La FAO defiende la necesidad de automatizar la agricultura

La FAO sostiene que la automatización de la actividad agrícola es fundamental para hacer más eficiente y resiliente la producción de alimentos y así contribuir a que cientos de millones de personas dejen atrás el hambre y la pobreza. Foto: FAO

ROMA – La automatización agrícola, que incluye desde los tractores hasta la inteligencia artificial, puede permitir que cientos de millones de personas dejen la pobreza y el hambre, planteó en un nuevo informe este miércoles 2 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

La FAO “cree realmente que sin avance tecnológico y un aumento de la productividad, no existe ninguna posibilidad de liberar a cientos de millones de personas de la pobreza, el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición”, escribió su director general, Qu Dongyu, en el prólogo del informe.

La clave está en que la automatización puede hacer más eficientes y ecológicos los sistemas agroalimentarios, sin que necesariamente aumente el desempleo, se indica en la edición 2022 de “El estado mundial de la agricultura y la alimentación” (Sofa, en inglés).

Sin embargo, se advierte que la introducción desigual de la automatización puede también agravar las desigualdades, especialmente si resulta inaccesible para los pequeños productores y otros grupos marginados, como los jóvenes y las mujeres.

El informe examina 27 casos de estudio en todo el mundo, desde los servicios de alquiler de tractores en Ghana hasta los contenedores para el cultivo de camarones en México que emplean el aprendizaje automático y la robótica.

Los estudios presentan tecnologías en distintas etapas de preparación, adecuadas para productores agrícolas en diferentes escalas y con distintos niveles de ingresos.

Se investigan los factores que impulsan estas tecnologías y se señalan varios obstáculos que impiden su adopción, en particular por parte de los pequeños productores.

“La FAO cree realmente que sin avance tecnológico y un aumento de la productividad, no existe ninguna posibilidad de liberar a cientos de millones de personas de la pobreza, el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición”: Qu Dongyu.

Sobre la base de este análisis, en la publicación se proponen políticas encaminadas a velar por que la automatización agrícola sea inclusiva y contribuya a la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas agroalimentarios.

El informe trata una de las preocupaciones más habituales sobre la automatización, la de que crea desempleo, y concluye que estos temores no se ven corroborados por la realidad histórica.

Sin embargo, se reconoce que la automatización agrícola puede conducir al desempleo en los casos en que abunda la mano de obra rural y los salarios son bajos.

Según el Sofa, en conjunto la automatización alivia la escasez de mano de obra y puede hacer la producción agrícola más resiliente y productiva, mejorar la calidad de los productos, aumentar la eficiencia en el uso de los recursos, promover el empleo decente y mejorar la sostenibilidad ambiental.

“Lo que importa es la manera en la que el proceso de automatización se lleva a cabo en la práctica, no si este se produce o no. Debemos velar por que la automatización se realice de modo que sea inclusiva y promueva la sostenibilidad”, subrayó Qu.

El informe destaca que actualmente se produce una revolución relacionada con las tecnologías digitales, que incluyen la inteligencia artificial, los drones, la robótica, los sensores y los sistemas mundiales de navegación por satélite, además de la gran proliferación de dispositivos de mano como los teléfonos móviles.

Otro importante avance incluye la economía colaborativa. Por ejemplo, en los servicios de activos compartidos de África y Asia se emplea un modelo similar al de la aplicación de taxis Uber, ya que permiten a los agricultores en pequeña y mediana escala acceder a equipo costoso, como tractores, sin tener que adquirirlo.

Un aspecto fundamental es que existen grandes disparidades entre los países, y dentro de ellos, en cuanto a la difusión de la automatización, que ha sido especialmente limitada en el África subsahariana.

Por ejemplo, ya en 2005 se estimaba que en el Japón había más de 400 tractores por cada 1000 hectáreas de tierra cultivable, en comparación con solo 0,4 en Ghana.

Además, algunas tecnologías se encuentran todavía en la etapa de los prototipos, mientras que, en el caso de otras, las limitaciones de la infraestructura rural de apoyo, como la conectividad y la electricidad, obstaculizan su difusión, especialmente en los países de ingresos bajos y medianos.

También se señala que determinadas tecnologías, como la maquinaria motorizada pesada, pueden ocasionar un impacto ambiental negativo al contribuir al monocultivo y la erosión del suelo. Sin embargo, los avances recientes relacionados con maquinaria de menor tamaño están ayudando a superar estos problemas.

Entre sus recomendaciones, la FAO aboga por crear un entorno propicio para la automatización agrícola, con legislación, reglamentos, infraestructura, arreglos institucionales, educación y capacitación, investigación y desarrollo, y apoyo a los procesos de innovación del sector privado.

A-E//HM

 

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