Del dolor a las armas: mujeres pasan a participar en conflicto de Baluchistán

Mujeres baluchís protestan por el secuestro de sus familiares frente al Club de Prensa Lasbela en Hub Chowki, una loalidad de la provincia paquistaní de Baluchistán, el 24 de enero de 2026. Imagen: Cortesía de Fozia Shashani

KARACHI, Pakistán – Fozia Shashani, de 26 años y miembro del Comité de Unidad Balochí, cuenta que le «dolió muchísimo» escuchar informes de que dos mujeres baluchís —Hawa Baloch, de 20, y Asifa Mengal, de 24— habían participado en combates activos como atacantes suicidas en la región paquistaní de Baluchistán.

Añade que ese camino contrastaba completamente con su convicción de la resistencia pacífica. Sin embargo, dice, decisiones tan extremas eran el resultado de un Estado que le había «fallado a su pueblo».

Sus comentarios se producen tras una serie de atentados coordinados con armas de fuego y bombas el 31 de enero en Baluchistán, una región rica en minerales, durante los cuales los atacantes irrumpieron en instalaciones de seguridad, incendiaron edificios gubernamentales y saquearon bancos.

El Ejército de Liberación Baluchí (BLA), un grupo separatista, se atribuyó los ataques, que se cobraron la vida de 31 civiles, incluidas cinco mujeres, y 17 miembros del personal de seguridad. La sección de medios del ejército informó de la muerte de 145 militantes en un tiroteo que duró 40 horas.

Según el Informe de Seguridad de Pakistán 2025 del Instituto de Estudios para la Paz de Pakistán, la violencia de milicias armadas se disparó a nivel nacional con 699 ataques, un incremento de 34 % con respecto a 2024.

Esta escalada fue más pronunciada en la región suroccidental de Baluchistán, donde se registraron 254 ataques, con 419 muertos y 607 heridos, frente a las 322 muertes de 2024 en la provincia.

Un video de Hawa, quien se unió a la Brigada Majeed del BLA (el escuadrón suicida), la muestra mirando directamente a la cámara y diciendo entre risas: «Pakistán no puede enfrentarnos», «Hoy es un día de alegría» y «La guerra es divertida». Tomado antes del ataque, el video denota una persona desafiante e intrépida.

Si bien antes era poco común, el reclutamiento de mujeres baluchis por parte de grupos separatistas ahora es más común, según el analista de seguridad Muhammad Amir Rana, director del Instituto de Estudios para la Paz de Pakistán (PIPS, en inglés).

Una docena de mujeres ya han muerto en atentados suicidas en los últimos cuatro años.

Rana lo relaciona con el aumento de las desapariciones forzadas, una realidad que, según él, «ha empujado a algunas mujeres a la resistencia armada».

A pesar de que miles de personas han desaparecido o asesinado, cada vez más jóvenes, incluidas mujeres, se unen a la resistencia.

La carretera que conduce al Club de Prensa de Karachi, donde la Fundación Aurat ofrecía una conferencia de prensa el 4 de diciembre de 2025 contra el secuestro de Nasreen y Mahjabeen Baloch, fue bloqueada por la policía. Imagen: Zofeen. Ebrahim / IPS

Según Amnistía Internacional, las desapariciones forzadas en Pakistán comenzaron en la década de los años 80 del siglo pasado, pero aumentaron tras 2001, cundo Estados Unidos pasó a encabezar la «guerra contra el terrorismo» en la región.

Desde 2011, la Comisión de Investigación sobre Desapariciones Forzadas de Pakistán ha registrado más de 10 000 casos, de los cuales 3485 ocurrieron en la provincia de Jaiber Pastunjuá y 2752 en Baluchistán. Las cifras de organizaciones de derechos humanos y de las familias de los desaparecidos sugieren una cifra mucho mayor.

Sin embargo, no todos se han visto obligados a unirse a la militancia debido a una tragedia personal.

Shari Baloch, de 32 años, madre de dos hijos y maestra de escuela sin antecedentes conocidos de represión, se convirtió en la primera mujer baluchí en perpetrar un atentado suicida en 2022 cerca del Instituto Confucio de la Universidad de Karachi, matando a tres ciudadanos chinos y a su chófer paquistaní.

El BLA la aclamó como una figura de confianza, una «mártir» de la nación baluchi. El BLA afirmó que animaría a otras mujeres baluchi a seguir los pasos de Shari, una afirmación que se ha confirmado.

Si bien las mujeres baluchis pueden haber entrado tarde en la lucha armada, las mujeres han participado durante mucho tiempo en conflictos en todo el mundo. Sin embargo, Sanaullah Baloch, política de Baluchistán, señaló que fueron las mujeres kurdas que luchan contra el Estado Islámico o Daesh quienes inspiraron a las  baluchís a unirse a los hombres en la lucha.

Esta creciente visibilidad de las mujeres en roles militantes, según los analistas, refleja más que una inspiración simbólica.

Iftikhar Firdous, fundadora y editora ejecutiva de The Khorasan Diary, afirmó que el papel de las combatientes en los recientes ataques en Baluchistán indica un «cambio estratégico e ideológico más profundo» que podría requerir una mirada a los movimientos de resistencia desde una perspectiva nueva y con mayor perspectiva de género.

El despliegue de mujeres en primera línea demuestra el intento del grupo de personificar la lucha como una lucha integral, considerando los diferentes grupos de edad involucrados. También crea un desafío adicional, ya que la clasificación tradicional ya no funciona e incluir a las mujeres en los controles de seguridad contradice las normas de una sociedad tribal, explicó.

Esto transmite diferentes mensajes a diferentes actores.

“Para los grupos militantes, las mujeres en primera línea transmiten un fuerte mensaje de sacrificio y resistencia, y para las fuerzas de seguridad, representan un desafío único durante los puestos de control, los registros y las operaciones de inteligencia, ya que hasta ahora se las consideraba menos amenazantes”, explicó Firdous a IPS.

Sin embargo, es en el ámbito social y psicológico donde las organizaciones militantes esperan lograr el impacto más duradero para asegurar un suministro constante de nuevos reclutas.

Este paso, según Sanaullah, un exsenador, se remonta a la historia de la resistencia baluchñí, hasta 1948.

“La conciencia política está profundamente arraigada entre los baluchís, incluidas las mujeres; desde una edad temprana, se ve moldeada por una cultura del discurso, la poesía, la música y la literatura que refleja sus agravios históricos”.

Para comprender la desilusión de dos décadas, dijo: “Hay que ser local para sentir realmente la humillación e intimidación que un baluchi enfrenta a diario en su propia tierra: frecuentes bloqueos de carreteras y controles de seguridad donde la policía y las fuerzas paramilitares detienen, interrogan y les piden identificación, incluso los insultan. Esto causa un impacto psicológico negativo”.

Recordando su época como joven senador en 2009, advirtió al estado que si los baluchís seguían sintiéndose marginados, sumidos en la pobreza y la depresión, la siguiente generación se convertiría en una generación militante. “Era la fórmula perfecta, y esto es exactamente lo que ocurrió”, afirmó.

Shashani se hizo eco de esta opinión.

“Cuando se pone a una nación contra las cuerdas, cuando vive con miedo constante, día tras día, las cicatrices psicológicas son profundas”, señaló, y añadió: “Antes eran nuestros padres y hermanos, pero ahora madres, hermanas e hijas, a veces menores de edad, son detenidas sin documentación y regresan traumatizadas y violadas.

«Aunque algunas fueron liberadas, no hubo reconocimiento oficial ni un proceso judicial. A otras les dijeron que las habían detenido ‘por error’ sin siquiera una disculpa. Simplemente sienten que somos una nación desechable, que puede ser tratada como les plazca».

Una misión de investigación, realizada entre el 9 y el 12 de julio de 2025 por la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Pakistán, declaró en su informe «La crisis de confianza en Baluchistán» que se ha producido un cambio en el patrón de desapariciones forzadas, pasando de la «detención prolongada en régimen de incomunicación» al enfoque de «matar y abandonar».

Políticos destacados, entre ellos el ex primer ministro y líder del Partido Nacional,  Abdul Malik Baloch, y el líder del Partido Nacional de Baluchistán (BNP-M), Sardar Akhtar Mengal, informaron a la Comisión de Derechos Humanos que las personas detenidas, a menudo sin orden judicial, permanecieron retenidas durante meses antes de ser ejecutadas extrajudicialmente.

Un gráfico sobre las desapariciones forzadas en Pakistán durante 2025. Gráfico: BYC

Tras la reunión nacional en 2024 de grupos separatistas en la ciudad portuaria de Gwadar, en Baluchistán, se detuvo a un gran número de personas. El Informe Anual 2025 del Comité de Unidad de Baluchistán (BYC, en inglés), dedicado a estudiar la situación de los derechos humanos en Baluchistán registró 1223 desapariciones forzadas.

En el prólogo del informe, Sammi Deen Baloch, miembro de alto rango del comité,  afirmó: “El Departamento de Derechos Humanos de BYC llevó a cabo esta documentación con cuidado, verificación y persistencia, a pesar de los riesgos involucrados”.

El informe señaló que, si bien 348 personas fueron liberadas pronto, 832 siguen desaparecidas. Unas 43 fueron asesinadas en enfrentamientos simulados o sus cuerpos torturados y mutilados fueron encontrados tirados en la cuneta de las carreteras.

El informe atribuyó estas atrocidades a las fuerzas del orden y a los escuadrones de la muerte «apoyados por el Estado».

Shashani mencionó 18 casos de desapariciones forzadas de mujeres baluchis entre 2025 y enero de 2026, relatando sus historias una por una. «Mahjabeen, quien padece polio, fue secuestrada en Quetta, la capital de Baluchistán, y está desaparecida desde mayo», declaró.

Continuó poniendo rostro a cada nombre: Rahima, de Dalbandin; Hazra, secuestrada de Hub Chowki (en la frontera con Karachi, pero en Baluchistán), junto con su hijo, a pesar de que su esposo les rogó a los secuestradores que se lo llevaran; Hair Nisa, también de Hub Chowki; y Hani, madre de dos hijos, embarazada de ocho meses de su tercer hijo, detenida en diciembre y liberada un mes después, en enero de 2026.

Otras incluían a Nasreen, una menor de Hub Chowki, secuestrada en noviembre; Farzana, de Khuzdar, secuestrada en octubre; y Fátima, de Panjgur, cuyo esposo ya había sido secuestrado tres veces y quien fue secuestrada en enero de 2026 mientras cuidaba a un bebé pequeño.

Hizo una pausa, con la voz temblorosa. «Si quieren, puedo seguir contándoles la trágica historia de cada una de estas mujeres», dijo.

En su informe, el BYC describe estos secuestros como una herramienta de «castigo colectivo» contra las familias, con redadas, intimidación y restricciones de movimiento que generan miedo e infligen daño psicológico.

Otro fenómeno, según Shashani, es que tras cada ataque militante, aumenta el vertido de cadáveres baluchis. «Se dice al mundo que militantes murieron en los ataques, cuando sabemos, por el estado de los cadáveres, que estas personas no habían visto la luz del día en años».

Aunque se desconoce el número exacto de mujeres reclutadas, Rana tenía información y afirmó que muchas mujeres baluchis se habían inscrito, pero la escasez de plazas impidió que algunas fueran admitidas.

El periodista Zahid Hussain describió esta tendencia como un «desapego público» del Estado, argumentando que se necesita la negociación política, no la fuerza, para restablecer la confianza pública.

Sin embargo, Rana afirmó que una paz duradera no se puede lograr solo mediante el diálogo. Exigió analizar el conflicto de Baluchistán desde una perspectiva de economía política —que aborde las preguntas incómodas sobre quién se beneficia de los disturbios, quién controla recursos como la tierra, los minerales y los empleos, y cómo se vincula el poder estatal con los intereses económicos— y responderlas con honestidad.

También instó al desmantelamiento de los llamados escuadrones de la muerte, explicando que son un legado de la época colonial que, según se percibe, está vinculado a la aplicación de la ley. Tras describir la medida como difícil, enfatizó que era «un paso importante en la dirección correcta».

En este contexto, Rana argumentó que el Estado debe actuar antes de que la alienación se profundice aún más. «Debe interactuar con quienes protestan pacíficamente para que no sean reclutados», dijo.

Sin embargo, persiste el escepticismo. «Quieren que los disturbios continúen; quieren que personas como nosotros también nos volvamos violentos con el tiempo», dijo Shashani.

Pero el senador Sanaullah afirmó que aún hay tiempo para el cambio. «Si el Estado demuestra liderazgo, abandonando el lenguaje conflictivo y cumpliendo sus promesas, las cosas pueden mejorar, incluso si el pasado es irreversible». Por ahora, su propuesta de 2023 de establecer una comisión de la verdad y la reconciliación sigue sin ser atendida.

T: MLM / ED: EG

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