PARÍS – Un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), divulgado este lunes 23, reveló importantes lagunas en la comprensión de cómo los océanos absorben y almacenan el carbono, dato clave para la predicción climática.
“El océano es uno de nuestros mayores aliados climáticos, absorbe una gran parte del carbono que emitimos. Sin embargo, todavía nos falta tener una comprensión completa de cómo funciona esta defensa natural o de cuánto tiempo puede durar”, indicó Jaled El-Enany, director general de la Unesco.
Esa marcada incertidumbre sobre el mayor sumidero de carbono del planeta compromete la fiabilidad de las predicciones climáticas actuales y merma la capacidad para desarrollar estrategias efectivas de mitigación y adaptación en las próximas décadas, de acuerdo con el informe.
La mitigación son las acciones, políticas y tecnologías destinadas a reducir o limitar la emisión de gases de efecto invernadero, entre los que el dióxido de carbono (CO2) es el mayor contribuyente al calentamiento planetario, y potenciar sus sumideros (bosques, océanos) para frenar el cambio climático.
La adaptación comprende las conductas, estructuras o funciones para ajustarse a nuevas condiciones ambientales, sociales o funcionales ante cambios en el clima.
Aunque se estima que el océano almacena alrededor de 25 % de las emisiones globales de CO2, el “Informe integrado de investigación sobre el carbono oceánico” de la Unesco revela que los modelos científicos difieren ampliamente en la estimación de la cantidad de carbono que absorbe el océano.
Las discrepancias oscilan entre 10 y 20 % a nivel mundial e incluso mayores en ciertas regiones, apunta el reporte.
Esas diferencias se deben a la limitada disponibilidad de datos a largo plazo y a las deficiencias en la comprensión de cómo responden los procesos clave al cambio climático.
Las deficiencias surgen al cuantificar cómo influyen los cambios en el calentamiento y la dinámica del océano en la absorción de carbono; de qué modo los cambios en el plancton y la vida microbiana afectan al almacenamiento a largo plazo, y cómo se intercambia el carbono con la atmósfera en las regiones costeras y polares.
También las actividades industriales actuales y los riesgos asociados con la ingeniería climática en el futuro pueden alterar la capacidad natural del océano para absorber carbono.
Lo apuntado anteriormente “indica que estamos tomando decisiones climáticas sin saber cómo se comportará el océano”, señala el estudio conducido por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco y que recoge trabajos de 72 autores de 23 países.
Si el océano absorbe menos carbono en el futuro, habrá más CO₂ en la atmósfera y se acelerará el calentamiento global. Eso tendría un impacto directo en los futuros objetivos de emisiones y en los planes climáticos nacionales.
Esos planes hacen parte del Acuerdo de París de 2015, con el que la casi totalidad de los países se comprometieron a reducir las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero de modo que hacia 20250 la temperatura media global no aumente más de 1,5 grados centígrados sobre el promedio de la era preindustrial (1850-1900).
La gran incertidumbre sobre la absorción de carbono por parte del océano también complica la planificación de la adaptación, especialmente para las comunidades costeras que ya son vulnerables a las tormentas, al aumento del nivel del mar y al calentamiento de las aguas.
Las decisiones sobre posibles estrategias de eliminación de carbono y las intervenciones climáticas basadas en el océano también deben construirse sobre pruebas científicas más sólidas, apunta el informe.
Más allá de identificar las necesidades de investigación, el informe también establece una hoja de ruta coordinada para mejorar el seguimiento, la modelización y la cooperación internacional a fin de que la ciencia del carbono oceánico contribuya de forma más directa en la formulación de políticas climáticas.
Para paliar carencias de conocimiento, el informe sugiere un sistema global de observación del carbono oceánico que combine satélites, plataformas autónomas y mediciones sostenidas desde la superficie hasta las profundidades del océano.
Asimismo, la mejora de los modelos oceánicos y climáticos también debe incluir un mayor desarrollo de la capacidad en las regiones subrepresentadas para garantizar una cobertura de seguimiento verdaderamente global.
El informe reitera que “la reducción de las emisiones de carbono sigue siendo la única solución a largo plazo para proteger el océano y el clima”, y “por ello es esencial y urgente hacer un seguimiento coordinado de la absorción de carbono en el océano”, afirmó El-Enany.
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