LA HABANA – La nueva orden ejecutiva del presidente estadounidense Donald Trump aterrizó sus amenazas previas de restringir, aún más, la importación de petróleo de Cuba y sus posibilidades de sortear su honda crisis energética.
“Ahora somos una amenaza para el país más poderoso del mundo. En fin, solo puedo aguantar por mi cuenta, como siempre he hecho. No creo que el gobierno (cubano) vaya a flaquear, ni que la comunidad internacional vaya a arriesgarse a sufrir aranceles”, dijo la habanera Rocío Leyva, vendedora en un comercio privado.
Firmada el 29 de enero, la medida titulada “Haciendo frente a las amenazas del Gobierno de Cuba a Estados Unidos” declara una “emergencia nacional” respecto a Cuba y anuncia la imposición de aranceles a los países que proporcionen petróleo a la isla, por ser “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos.
“Parece que no podrá sobrevivir. Cuba no podrá sobrevivir”, declaró Trump a los periodistas la noche de ese mismo jueves, durante el estreno del documental “Melania”, sobre el papel de su esposa en los días previos a su investidura en enero de 2025.
El ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, condenó enérgicamente la acción, catalogándola de “nueva escalada de Estados Unidos contra Cuba”. En su cuenta de X, Rodríguez desestimó las acusaciones de Trump como “una larga lista de mentiras (…) que pretenden presentar a Cuba como una amenaza que no es”.
Desde el 4 de enero, un día después del ataque militar en el que Estados Unidos secuestró al presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores –donde murieron 32 militares cubanos–, Trump ha estado insistiendo en que el gobierno de la isla caería, tras más de 60 años resistiendo bajo el bloqueo de sus predecesores.
En su red Truth Social, escribió el día 11 que “no habrá más petróleo ni dinero para Cuba” de Venezuela, a menos que la isla llegara a un acuerdo con su país.
“Ayer estuve seis horas en la fila para echarle gasolina al tanque. Ya hoy cuando pasé, la fila era tres veces más larga”: Mario Fernández.
La nueva orden ejecutiva dictamina que podría ser modificada si Cuba o los países afectados “emprenden pasos significativos para abordar la amenaza o alinearse con los objetivos de seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos”.
El sábado 31, el propio Trump anunció a los medios, durante un viaje a Florida, que el diálogo con los líderes cubanos ya estaba comenzando.
“Pienso que vamos a trabajar en un acuerdo con Cuba. Vamos a ser amables. Ellos no tienen dinero, no tienen petróleo”, dijo.
El vicecanciller cubano Carlos Fernández de Cossío, por su parte, dijo el lunes 2, en una entrevista con la agencia Associated Press, que hasta ahora las únicas conversaciones con Estados Unidos solo eran las habituales –migración y drogas, esencialmente– en el marco de las relaciones diplomáticas bilaterales.
“Si me preguntan si hoy tenemos una mesa de diálogo, no la tenemos”, indicó Fernández de Cossío.
No obstante, reiteró que Cuba está dispuesta “a mantener ese diálogo informal con los Estados Unidos” para discutir “las diferencias”, respetando el modelo político de la isla.

El fondo del barril
La amenaza de los aranceles apunta en gran medida a México, que se había convertido en el principal proveedor de crudo tras la paralización de los envíos desde Venezuela.
Sin embargo, el 9 de enero, cuando el buque petrolero Ocean Mariner llegó a la refinería Ñico López en La Habana con un cargamento de 80 000 barriles de petróleo desde México, fue el último registro de una embarcación enviada por la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) a la isla.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha argumentado que los cargamentos de petróleo que envía su gobierno son tanto por concepto de ayuda humanitaria, como contractuales entre la petrolera estatal y el gobierno cubano.
México entregaba 17 200 barriles diarios (bd) de los 100 000 que constituyen la demanda nacional de Cuba, según estimaciones de Jorge Piñón, director del Programa de Energía para América Latina y el Caribe de la estadounidense Universidad de Texas, a partir de los datos de la cubana Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).
De esos 100 000, la isla solo extrae 40 000 bd, que se destinan a las plantas termoeléctricas. El resto prácticamente solo se importaba de Venezuela, México, Rusia –que envió su último buque en octubre– y Argelia, que lo hizo en febrero de 2025, según la revista británica Financial Times.
Cuba sufre crecientes apagones, programados o no, por un déficit en la generación eléctrica superior a la mitad de la demanda nacional, con repercusiones en el bombeo de agua a la población, entre otros muchos perjuicios.
Tras la orden ejecutiva de Trump, una presionada Sheinbaum dijo el viernes 30 que su gobierno buscará “la manera, sin poner en riesgo a México, de buscar la solidaridad con el pueblo cubano”.
El domingo 1 anunció el envío de ayuda humanitaria a Cuba en alimentos y otros productos esta semana, y reafirmó que su nación trabaja por vías diplomáticas para suministrar combustible a la isla.
Mientras, en las estaciones de servicio de La Habana se han extendido las largas filas de automóviles. El combustible escasea rápidamente, aun cuando solo suele encontrarse en cadenas de gasolineras que venden directamente en dólares –a 1,30 el litro– o en el mercado negro, en el equivalente a dos dólares el litro.
“Ayer estuve seis horas en la fila para echarle gasolina al tanque. Ya hoy cuando pasé, la fila era tres veces más larga”, dijo a IPS el fotógrafo Mario Fernández, residente en La Habana.
La tercera opción, para comprar combustible en pesos y de manera formal, depende de una aplicación digital que marca cuando le llega a cada residente el turno de ir a la gasolinera, pero Fernández se encuentra alrededor del puesto 3000 de la lista.
“Pueden pasar meses para que a uno le toque”, dijo.

¿Vale la pena el precio?
Con este nuevo recrudecimiento de la presión hacia Cuba, políticos cubanoamericanos en el legislativo Congreso estadounidense han pedido el apoyo de su comunidad.
El mismo jueves 29, por ejemplo, la congresista María Elvira Salazar, republicana por Florida, escribió en X que “este es el momento de detenerlo todo: no más turismo, no más remesas” y que el sufrimiento de las madres y los niños es un precio que vale la pena pagar por un cambio de régimen en Cuba.
“Ese es precisamente el brutal dilema al que nos enfrentamos como exiliados: aliviar el sufrimiento a corto plazo o liberar a Cuba para siempre”, escribió.
Otro congresista cubanoamericano, Mario Díaz-Balart, también celebró la medida y dijo estar seguro de que “Donald Trump será el libertador del hemisferio occidental”.
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Sin embargo, entre las reacciones de quienes apoyan la orden de Trump, casi han sido ignorados dos de los puntos que, según el documento, caracterizan a Cuba como una supuesta amenaza para Estados Unidos: la existencia de bases de inteligencia rusas y el refugio a miembros de grupos terroristas islamistas como Hezbolá y Hamás.
El Ministerio de Relaciones Exteriores dijo el domingo 1 en una declaración oficial que Cuba “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas” ni “alberga bases militares o de inteligencia extranjeras” así como niega “ser una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos”.
“¿Qué se busca? Se busca un genocidio… y, de materializarse por los aranceles, el efecto sería paralizar la generación eléctrica, el transporte, la producción industrial, la producción agrícola, la disponibilidad de los servicios de salud, el abasto de agua… en resumen, todas las esferas de la vida”, sostuvo en televisión nacional, el jueves 29, el director de la agencia informativa estatal Prensa Latina, Jorge Legañoa.
ED: EG


