PARÍS – Uno de cada seis niños en edad escolar en todo el mundo está fuera del sistema educativo, y solo dos de cada tres estudiantes terminan la educación secundaria, mostró un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) presentado este miércoles 25.
El número de niños, niñas y jóvenes que no asisten a la escuela ha aumentado en el mundo por séptimo año consecutivo y ya alcanza los 273 millones, a causa del crecimiento demográfico, las crisis y los recortes presupuestarios, concluye el “Informe de seguimiento de la educación en el mundo 2026”.
El director general de la Unesco, Jaled El-Enany, dijo que “este informe confirma una tendencia alarmante, cada año hay más niños y niñas en el mundo que no pueden acceder a la educación”.
“Sin embargo, hay esperanza. Desde el año 2000, la tasa de matriculación en la enseñanza primaria y secundaria ha aumentado globalmente un 30 %, y muchos países están logrando avances significativos”, matizó.
El informe muestra que el avance en la escolarización infantil se ha ralentizado en casi todas las regiones desde 2015, con una marcada desaceleración en África subsahariana, atribuida principalmente al crecimiento demográfico.
Las distintas crisis, y los conflictos, también han afectado negativamente al progreso: 17 % de la población infantil del mundo vive en zonas afectadas por conflictos, lo que supone millones adicionales de niños y niñas sin escolarizar que no figuran en las estadísticas.
Esta realidad es particularmente apremiante hoy en día en Oriente Medio, donde las tensiones regionales actuales han forzado el cierre de muchas escuelas, dejando a millones de escolares fuera de las aulas y en riesgo de retraso escolar.
A pesar de los desafíos, el informe documenta logros significativos en la educación mundial en los últimos años.
Algunos países han reducido en 80 % o más las tasas de no escolarización desde el año 2000, como Madagascar y Togo en población infantil, Marruecos y Viet Nam en adolescentes, y Georgia y Turquía en jóvenes. En el mismo período, Costa de Marifil redujo a la mitad sus tasas de no escolarización en los tres grupos de edad.
Con más de 1400 millones de estudiantes en 2024, la matrícula mundial aumentó en 327 millones, 30 %, en la enseñanza primaria, 45 % en preescolar y 161 % en la educación postsecundaria desde el año 2000. Significa que, cada minuto, más de 25 nuevos estudiantes se suman a la escolarización.
Por ejemplo, la tasa de matriculación en la enseñanza primaria en Etiopía pasó de 18 % en 1974 a 84 % en 2024, y la expansión de China en el acceso a la enseñanza terciaria creció a una tasa sin precedentes, de siete por ciento en 1999 a más de 60 % en 2024.
En promedio, las disparidades de género en primaria y secundaria se han reducido considerablemente. Por ejemplo, las niñas de Nepal rápidamente han alcanzado a los niños -y en algunas áreas los han superado-, gracias a reformas sostenidas en materia de igualdad de género.
Y no solo hay más niños y niñas que acceden a la educación, también son cada vez más quienes la terminan: desde el año 2000, la tasa mundial de finalización ha aumentado de 77 a 88 % en la enseñanza primaria, de 60 a 78 % en secundaria inferior, y de 37 a 61 % en secundaria superior.
Sin embargo, al ritmo actual de expansión, el mundo no alcanzará el 95 % de finalización de la secundaria superior hasta 2105.
El informe también destaca un compromiso mundial creciente en términos de inclusión.
Desde el año 2000, muestra que la proporción de países con leyes de educación inclusiva ha pasado de uno a 24 %, mientras que los que estipulan en su legislación que los niños y niñas con discapacidad deben recibir enseñanza en entornos educativos inclusivos han aumentado de 17 a 29 %.
La proporción de países que aplican distintos mecanismos de financiación —transferencias a gobiernos subnacionales, escuelas, estudiantes y hogares— para beneficiar a las poblaciones desfavorecidas en la educación primaria y secundaria se ha multiplicado por más de cuatro en los últimos 25 años.
A título de ejemplo, 76 % de los países tienen políticas para reasignar recursos en favor de escuelas desfavorecidas. No obstante, solo ocho por ciento de todos los países están aprovechando al máximo esos mecanismos para redistribuir los recursos educativos entre las poblaciones desfavorecidas.
Los esfuerzos realizados en el pasado para lograr una educación asequible han mejorado el acceso, pero han comprometido la calidad, y ello ha provocado un aumento de las tasas de abandono escolar.
Tampoco se han eliminado otros costos sustanciales que siguen siendo una barrera para las familias, como el transporte, la atención después de la escuela o los costos de las comidas.
El informe muestra que no existe una política única para solucionar la exclusión, y plantea que se deben elaborar políticas que aborden las realidades y los desafíos locales desde múltiples ángulos y basadas en la experiencia.
En 14 países africanos, convertir la educación en obligatoria, además de gratuita, supuso más de un año adicional de escolarización. Y con la adopción de leyes sobre trabajo infantil, los logros son aún mayores.
Las políticas exitosas también deben incluir factores ajenos a la educación. Por ejemplo, en Camboya, el simple hecho de la electrificación se ha traducido en casi un año adicional completo de escolarización.
Se ha demostrado que los programas de alimentación escolar suman hasta medio año más de aprendizaje por cada 100 dólares gastados en países con ingresos bajos y medios. Y cuando las familias reciben ayudas económicas directas ligadas a la asistencia escolar, la probabilidad de matriculación crece 36 %.
La Unesco, dijo finalmente El-Enany, “sigue plenamente movilizada para colaborar con gobiernos y socios a fin de ampliar el acceso al aprendizaje para toda la población infantil, de forma acorde con las realidades locales y ofrecer a cada estudiante una oportunidad equitativa de construir su futuro”.
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