Los océanos alcanzan temperaturas récord, con grandes costes económicos y sociales

Dos pescadores faenan en su pequeña barca en Rincao, en el país insular de Cabo Verde, en las costas del océano Atlántico, en la costa occidental de África. Imagen: Mark Garten / ONU

NACIONES UNIDAS – En 2025, las temperaturas de los océanos alcanzaron algunos de los niveles más altos jamás registrados, lo que indica una acumulación continua de calor en el sistema climático de la Tierra y suscita una profunda preocupación entre los científicos climáticos.

El costo económico de los impactos relacionados con los océanos —incluido el colapso de la pesca, la degradación generalizada de los arrecifes de coral y los daños crecientes a la infraestructura costera— se estima ahora en casi el doble del costo global de las emisiones de carbono, lo que supone una enorme presión para las economías y pone en peligro millones de vidas.

El 14 de enero, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que las temperaturas globales han alcanzado máximos históricos en los últimos 11 años, y que el calentamiento de los océanos continúa a un ritmo alarmante.

A pesar de la influencia refrescante de La Niña, 2025 se convirtió en el tercer año más caluroso jamás registrado. Solo en el último año, las temperaturas oceánicas aumentaron en aproximadamente 23 ± 8 zettajulios, una cantidad de calor equivalente a unas 200 veces la generación total de electricidad del mundo en 2024.

Se estima que 90 % del exceso de calor del calentamiento global es absorbido por los océanos del mundo, por lo que el aumento de la temperatura de los océanos se ha convertido en uno de los indicadores más claros de la aceleración de la crisis climática, lo que conlleva riesgos profundos para los ecosistemas y la vida humana.

El océano es fundamental para la prosperidad mundial, ya que sustenta los medios de vida, las economías de mercado y el bienestar general de la humanidad.

«El calentamiento global es el calentamiento de los océanos», afirmó John Abraham, profesor de ciencias térmicas de la estadounidense Universidad de St. Thomas. «Si quieres saber cuánto se ha calentado la Tierra o a qué velocidad se calentará en el futuro, la respuesta está en los océanos», añadió.

Zeke Hausfather, climatólogo e investigador científico de la Universidad de California en Berkeley, describió el océano como «el termostato más fiable del planeta».

Según las cifras de la OMM, aproximadamente 33 % de la superficie total de los océanos de la Tierra se situó entre las tres condiciones más cálidas de la historia para los ecosistemas oceánicos, y aproximadamente 57 % se situó entre las cinco más cálidas, como el océano Atlántico tropical y meridional, el mar Mediterráneo, el océano Índico septentrional y los océanos meridionales.

El principal impacto de las emisiones de dióxido de carbono generadas por el ser humano en el océano es el rápido calentamiento de las aguas oceánicas, lo que reduce significativamente la capacidad del océano para retener oxígeno, un elemento vital para la supervivencia de las especies.

El aumento de las temperaturas también provoca la acidificación del océano, lo que debilita a los organismos marinos, altera los ecosistemas, modifica la fisiología de numerosas especies y provoca muertes masivas.

Estos efectos tienen consecuencias catastróficas para la biodiversidad, ya que provocan el blanqueamiento generalizado de los arrecifes de coral, el colapso de las praderas marinas y la disminución de los bosques de algas marinas, todo lo cual perjudica directamente los beneficios que los seres humanos obtienen de los entornos marinos saludables.

El aumento de la temperatura de los océanos también intensifica los fenómenos meteorológicos extremos y acelera la subida del nivel del mar, lo que a su vez aumenta las inundaciones costeras, la erosión y los desplazamientos, lo que pone en mayor riesgo a millones de personas, especialmente a las que viven en comunidades costeras de baja altitud.

Algunos beneficios derivados del océano, como los productos del mar y el transporte marítimo, se reflejan en los precios de mercado, pero muchos otros, como la protección costera, el ocio y la biodiversidad marina, siguen siendo ignorados y pasan a formar parte del «coste azul» social invisible de las emisiones de carbono.

Ello a a pesar de ser esenciales para la relación profundamente interconectada entre los océanos, las personas y los sistemas económicos.

«Si no ponemos un precio al daño que el cambio climático causa al océano, será invisible para los principales responsables de la toma de decisiones», afirmó el economista medioambiental Bernardo Bastien-Olvera, que dirigió un estudio del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de California, en la ciudad estadounidense de San Diego.

En esa investigación se examinó el coste social de las emisiones de carbono y el impacto económico de la degradación de los océanos.

«Hasta ahora, muchas de estas variables del océano no tenían un valor de mercado, por lo que no se han tenido en cuenta en los cálculos. Este estudio es el primero en asignar valores monetarios equivalentes a estos impactos oceánicos que se han pasado por alto», añadió Bastien-Olvera.

Según las conclusiones del estudio del Instituto Oceanográfico Scripps, tener en cuenta los impactos sociales de las emisiones de carbono relacionadas con los océanos casi duplica el coste global estimado, lo que demuestra que la degradación de los océanos es uno de los principales factores que provocan pérdidas económicas relacionadas con el clima.

Los investigadores descubrieron que, sin incluir los impactos oceánicos en su modelo, el coste medio por tonelada de dióxido de carbono era de aproximadamente 51 dólares estadounidenses.

Al tener en cuenta las pérdidas oceánicas, los costes totales aumentaron en 41,6 dólares por tonelada, alcanzando un total de 97,2 dólares, lo que supone un aumento de 91 %.

El Presupuesto Global de Carbono de la OMM estima que las emisiones globales de dióxido de carbono serán de aproximadamente 41 600 millones de toneladas en 2024.

Esto se traduce en casi dos billones (millones de millones) de dólares en pérdidas relacionadas con los océanos en un solo año, lo que actualmente no se tiene en cuenta en las evaluaciones estándar de los costes climáticos.

Además, el estudio reveló que los daños al mercado como resultado de la degradación de los océanos representan los mayores costos para la sociedad y podrían alcanzar pérdidas anuales globales de 1,66 billones de dólares en el año 2100.

Por otra parte, los daños en valores de no uso, como los beneficios recreativos que proporcionan los ecosistemas oceánicos, ascienden ahora a unos 224 000 millones de dólares anuales, mientras que los valores no comerciales, incluidas las pérdidas nutricionales derivadas del colapso de la pesca, contribuyen con 182 000 millones de dólares adicionales en daños anuales.

Bastien-Olvera subrayó que muchas de estas pérdidas no son pérdidas de mercado tradicionales, sino pérdidas culturales y sociales, que tienen un significado diferente y, a menudo, más profundo para las comunidades afectadas.

«Cuando una industria emite una tonelada de dióxido de carbono a la atmósfera, como sociedad estamos pagando un coste. Una empresa puede utilizar esta cifra para realizar un análisis de coste-beneficio: ¿cuál es el daño que causará a la sociedad al aumentar sus emisiones?», preguntó Bastien-Olvera.

En respuesta al rápido calentamiento de los océanos de la Tierra, los gobiernos, las instituciones científicas y las organizaciones internacionales están movilizando nuevas estrategias para reducir las emisiones de carbono y proteger los ecosistemas marinos, entre ellas la ampliación de las infraestructuras de energía verde y el avance de los esfuerzos de restauración de ecosistemas a gran escala.

Las Organización de las Naciones Unidas (ONU) han renovado la presión sobre los Estados miembros para que cumplan los compromisos del Acuerdo de París sobre cambio climático, mientras que iniciativas como el Sistema Mundial de Observación de los Océanos (Goos, en inglés) y el Tratado de Alta Mar trabajan para reforzar la vigilancia de los océanos y proteger la biodiversidad marina.

Los científicos también están probando métodos emergentes para contrarrestar los cambios en los océanos provocados por el clima.

A finales de 2025, el científico marino Adam Subhas y su equipo vertieron 16 200 galones de hidróxido de sodio en el océano en un esfuerzo por neutralizar los crecientes niveles de acidez.

Aunque controvertido y aún en fase inicial de desarrollo, el experimento refleja un creciente interés por explorar herramientas no tradicionales que puedan estabilizar los ecosistemas marinos.

«Mientras el calor de la Tierra siga aumentando, el contenido de calor de los océanos seguirá incrementandose y los récords seguirán cayendo», planteó Abraham.

Sentenció que «la mayor incertidumbre climática es lo que decidan hacer los seres humanos. Juntos, podemos reducir las emisiones y ayudar a salvaguardar un clima futuro en el que los seres humanos puedan prosperar».

T: MF / ED: EG

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe

Lo más leído

[wpp heading='Popular Posts' limit=6 range='last24hours' post_type='post' stats_views=0 ]