Los brasileños decidirán así si el país más grande de América Latina se mantiene como la fortaleza progresista que ha sostenido Lula, o si gira hacia la extrema derecha conservadora que exhibe dos años de éxitos en la región.

Finalmente, la elección confirmó la confianza en el sistema de votación electrónica, que además permitió un rápido escrutinio. La misión de observación electoral de la Organización de los Estados Americanos registró que “la votación transcurrió sin problemas y bajo condiciones adecuadas de seguridad”.

A-E/HM

 

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