WASHINGTON – El crecimiento de la economía de América Latina y el Caribe será de 2,2 por ciento este año, una décima menos que la previsión del pasado octubre y por debajo del promedio de las economías emergentes, indicó este lunes 19 en un informe de perspectivas el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La cifra muestra una merma respecto al crecimiento -ya de por sí bajo- de 2,4 % en 2024 y 2025, aunque el FMI espera un repunte de hasta 2,7 % en el año 2027.
El Fondo ha atribuido el débil crecimiento de la región a la baja productividad y a la inversión limitada en medio de condiciones financieras más restrictivas, a lo que se suma el impacto de la desaceleración del comercio mundial.
También influye la menor capacidad de la región para beneficiarse del auge de la inversión tecnológica, que impulsa el crecimiento en las economías avanzadas.
Sus apreciaciones se aproximan a las del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (Desa) de las Naciones Unidas, según el cual la región presentará una ligera reducción de su crecimiento, que pasaría de 2,4 % en 2025 a 2,3 % en 2026, antes de repuntar hasta 2,5 % en 2027.
También con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), según la cual la región cerró 2025 con un crecimiento de 2,4 % y en 2026 seguirá con cifras bajas, 2,3 %, por cuarto año consecutivo.
En su actualización de este lunes 19, el Fondo entregó estimados nacionales para la región solo en los casos de Argentina, Brasil y México.
Argentina recogió las mejores calificaciones, pues luego de la contracción de 2024 (-1,3 %) el año pasado subió 4,5 % y mantendrá un ritmo de cuatro por ciento en los años 2026 y 2027.
Brasil se desacelerará a 1,6 % en 2026, después de avanzar con 3,4 y 2,5 % en los dos años precedentes, aunque volvería a recuperarse (2,3 %) en 2027.
El menor dinamismo obedecería a condiciones financieras internas más duras, cierta moderación del consumo y una política fiscal menos expansiva. En el lado positivo, los fundamentos macroeconómicos de Brasil son sólidos, lo que reduce riesgos de inestabilidad.
Con respecto a México, se proyecta un avance desde el 1,4 % de crecimiento en 2024 y 0,6 % el año pasado hasta 1,5 % en 2026 y 2,1 % en 2027, apoyándose en la reconfiguración de las cadenas de suministro en América del Norte, pues la economía mexicana sigue estrechamente vinculada a la de Estados Unidos.
Para el conjunto de la economía mundial, el FMI proyecta que el crecimiento se mantenga resiliente en niveles de 3,3 % en 2026 y 3,2 % en 2027, es decir, tasas similares al resultado estimado de 3,3% en 2025.
Entre las economías avanzadas, los mejores números corresponden a Estados Unidos (2,4 % de crecimiento en 2026) y España (2,3%). Entre las emergentes y en desarrollo, sobresalen India, con crecimiento estimado de 6,4 % en 2026, y China y Arabia Saudita, con 4,5 %.
Señala que “los vientos en contra derivados del cambio en las políticas comerciales” se ven contrarrestados por vientos a favor provenientes del aumento de la inversión relacionada con la tecnología, en particular con la inteligencia artificial (IA), más notable en América del Norte y en Asia que en otras regiones.
Suma el apoyo fiscal y monetario, condiciones financieras en general acomodaticias y la adaptabilidad del sector privado.
Prevé que el nivel general de inflación mundial descienda del 4,1 % estimado en 2025 hasta 3,8 % en 2026 y 3,4 % en 2027.
Entre los temores del Fondo está que las expectativas acerca del aumento de la productividad relacionado con la IA podría dar lugar a un declive en la inversión y desencadenar una corrección brusca en el mercado financiero, lo que se extendería del sector de la IA a otros segmentos y mermaría la riqueza de los hogares.
Las tensiones comerciales podrían exacerbarse, lo cual prolongaría la incertidumbre y lastraría más la actividad. Y podrían surgir tensiones políticas internas o geopolíticas, que introducirían nuevas aristas de incertidumbre y alterarían la economía mundial.
Considera que una disipación sostenida de las tensiones comerciales contribuirá al crecimiento, y recomienda reponer los márgenes de maniobra fiscal, preservar la estabilidad financiera y de los precios, reducir la incertidumbre, y ejecutar reformas estructurales sin más demora en las distintas economías.
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