Aumentan las necesidades en Myanmar tras el terremoto

Equipos chinos llevan a cabo operaciones de rescate de víctimas tras el terremoto que asoló a Myanmar, y también a Tailandia. Las agencias de la ONU subrayan que el país ya afrontaba una situación crítica desde el golpe militar de 2021, y multiplicaron sus llamados de financiación y ayuda para poder prestar auxilio a millones de personas sin electricidad, agua potable, alimentos, medicinas o refugio. Imagen: SMG International

GINEBRA – Una grave escasez de agua potable, alimentos y suministros médicos padecen los sobrevivientes del terremoto del 28 de marzo en Myanmar, mientras aumenta la cifra de muertos, ya cercana a los 3000, según indicaban, este martes 1°, reportes del gobierno y de agencias de las Naciones Unidas.

“Comunidades enteras han sido arrasadas, con niños y familias durmiendo a la intemperie sin hogares a los cuales regresar”, dijo a periodistas desde la ciudad de Yangón, en Myanmar, la representante adjunta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Julia Rees.

Para los equipos de ayuda que han llegado principalmente desde Bangladés, China, India, Rusia y Tailandia “las condiciones siguen siendo extremadamente difíciles, ya que trabajan sin electricidad ni saneamiento, durmiendo a la intemperie, como las comunidades a las que servimos”, dijo agregó Rees.

El sismo de 7,7 grados de magnitud que sacudió a Myanmar (también conocido por su antiguo nombre de Birmania) y a la vecina Tailandia provocó ya 2719 muertos, 4521 heridos y hay al menos 440 desaparecidos, según el gobierno militar birmano.

En Tailandia la ciudad más afectada fue su capital, Bangkok, con 21 muertos. Otras 70 persona aún deben estar atrapadas en edificios o en sus escombros.

Las réplicas del sismo han continuado en el centro de Myanmar, un país de 676 000 kilómetros cuadrados y 55 millones de habitantes, y allí intensifican sus esfuerzos los equipos de búsqueda y rescate, según indicó la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (Ocha).

El máximo responsable humanitario de la ONU sobre el terreno, Marcoluigi Corsi, destacó que, mientras se estrecha el marco crítico para encontrar supervivientes bajo los escombros, “la gente tiene miedo de entrar a sus casas, por las réplicas, y sin electricidad ni agua corriente mientras se lucha contra el calor del verano”.

Más de dos millones de personas en áreas del centro del país encaran necesidades urgentes de agua potable, higiene, refugio, alimentos y medicamentos, según la Ocha.

Se reporta una grave escasez de suministros médicos, incluidos kits de traumatología, bolsas de sangre, anestésicos, dispositivos de asistencia, medicamentos esenciales y tiendas de campaña para los trabajadores sanitarios.

Los reportes hasta la fecha daban cuenta de que la respuesta humanitaria ha recibido 56 millones de dólares, solo cinco por ciento de necesidades cifradas en 1100 millones de dólares.

Se informó que la ONU dispuso de 15 millones de dólares de su fondo de emergencia para las tareas de auxilio. El Banco Asiático de Desarrollo puso a disposición otros tres millones de dólares.

Las agencias de la ONU piden actuar urgentemente para auxiliar a las poblaciones de Myanmar antes de la próxima temporada de monzones, que corre el riesgo de empeorar la crisis.

Incluso antes de este desastre, Myanmar se enfrentaba a una abrumadora crisis humanitaria, con casi 20 millones de personas necesitadas debido a conflictos y desastres climáticos, incluidas las recientes inundaciones graves. Unos 15 millones de personas pasaban hambre, según estimados de la ONU.

La grave situación sanitaria no es la única crisis a la que se enfrenta la población de Myanmar. El portavoz de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), Babar Baloch, dijo que el país “se tambalea” tras cuatro años de conflicto desencadenado por un golpe militar en 2021.

Al golpe y la prisión de miles de opositores siguieron protestas, fuertemente reprimidas, y luego surgieron guerrillas, sobre todo entre las etnias minoritarias que habitan en las regiones fronterizas, generándose un denso clima de confrontación interna, que ha incluido feroces combates y bombardeos aéreos.

Baloch habló de “una doble tragedia” para el pueblo de Myanmar, destacando el hecho de que, incluso antes de que se produjera el devastador terremoto, todas las zonas afectadas acogían ya a 1,6 millones de personas desplazadas.

También la enviada especial de la ONU para Myanmar, Julie Bishop, dijo que “el terremoto ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades más profundas que enfrenta el pueblo de Myanmar, y ha subrayado la necesidad de que la comunidad internacional preste una atención sostenida a la crisis más amplia”.

Y en referencia al conflicto y el avance de las fuerzas opositoras en varias partes del país, dijo que “todas las partes deben permitir urgentemente espacio para la ayuda humanitaria, y garantizar que los trabajadores humanitarios puedan operar con seguridad”.

A-E/HM

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