MEXICALI, México – La apicultura forma parte del acervo del pueblo indígena cucapá, que habita en la ribera del río Colorado en los norteños estados mexicanos de Baja California y Sonora, así como en el de Arizona, del lado estadounidense.
Por eso, al indígena Ángel Pesado no le costó la recuperación de la tradición. “Nuestros antepasados cultivaban miel para su consumo y ahora nosotros pudimos retomarlo”, relató a IPS Pesado, de 64 años, residente en el ejido (tierra colectiva) Pozas de Arvizu, en el municipio de San Luis Río Colorado, en Sonora, uno de los tres apicultores que trabajan allí.
Los productores poseen siete colmenas en el proyecto que comenzó en 2025 y cuya marca es “Quaz miñey”, algo dulce en lengua cucapá, y cuyo aporte más reciente ronda 200 litros. En el invierno boreal, la floración de la miel proviene de álamos y encelias, unos arbustos de la familia Astereceae.
La presencia apícola es fruto de la restauración de 63 hectáreas en El Chaussé, uno de los siete sitios que ha rehabilitado la Alianza Revive el Río Colorado en su delta y que integran dos organizaciones gubernamentales mexicanas y cuatro estadounidenses. La reforestación ha significado jardines polinizadores para las abejas.
“Antes estaba todo seco, ahora está floreado, nos gusta verlo así”, aseguró Pesado, quien también siembra trigo y algodón. La renovación de El Chaussé es responsabilidad de las no gubernamentales Pronatura Noroeste y Restauremos el Colorado, con sede en Mexicali, la capital de Baja California, a unos 2600 kilómetros de Ciudad de México.
“Nuestros antepasados cultivaban miel para su consumo y ahora nosotros pudimos retomarlo”: Ángel Pesado.
En un recorrido por la zona, IPS constató los logros de la reconstrucción del hábitat y los retos que enfrenta el proceso, enmarcado en las complejas relaciones hídricas entre Estados Unidos y México y enrarecidas por el constante asedio del presidente ultraconservador Donald Trump en todos los temas bilaterales.
El río Colorado surge en las Montañas Rocallosas, de cuya nieve depende, y recorre hacia el suroeste siete estados estadounidenses y luego los dos mexicanos, en una cuenca poblada por 40 millones de personas, hasta desembocar en el golfo de California, una de las zonas marinas más biodiversas del mundo, situado entre la península de Baja California y Sonora, en el océano Pacífico.
Pero el represamiento desarrollado a lo largo de su curso de 2333 kilómetros en el siglo pasado en el lado estadounidense, el uso del agua en la agricultura y la sequía derivada de la catástrofe climática han arrinconado a río y su cuenca.
Si hace 100 años el flujo era de 1200 metros cúbicos de agua, hoy solo suma 0,5, muestra de la menor disponibilidad de líquido que baja hasta el lado mexicano.
Y los cucapás, también conocidos como cucapahs, lo han sufrido, pues la pesca era una de sus actividades principales y debieron abandonarla por la falta de agua en el cauce.

Todo verdor sobrevivirá
Entre el suelo beige despuntan árboles altos y delgados, prueba del predominio de la vida en parajes desérticos en Laguna Grande, un predio restaurado al comienzo del delta del río.
Una riada de canales se alista para recibir el recurso en los próximos días, para irrigar los lotes, y pequeños tubos negros serpentean por la tierra aún no tan caliente. Los sitios cuentan con un sistema de 14 kilómetros de canales, por los que discurre un promedio de flujo diario de 150 litros.
El agua sobrante alimenta al río, cuyo flujo transitó por la cuenca 220 días en 2025.
Por el polígono, el mayor del sistema ripario, la ribera fluvial, deambulan castores y algún coyote en búsqueda de alimento.
Tomás Rivas, especialista en restauración del Sonoran Institute, explicó que el objetivo es la renovación de parte del hábitat original y que se deterioró por la falta de agua.
“Se necesita voluntad política de hacer algo, para preparar el trabajo y buscar los recursos. El elemento básico es el agua, especialmente en los primeros años para establecer un sitio. (Laguna Grande) es refugio para algunas especies que sobreviven con el alimento que tienen de la zona agrícola. Hemos visto abundancia y diversidad”, dijo a IPS.
En 2006, su organización estadounidense y la mexicana Pronatura Noroeste comenzaron la regeneración de hábitats ribereños dentro de la zona. Laguna Grande arrancó con un piloto de media hectárea.

La tarea comenzó en las orillas del delta y luego la extendieron tierra adentro a las áreas más secas. Removieron pino salado, que inutiliza el suelo, y los álamos, sauces, mezquites y cachanilla florecieron, con una tasa de supervivencia superior a 90 %. La estrategia consistió en comprar derechos de agua a productores de la zona para contar con el líquido que regaría el polígono.
Hoy, el bosque blanco, café y verde es denso y rozagante. El ecosistema ha permitido la reproducción de especies como el castor, gato montés, coyotes, mapaches y entre 200 y 300 especies de aves, incluyendo variedades migratorias que se trasladan desde el norte del continente. Las organizaciones han sembrado 95 hectáreas, de un total de 140 por las que se extiende el sitio.
En total, el proyecto conjunto ha restaurado más de 500 hectáreas, aunque la meta para el periodo 2020-2026 eran 1000, en el mayor tramo actual de hábitat ribereño nativo en el lado mexicano del río, y una plantación de unos 700 000 árboles. La meta para este año es la suma de 20 hectáreas rehabilitadas.
“Se necesita voluntad política de hacer algo, para preparar el trabajo y buscar los recursos. El elemento básico es el agua, especialmente en los primeros años para establecer un sitio. (Laguna grande) es refugio para algunas especies que sobreviven con el alimento que tienen de la zona agrícola. Hemos visto abundancia y diversidad”: Tomás Rivas.
La reforestación ha llevado a que cada hectárea almacene entre 25 y 35 toneladas de dióxido de carbono, el gas generado por la extracción y quema de combustibles fósiles y responsable del recalentamiento global.
Y para sustentar la siembra, cada sitio tiene un vivero, manejado por pobladores locales y que aportan una media anual de 17 000 plantas.

La inversión promedio ronda los 700 dólares por hectárea. Al decir de Rivas, lo más oneroso es el mantenimiento de los predios resanados. Para tener un mejor esbozo del empleo generado, los ingresos y los beneficios ambientales, la red elabora un estudio socioeconómico para estimar cuánto genera cada dólar invertido por hectárea.
Un momento fundamental ocurrió en 2008, cuando las organizaciones obtuvieron la concesión del territorio del gobierno mexicano para convertirlo en una reserva natural.
En 2012, Estados Unidos y México negociaron el Acta (ley) 319, una enmienda al Tratado de Aguas de 1944, y que reasignó 195 millones de metros cúbicos (m³), aportados por ambos gobiernos y por organizaciones no gubernamentales, para el delta durante los cinco años de vigencia de la norma, y que garantiza que México pueda almacenar el recurso del lado estadounidense.
El tratado regula el reparto del agua de los tres ríos binacionales: Tijuana, Colorado y Bravo (conocido en Estados Unidos como Grande), este siglo se ha enmendado el reparto del recurso por actas o leyes pactadas bilateralmente.
Esta acta permitió también que el líquido fluyera en 2014 a través de la presa fronteriza Morelos, con lo cual el río llegó al mar por primera vez en décadas, y definió el aporte de tres millones de dólares para restauración y otro para monitoreo ecológico, más 10 millones que las organizaciones recaudaron.
El remanente de la cuota procedente del río abastece a ciudades fronterizas como Tijuana y sirve de irrigación agrícola.

Vecino problemático
La rehabilitación exhibe los beneficios de la cooperación entre organizaciones de sociedad civil, bilateral y comunitaria, en beneficio de zonas degradadas.
Pero el manejo está condicionado por el nivel de agua del río y ahora por la disponibilidad política del gobierno estadounidense, que en meses recientes ha presionado a México para que cumpla sus compromisos del acuerdo de 1944.
El tratado estipula que Estados Unidos transfiere a México 1850 millones de m³ del río Colorado cada año y a su vez México entrega a su vecino 431 millones del río Bravo.
Pero México ha retrasado el traslado debido a la fuerte sequía que ha golpeado el norte de esta nación latinoamericana y que afecta igualmente a los agricultores del estado estadounidense de Texas.

Ante la amenaza de Trump de imponer un arancel extraordinario de 5 %, ambos gobiernos acordaron en febrero que México daría al menos 430 millones durante los próximos cinco años.
Mientras, ambos gobiernos ya negocian una nueva acta sobre la transferencia hídrica más allá del tratado bilateral.
El Acta 323, sucesora de la 319 y de nueve años de duración, indica que México puede tomar entre 49 millones y 99 millones, en función del nivel de la presa Mead, reservorio de la estadounidense presa Hoover situada entre Arizona y Nevada. Además, establece nueve millones de dólares anuales para rehabilitación y una suma similar para monitoreo ecológico.
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Pero en agosto pasado, el gubernamental Buró de Reclamación de Estados Unidos, responsable de la gestión hídrica y eléctrica en el oeste del vecino país, determinó que la asignación para México totaliza 1668 millones de m³ en 2026, en un contexto de bajo almacenamiento a causa de la sequía.
Ante la incertidumbre política y ecológica, la red trazó tres escenarios y de los cuales el más viable prevé que sigue habiendo agua y dinero.
Otra raíz de esperanza yace en el Programa Nacional de Restauración Ambiental 2025-2030, que identifica 78 sitios potenciales, entre ellos la Reserva de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado. Aunque el inicio de esas labores estaba pautado para 2025, aún no ocurre.
Adicionalmente, el Sistema de Humedales Remanentes del Delta figura entre los lugares proyectados para 2030-2050.
Por ello, el indígena Pesado y el biólogo Rivas subrayaron la importancia del agua en el proyecto.
“Falta más agua, todo está seco. Sin agua no hay río”, sentenció el apicultor cucapá.
Mientras, Rivas señaló que los retos son dinero para sanear los ecosistemas y su mantenimiento, así como la obtención de agua.
ED: EG


