Las crisis del agua amenazan la paz en el mundo

Mujeres en Chad recogen agua de un pozo en la árida región del Sahel. Un informe de la Unesco advierte sobre los riesgos de conflictos asociados con el acceso al agua y también señala que el estrés hídrico conlleva una mayor carga sobre las mujeres y las niñas. Imagen: Sarah Farhat / BM

PARÍS – Las tensiones relacionadas con el agua exacerban los conflictos a escala mundial y, para preservar la paz, los Estados deben fortalecer la cooperación y los acuerdos transfronterizos, señaló un reporte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Audrey Azoulay, directora general de la organización, destacó al presentar el reporte que “a medida que aumenta el estrés hídrico, también lo hace el riesgo de conflictos locales o regionales”.

“El mensaje de la Unesco es claro: si queremos preservar la paz, no solo debemos conservar mejor los recursos hídricos, sino también reforzar lo antes posible la cooperación regional y mundial en ese ámbito”, agregó Azoulay.

El informe recuerda que de los 8000 millones de habitantes que tiene el planeta, 2200 millones aún no disponen de suministros seguros de agua potable, y 3500 millones de personas no tienen acceso a servicios adecuados de saneamiento.

Por eso, el objetivo de las Naciones Unidas de lograr el acceso universal para el año 2030 parece distante, y se teme un aumento de las desigualdades en este ámbito.

Entre 2002 y 2021, las sequías afectaron a más de 1400 millones de personas.

En 2022, aproximadamente la mitad de la población mundial sufrió escasez severa de agua durante al menos una parte del año y una cuarta parte se enfrentó a niveles “extremadamente elevados” de estrés hídrico, al utilizar más de 80 % de su suministro total anual de agua potable renovable, dice el informe.

Se prevé que el cambio climático, con temperaturas promedio más elevadas en prácticamente todo el planeta, incremente aún más la frecuencia y la gravedad de esos fenómenos, con graves riesgos para la estabilidad social.

Señala el informe como primera consecuencia es el deterioro de las condiciones de vida de la población, con un aumento de la inseguridad alimentaria y los riesgos sanitarios.

La escasez de agua afecta al desarrollo social, especialmente de niñas y mujeres. En multitud de zonas rurales, ellas son las principales recolectoras de agua y dedican varias horas al día a esa tarea.

La disminución de los suministros de agua agrava esa carga y socava el acceso de niñas y mujeres a la educación, su participación en la vida económica y su seguridad. Del mismo modo, ahonda una brecha, pues puede contribuir a una mayor tasa de abandono escolar de las niñas con respecto a los niños.

La escasez de agua también es un factor importante en las migraciones. A su vez, estos desplazamientos de población pueden contribuir a la inseguridad hídrica en los territorios de acogida al ejercer una presión añadida en los sistemas y recursos de agua, avivando así las tensiones sociales.

Por ejemplo, un estudio realizado en Somalia indica que se ha producido un aumento de 200 % de la violencia de género contra personas desplazadas.

La falta de agua puede incrementar el riesgo de conflicto, y la Unesco coloca como ejemplo la situación del Sahel, la franja semiárida que atraviesa África desde el Atlántico hasta el mar Rojo y se interpone entre el desierto del Sahara, al norte, y la región de los bosques en el centro del continente.

En esa región la degradación de los humedales -a menudo provocada por proyectos inadecuados de desarrollo hídrico- exacerba tensiones relacionadas con el acceso al agua y a las tierras cultivables, provocando conflictos locales que se suman a las luchas armadas que invocan razones políticas, étnicas, económicas o religiosas.

También señala que aunque 40 % de la población mundial vive en cuencas fluviales y lacustres transfronterizas, solo una quinta parte de los países ha firmado acuerdos para gestionar conjuntamente y de forma equitativa estos recursos compartidos.

Muchas cuencas transfronterizas se encuentran en áreas afectadas por tensiones interestatales actuales o históricas.

En la región árabe, siete países tenían conflictos abiertos en 2021, algunos desde hace tiempo, con grandes repercusiones en el abastecimiento de agua, las infraestructuras y la posible cooperación en cuestiones relacionadas con el agua.

África sigue siendo especialmente vulnerable a las tensiones interestatales provocadas por el agua: 19 de los 22 Estados estudiados sufren escasez de agua, y dos terceras partes de los recursos hídricos son transfronterizos.

Además, de los 106 acuíferos transfronterizos cartografiados en África, solo se ha formalizado una cooperación interestatal en siete de ellos.

Sin embargo, varias regiones han logrado acuerdos de cooperación, como una herramienta para resolver disputas, ayudar al desarrollo, prevenir la aparición o el agravamiento de conflictos y mantener la paz.

Un ejemplo que trae el informe es el Plan Trifinio, que en las últimas cuatro décadas cubrió 7541 kilómetros cuadrados con bosques y aguas en la triple frontera de El Salvador, Guatemala y Honduras, alrededor del macizo de Montecristo, con 45 municipios y unos 700 000 habitantes.

Se le considera un caso exitoso de cooperación, con esfuerzos conjuntos para reducir la pobreza, desarrollar las economías mientras y adaptarse a desafíos de conservación y restauración de sistemas ambientales.

Uno de los principales logros ha sido la colocación de 970 kilómetros cuadrados como Reserva de la Biosfera Transfronteriza Trifinio Fraternidad, y durante casi cuatro décadas no se han presentado demandas internacionales en torno a las aguas transfronterizas, abordándose los temas como parte de agendas compartidas.

También menciona el informe el Acuerdo Marco sobre la Cuenca del río Sava, firmado en 2002 por Bosnia y Herzegovina, Croacia, Serbia y Eslovenia, al que se considera un elemento clave para la estabilidad en Europa sudoriental.

En África, seis países (Camerún, Chad, Libia, Níger, Nigeria y República Centroafricana) mantienen una comisión para garantizar el uso eficiente de las aguas del lago Chad y prevenir tensiones entre esos Estados y las comunidades locales en el manejo de la cuenca.

Eso a pesar de que la superficie del lago ha disminuido 90 % en 60 años (de 26 000 kilómetros cuadrados en 1960 a solo 900 en la actual década), lo que incide en los problemas económicos y de seguridad en esa región escenario de choques armados entre ejércitos nacionales y milicias que los desafían.

El informe concluye afirmando que esos ejemplos subrayan el hecho de que, incluso en situaciones complejas, los países son capaces de comprometerse con políticas que promuevan el acceso al agua y una gestión compartida de este recurso.

A-E/HM

 

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