Refugiados afganos de ahora y de antes aprovechan su nueva vida en Pakistán

Un hombre vende aves de corral en el mercado de refugiados de Peshawar, el 17 de junio. Foto: Ashfaq Yusufzai / IPS

PESHAWAR, Pakistán – “Vinimos aquí en 1979 después de la invasión rusa de Afganistán. Mis hijos y nietos han crecido aquí y no quieren volver a ese país devastado por la guerra. Voy allí de vez en cuando para llorar la muerte de seres cercanos y queridos”, señaló Muhammad Jabbar, de 67 años, exresidente de Kabul, capital de Afganistán.

Jabbar, que vende frutas secas en Muhajir Bazaar (conocido como el “mercado de los refugiados”), en Peshawar, la capital de Khyber Pakhtunkhwa, una de las cuatro provincias de Pakistán, dijo que no había podido convencer a los miembros de su familia para que visitaran su país debido a la violencia interminable.

El último de esa serie de eventos fue la toma del poder por parte de los militantes talibanes en agosto de 2021, lo que aumentó aún más los temores de Jabbar de que incluso él ya no pueda visitar su tierra natal. Al mismo tiempo, reconoce que Pakistán es ahora el hogar de la familia y llama a la gente local «amigable».

Esta nación del sur de Asia alberga a 1,3 millones de refugiados registrados y más del doble de los no registrados que han huido del vecino Afganistán. La mayoría de ellos tienen pequeños negocios o hacen simples trabajos y envían remesas a sus familiares que se quedan al otro lado de la frontera.

Un vendedor de verduras en el mismo mercado, Hayat Shah, comentó que el negocio es tan bueno que él y su familia nunca piensan en regresar. “Estamos muy contentos porque aquí vivimos en paz y ganamos dinero para nuestra supervivencia. En Afganistán, la gente se enfrenta a una situación económica extremadamente difícil. Mis dos hijos y una hija estudian aquí en una escuela local”, expresó Shah, de 49 años.

“Llegamos a Peshawar a principios de 1992 cuando unos desconocidos bombardearon nuestra casa. Murieron mis padres y dos hermanos”, agregó.

Una sesión informativa con mujeres afganas en el campo de refugiados de Akora Khattak, provincia de Khyber Pakhtunkhwa, 16 de junio. Foto: Ashfaq Yusufzai/IPS

Shah y su familia viven en el campamento Baghlan en Peshawar, una de las 3.500 familias de refugiados en el campamento, aunque la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ahora llama a los campamentos «aldeas de refugiados».

Hay 54 campos de refugiados en todo Pakistán, 43 en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, que albergan al 32 % de los refugiados. Más de dos tercios de los refugiados viven en áreas urbanas, donde tienen permiso legal para trabajar, según Acnur.

La mayoría de los afganos entrevistados por IPS en el mercado dijeron que sienten que Pakistán es ahora su hogar.

Un 90 % de los comerciantes en el mercado en expansión son empresarios afganos, que administran tiendas de ropa, pescado, carne y frutas y verduras.

“El mercado de los refugiados” está repleto de mujeres y hombres afganos que compran todo tipo de cosas”, indicó el vendedor de frutas Ghafoor Shah. “Este mercado no es diferente de cualquiera en Afganistán, donde se puede ver a mujeres vestidas con burkas haciendo las compras”, agregó.

Sultana, de 51 años, dice que visitan el bazar con frecuencia para hacer compras al por mayor para el festival islámico Eidul Fitre, las ceremonias de matrimonio y otras festividades.

“Podemos encontrar todo tipo de artículos que necesitamos de acuerdo con las tradiciones afganas. Las mujeres podemos hablar fácilmente con los comerciantes y sastres afganos en nuestros propios idiomas en comparación con los paquistaníes, con quienes la conversación es difícil”, explicó.

El vocero de Acnur para Pakistán, Qaisar Khan Afridi, dijo a IPS que la llegada de nuevos refugiados después de que los talibanes se hicieran cargo de Kabul ha creado grandes problemas.

“Más de 250 000 afganos han llegado aquí en los últimos 18 meses; son solo los refugiados registrados. La agencia de refugiados de la ONU está en conversaciones con el gobierno anfitrión para buscar una solución al problema de estas personas que aún no están registradas en Pakistán”, señaló. “Pakistán no está aceptando nuevos refugiados”, agregó.

El programa de repatriación voluntaria de refugiados a Afganistán de Acnur se ha detenido casi por completo. Solo 185 familias han regresado desde enero de este año, cada una de las cuales recibió 250 dólares como asistencia. Aproximadamente 4,4 millones de refugiados han sido repatriados desde 2002.

Muhammad Hashim, reportero del canal de televisión Shamshad en Jalalabad, dijo a IPS que los talibanes no permiten que los periodistas trabajen libremente y sospechan de cualquiera que haya trabajado durante el gobierno anterior.

“Vine con mi esposa y mis dos hijas a Pakistán utilizando rutas secundarias y ahora estamos tratando de buscar asilo en Estados Unidos o en cualquier país europeo. Regresar está fuera de discusión”, dijo a IPS, mientras esperaba el registro frente a la oficina de Acnur en Peshawar.

Hashim, de 41 años, cuenta que sobrevivió a un intento de asesinato un día antes de partir hacia Pakistán y se fue tan rápido que sus pertenencias permanecen en Afganistán.

Las mujeres periodistas están sentadas en casa, agregó. Por temor al enjuiciamiento de los talibanes, cientos de personas que trabajaron en la policía o en oficinas del antiguo gobierno afgano también se apresuraron a viajar a Pakistán, señaló. “La violencia y la falta de trabajo, educación y servicios de salud están acechando a la gente”.

Muhammad Abbas Khan, comisionado para los Refugiados Afganos de Khyber Pakhtunkhwa, habla en un acto que marca las visitas de altos funcionarios de Acnur al campo de refugiados de Padhana, en el distrito de Haripur, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, el 17 de junio de 2022. Foto: Ashfaq Yusufzai / IPS

El maestro de escuela Mushtari Begum, de 39 años, se encuentra entre los nuevos refugiados. “Hice una maestría en informática de la Universidad de Kabul y enseñé en una escuela privada para niñas durante ocho años. Ahora, las escuelas de mujeres han sido cerradas y los maestros y estudiantes están sentados en sus casas”, dijo Begum, madre de dos hijos. “

Vivimos con parientes en Peshawar temporalmente y tenemos poco dinero”, agregó.

El 12 de junio, el gobierno de Pakistán aprobó una política según la cual se emitirán visados de tránsito a los solicitantes de asilo afganos para que puedan viajar a cualquier país de su elección. Al mismo tiempo, el gabinete federal dijo que Pakistán siempre ha dado la bienvenida a los refugiados y seguirá acogiéndolos en sus momentos difíciles.

Gul Rahim, que conduce un taxi en el distrito de Nowshera, cerca de Peshawar, dice que llegó aquí en 2002 y tuvo la suerte de educar a sus dos hijos. “Pakistán ha resultado ser una bendición para mí. En Afganistán no habría podido criar a mis hijos, que ahora enseñan en una escuela de refugiados y me ayudan económicamente”, dijo.

Estudiantes afganos toman clases en el campo de refugiados de Padhana, en la provincia paquistaní de Khyber Pakhtunkhwa, el 15 de junio. Foto: Ashfaq Yusufzai / IPS

Fazal Ahmed, un oficial local del comisionado afgano en Peshawar, que supervisa todos los campos de refugiados en la provincia, comentó que de vez en cuando organizan sesiones de concientización para refugiados sobre temas como la violencia y el género, la salud y la educación.

“En más de 30 campos de refugiados también organizamos programas de desarrollo de habilidades, especialmente para que las mujeres puedan ganarse la vida», explicó.

“Las actividades deportivas son parte de nuestro programa, que organizamos en colaboración conAcnur”, sostuvo. Los estudiantes afganos también han sido admitidos en escuelas, universidades y facultades de medicina de Pakistán, agregó.

Sin embargo, no todo está bien. Muchos refugiados se quejan de ser hostigados por la policía, acusación que las autoridades niegan con vehemencia.

“Llegamos aquí en febrero de 2022 por temor a las represalias de los talibanes. No tenemos documentos porque Pakistán no está registrando nuevos refugiados y la policía a menudo nos arresta y nos libera solo cuando pagamos sobornos”, indicó Usman Ali, quien trabajó como agente de policía en el gobierno anterior en Kabul.

Ali, de 24 años, dijo que su hermano mayor, un ex soldado del ejército, fue asesinado por los talibanes en diciembre de 2021.

“Para salvar mi vida, corrí a la frontera de Pakistán en un autobús de pasajeros y terminé en Peshawar”, agregó.

Jehanzeb Khan, funcionario del gobierno local, dijo a IPS que los afganos son tratados como invitados. “Hay casos aislados en los que los afganos son maltratados por la población local, pero tomamos medidas cuando se presentan denuncias”, señaló.

En la calle Nasir Bagh, donde Ali vende productos cosméticos en un carrito de mano, el oficial de policía Ahmad Nawaz dijo a IPS que arrestan solo a los afganos que están involucrados en delitos y son amistosos con los inocentes.

“Los afganos cometen robos e incluso asesinatos y regresan a Afganistán. No acosamos a los afganos (que viven aquí) porque están en problemas”, agregó Nawaz.

T: MLM / ED: EG

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