GINEBRA – Funcionarios del sistema de Naciones Unidas condenaron este martes 17 el ataque a un centro de rehabilitación en Afganistán, atribuido al vecino Pakistán, que dejó al menos 400 muertos y 250 heridos, según las autoridades afganas.
“Un ataque perpetrado durante la noche (del lunes 16) contra el centro de rehabilitación de drogas Omid en Kabul, causó la muerte de más de 400 personas e hirió al menos a 250 que estaban recibiendo tratamiento”, declaró el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus
Por su parte, Thameen al Jeetan, portavoz de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) dijo que los testigos han descrito “una escena de destrucción total” en el lugar, con centenares de personas buscando a sus familiares.
“Según el derecho internacional humanitario, los civiles y los bienes de carácter civil están estrictamente protegidos”, afirmó Al Jeetan, y resaltó que “las leyes de la guerra establecen claramente que cualquier ataque debe cumplir con los principios fundamentales de distinción, proporcionalidad y precauciones”.
El derecho internacional humanitario “prevé protecciones específicas y reforzadas para los centros médicos”, abundó el portavoz.
Tedros dijo que el recrudecimiento de las hostilidades entre Islamabad y los talibanes que gobiernan en Kabul “ha provocado que al menos seis centros sanitarios se hayan visto afectados en Afganistán desde finales de febrero”.
“Insto a todas las partes a reducir la tensión y dar prioridad a la paz y la salud. La paz es la mejor medicina”, expresó Tedros.
También el relator especial de la ONU para Afganistán, Richard Bennett, condenó el bombardeo e instó a las partes a desescalar, ejercer la máxima moderación y respetar el derecho internacional, “incluida la protección de los civiles y de los bienes de carácter civil, como los hospitales”.
Pakistán negó que hubiese atacado el complejo – que atendía para rehabilitación hasta 2000 personas-, aunque admitió que ha “bombardeado con precisión” instalaciones militares e “infraestructura de apoyo a los terroristas” en Kabul y en la oriental y fronteriza provincia de Nangarhar.
El Ministerio de Sanidad de Afganistán ha señalado que no existen instalaciones militares cerca del centro atacado. El complejo Omid fue antiguamente una base estadounidense -con presencia militar entre 2001 y 2021- pero ya desde 2016 se había convertido en un centro de rehabilitación.
El conflicto entre talibanes afganos y fuerzas de Pakistán se ha incrementado desde el pasado octubre con enfrentamientos armados a ambos lados de la extensa frontera, y han causado la muerte de centenares de civiles, soldados y policías, sobre todo en la provincia fronteriza pakistaní de Jiber Pajtunjuá.
Allí actúa contra la autoridad de Pakistán un grupo yihadista, Tehrik-i-Taliban Pakistan, de talibanes pakistaníes, que según Islamabad se atrinchera en territorio afgano sin que el país vecino actúe para contenerlo, mientras que Kabul sostiene que se trata de un problema interno pakistaní.
Las agencias de las Naciones Unidas indican que desde que se intensificaron las hostilidades a finales del mes pasado, varios cientos de civiles afganos, entre ellos 104 niños y 59 mujeres, han muerto o resultado heridos, y decenas de miles de personas han sido desplazadas por los combates.
En Pakistán también centenares de familias se han visto obligadas a huir de sus hogares y las escuelas han cerrado. Existen además diferencias políticas notables entre las autoridades civiles y policiales de Jiber Pajtunjwa y el poder central en Islamabad, incluido el tratamiento del conflicto con Afganistán.
Pakistán también ejerce presión sobre Afganistán por otros medios, como sanciones económicas y comerciales, cierre de fronteras, expulsión de refugiados y exigencia de visa a afganos que quieran permanecer en territorio pakistaní.
A-E/HM


