Cuidar el agua donde la minería crea riquezas y tragedias en Brasil

Paisaje montañoso en la zona de las nacientes del río Velhas, donde destacan las "barraginhas", el nombre portugués para hoyos excavados como cráteres lunares en las lomas y terrenos inclinados, para evitar la erosión que traga gran cantidad de suelos en la cuenca y los sedimenta en su tramo alto, en el estado suroriental brasileño de Minas Gerais. Foto: Mario Osava / IPS

BELO HORIZONTE / ITABIRITO, Brasil –  Minas Gerais, un estado del sureste de Brasil, debe su nombre a la principal actividad económica a lo largo de su historia: la minería, con la extracción del oro desde el siglo XVII y más tarde la del hierro, que adquirió escala industrial y exportadora en el siglo XX.

El Cuadrilátero Ferrífero, un área montañosa de unos 7000 kilómetros cuadrados en el centro del estado, concentra esa riqueza y su explotación, que hace mucho cuestionan los ambientalistas, hasta ahora impotentes frente al peso económico de la minería.

Pero la amenaza de la escasez de agua en la región metropolitana de la capital, Belo Horizonte, con seis millones de habitantes, sumada a dos accidentes mineros aterrorizantes, redujo la disparidad de fuerzas. Hay hechos, no solo argumentos.

La metrópoli vivió en 2014 y 2015 una inédita crisis hídrica, durante una sequía que afectó todo el sureste de Brasil.

“Por primera vez sentimos acá una escasez que solo conocíamos en el norte semiárido del estado”, admitió Marcelo da Fonseca, director general del Instituto Minero de Gestión de las Aguas (Igam).

El 25 de enero de 2019 se rompió una represa de residuos mineros en Brumadinho, a 35 kilómetros de Belo Horizonte en línea recta. La tragedia mató 270 personas y contaminó de lodo tóxico más de 300 kilómetros del río Paraopeba, que proveía 15 % del agua suministrada a la región metropolitana de Belo Horizonte (RMBH), cuyo suministro no se ha recuperado aún.

El 5 de noviembre de 2015 otro accidente similar provocó la muerte de 19 personas en Mariana, a 75 kilómetros en línea recta de Belo Horizonte, y enfangó el río Doce en sus más de 600 kilómetros de recorrido hasta el océano Atlántico. Sus aguas escurren hacia el este, no abastecen la RMBH.

Dos años de sequía, en 2014 y 2015, asustaron a la población de la Región Metropolitana de Belo Horizonte, la capital del estado de Minas Gerais, en el sureste de Brasil. Por primera vez se sintió la amenaza de la escasez de agua, admitió el director general del Instituto Mineiro de Gestión de las Aguas, Marcelo da Fonseca. Foto: Mario Osava / IPS

Riesgos mineros

Minas Gerais tiene más de 700 represas de descartes mineros. Los últimos datos de la Fundación Estadal de Medio Ambiente (Feam) apuntan 33 en distintos grados de emergencia, cuatro de los cuales en el nivel tres, de alto riesgo y evacuación obligada de los pobladores amenazados, y nueve en el nivel 2, en que se recomienda la salida.

“Somos rehenes de las empresas mineras, ellas ocupan el territorio e inviabilizan otras economías”, diagnosticó Camila Alterthum, una de las fundadoras y coordinadoras del Instituto Cresce y activista del movimiento Fechos Yo Cuido, impulsado por el Comité de la Cuenca Hidrográfica del Río de las Velhas.

Fechos es el nombre de una Estación Ecológica, un área de conservación integral de 603 hectáreas, perteneciente al municipio de Nova Lima, pero lindante con Belo Horizonte.

“Acá hay un conjunto de montañas que recargan el acuífero Cauê, que abastece más de 200 000 habitantes del sur de Belo Horizonte y un barrio de Nova Lima”, un municipio colindante, apuntó Alterthum, que vive en Vale do Sol, un barrio adyacente a Fechos.

La activista Camila Alterthum rechaza la minería como una amenaza permanente de destrucción de la naturaleza y las fuentes de agua. Su lucha es a favor de mantener y ampliar la Estación Ecológica de Fechos, cuyos bosques contribuyen al abastecimiento de agua a más de 200 000 habitantes de Belo Horizonte, en el sureste de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

Su movimiento propuso en la Asamblea Legislativa de Minas Gerais un proyecto de ley para ampliar Fechos en 222 hectáreas, para proveer más agua y preservar la biodiversidad local.

Pero Vale, la mayor empresa minera de Brasil, pretende expandir sus dos minas locales que se ubican precisamente en esa misma área.

Para conquistar la zona ofrece el doble de hectáreas para conservación, contrapropuesta rechazada por el movimiento, porque no cumpliría los fines ambientales y en su mayor parte ya es área que la empresa debe preservar por ley.

Una batalla más feroz desató la decisión del Consejo Estadal de Política Ambiental del gobierno de Minas Gerais, que tiene mayoría de representantes empresariales y gubernamentales, de aprobar el 30 de abril un proyecto de la empresa Taquaril para extraer mineral de hierro de la sierra del Curral.

El ingeniero forestal Julio Carvalho, de la alcaldía de Itabirito, al lado de una «barraginha» en un predio rural privado, cuyos dueños se sumaron al esfuerzo municipal por contener la pérdida de suelo y sedimentación de los ríos, en esta zona del sureste de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

 

Esa sierra constituye el principal patrimonio paisajístico de Belo Horizonte, además de tener alta importancia ambiental e hídrica para la capital, aunque se ubica en su linde, del lado del municipio de Nova Lima. La amenaza minera generó un masivo rechazo de ambientalistas, artistas y de la sociedad en general.

Sequías y erosión

Hay otras amenazas al agua de la RMBH. “Estamos muy cerca de las nacientes, por eso dependemos de las lluvias que caen acá”, advirtió Fonseca a IPS en la sede del Igam, en Belo Horizonte.

Dos años seguidos de sequía pusieron en grave peligro el abastecimiento.

Dos cuencas abastecen los seis millones de habitantes de los 34 municipios del área metropolitana belo-horizontina.

La del río de Velhas responde por 49 % y la del río Paraopeba por 51 %, según Sergio Neves, superintendente de la Unidad de Negocio Metropolitano de la Compañía de Saneamiento de Minas Gerais (Copasa), que atiende la mayor parte del estado.

El Paraopeba dejó de proveer su agua desde el accidente en 2019, pero su cuenca dispone de dos embalses importantes en los afluentes. El del río Manso, por ejemplo, abastece 34 % de la región metropolitana.

El fenómeno de «voçorocas» (hondonadas) se repite en varias partes de Itabirito y Ouro Preto, los municipios donde nace la cuenca del río de Velhas, en el sureste de Brasil. El suelo es vulnerable a la erosión y finalmente comienzan a proliferar las medidas para mitigar los daños en una región donde predomina la minería de hierro. Foto: Mario Osava / IPS

El Velhas solo dispone del embalse de una pequeña central hidroeléctrica, con capacidad para 9,28 megavatios, pero que está generando solo cuatro megavatios. Es de pasada, es decir, no almacena agua suficiente para regular el caudal o compensar el estiaje.

Además la sedimentación redujo mucho el acopio desde su inauguración en 1907. El suelo cuenca arriba es vulnerable a la erosión y sufrió una ocupación del suelo, con la expansión urbana y agrícola, carreteras vecinales y minería variada, no solo de hierro, que agravan la sedimentación de los cursos de agua, destacó Fonseca.

Soluciones descentralizadas

La prefectura (alcaldía) de Itabirito, que comparte las nacientes de la cuenca del Velhas con Ouro Preto, capital del oro en el siglo XVIII, promueve varias acciones apuntadas por Fonseca para mitigar la erosión e incrementar los acuíferos que sostienen el caudal de los ríos.

El empresario y ambientalista Ronaldo Guerra en su hacienda donde promueve el turismo ecológico y exhibe su propuesta de «presas alveolares» como una de los instrumentos para almacenar agua en la superficie y en la napa freática, fortalecer los bosques y la cuenda hidrográfica en una región del sureste brasileño, fundamentalmente minera, donde crece la preocupación por el abastecimiento de agua. Foto: Mario Osava / IPS

Es intrigante ver cráteres en algunos predios rurales de Itabirito, especialmente en lomas o tierras de ligero declive.

Son «barraginhas”, explicó Julio Carvalho, ingeniero forestal y funcionario de la Secretaría Municipal de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Se trata de micropresas, unos hoyos excavados para frenar el escurrimiento del agua pluvial que provoca la erosión.

Ese sistema evita que buena parte de los sedimentos vayan a los ríos y también el fenómeno de las “voçorocas” (hondonadas, en portugués), productos de intensa erosión y abundantes en varias partes de Itabirito y Ouro Preto, municipios donde nacen los formadores o primeros afluentes del Velhas.

Como se trata, en general, de tierras privadas, la alcaldía obtiene financiación para evaluar los predios, diseñar las intervenciones y licitar su ejecución, en acuerdo con los comités que cuidan las cuencas o subcuencas, detalló Carvalho en su diálogo con IPS.

El municipio de Itabirito es “el tanque de agua” de Belo Horizonte, la capital del estado de Minas Gerais, en el sureste de Brasil. Su alcaldía promueve programas destinados a revitalizar la cuenca que abastece casi mitad de los seis millones de habitantes de la región metropolitana, explica Frederico Leite, secretario de Medio Ambiente del municipio, que vive de la actividad minera. Foto: Mario Osava / IPS

Para las carreteras vecinales, que generan gran erosión en la topografía ondulada, se recurre a las “cajas secas”, también pequeños hoyos en las orillas para retener las torrentes o por lo menos contener su velocidad, acotó.

Otras “prácticas mecánicas de uso y conservación del suelo” comprenden recuperar nacientes con la reforestación y cercas para evitar que animales invadan las fuentes de agua y pisoteen los alrededores.

Itabirito trata también de dragar el río del mismo nombre y que cruza la ciudad, para reducir su sedimentación, agravada por las inundaciones ocurridas en enero, con una crecida inusual del río.

La educación ambiental, un programa de pagos por servicios ambientales y la ampliación de áreas de conservación, incluso en la ciudad, son los planes que puso en marcha Felipe Leite, secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible de Itabirito desde 2019.

“Queremos crear una cultura de preservación ambiental”, incluso porque “Itabirito es el tanque de agua de Belo Horizonte”, detalló a IPS

Su prefectura optó por cooperar con la industria minera, especialmente con la empresa Ferro Puro, que decidió pavimentar una carretera y reforestarla con flores, en un proyecto turístico.

En São Bartolomeu, pueblo del municipio de Ouro Preto, Ronald Guerra, un empresario del turismo ecológico, propone “presas alveolares”, una sucesión de pequeños embalses, como forma de retener el agua, alimentar la napa freática y también evitar la erosión.

En su hacienda de 120 hectáreas, la mitad reconocida como Reserva Particular del Patrimonio Natural, es decir de conservación por iniciativa privada, tiene 13 pequeñas presas, cría peces para su restaurante y la pesca deportiva.

Hijo de un médico de Belo Horizonte, optó por la vida rural y la agroecología desde joven. Fue secretario de Medio Ambiente de Ouro Preto y hoy es activista de varios comités de cuenca, organizaciones no gubernamentales y promoción de la cultura local.

ED: EG

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