El poder de la conexión y la colaboración en lucha contra esclavitud moderna

Dos niñas africanas trabajan rompiendo piedra. Foto: Frank Dejongh / Unicef

NUEVA DELHI –  La pandemia de covid-19 afectó a países y personas de todo el mundo, al tiempo que exacerbó vulnerabilidades como las diferentes formas de esclavitud moderna.

Se calcula que en el mundo hay más de 40,3 millones de personas en situación de esclavitud moderna, y ciertos grupos de población, sectores y geografías, como los niños, los trabajadores migrantes, las mujeres y las niñas, que ya eran vulnerables, se volvieron más vulnerables al reclutamiento y la explotación durante la pandemia.

Las Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha calificado la pandemia como algo más que una crisis sanitaria: «es una crisis económica, una crisis humanitaria y una crisis de derechos humanos».

El secretario general de la ONU, António Guterres, llamó a abordar la lucha contra la covid como una emergencia mundial, al afirmar que la economía mundial sigue siendo incierta, los sistemas de salud están abrumados y millones de personas más están siendo empujadas a la pobreza.

“El mundo ha retrocedido”, corroboró Romy Hawatt, miembro fundador de la Red Global de Sostenibilidad (GSN) en una entrevista exclusiva con IPS.

“Los abusos modernos de los derechos humanos y la dignidad son completamente aborrecibles e inaceptables en todas sus formas y a todos los niveles. Los gobiernos de todo el mundo no están cumpliendo con su responsabilidad de proteger a sus ciudadanos (especialmente a los niños) y no están dedicando la atención y los recursos necesarios para luchar contra estos crímenes contra la humanidad», aseguró.

Como «empresario social», ha utilizado su éxito empresarial en el mundo de la aviación y otras actividades y sus plataformas para desarrollar, financiar y aplicar directamente soluciones a problemas sociales, culturales y medioambientales. Lo que comenzó hace muchos años como una labor benéfica informal, acabó convirtiéndole en un filántropo, partidario y benefactor de varias organizaciones benéficas, entre las que se encuentra GSN.

En noviembre de 2020, más de 50 expertos independientes en derechos humanos de la ONU advirtieron en un documento especial que la pandemia de covid ayudaba al juego pernicioso de esclavistas y traficantes, y que, por ello, era necesario reforzar las medidas gubernamentales para evitar la explotación de las personas vulnerables durante este periodo especial.

La declaración instaba a los gobiernos y a las empresas a reconocer que la pérdida de puestos de trabajo, ingresos o tierras podía poner en gran riesgo a los grupos vulnerables de la población y que la explotación podía significar para las personas de esos grupos trabajo forzado, incluidas las peores formas de trabajo infantil, o ser vendidas, traficadas y explotadas sexualmente.

Aquel informe, elevado al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, señaló que más de 70 % de los 4,8 millones de víctimas de explotación sexual se encuentran en la región de Asia y el Pacífico, 1,5 millones de víctimas viven en países del Norte industrial  y que se calcula que 13 000 están esclavizadas tan solo en el Reino Unido.

El empresario y filántropo Romy Hawatt, miembro fundador de la Red Global de Sostenibilidad (GSN), en una foto de su perfil en Linkedin, rodeado de hombres árabes. Foto: Linkedin

Hawatt, con empresas basadas en Emiratos Árabes Unidos, fue uno de los miembros fundadores de GSN en 2014,  junto con el empresario y filántropo Raza Jafar, con base en Dubai,  el obispo anglicano retirado inglés Alastair Redfern y el obispo católico argentino Marcelo Sánchez, que se reunieron con la visión de promover un mundo libre de esclavitud, trabajo infantil y tráfico de personas.

Esto se inició después de que líderes religiosos mundiales suscribieran en diciembre de 2014 una Declaración Conjunta contra la Esclavitud Moderna, en que participaron el católico papa Francisco, el anglicano arzobispo de Canterbury, Justin Welby, el  patriarca ecuménico Bartolomé de Grecia y otros altos representantes de las religiones judía, musulmana, hindú y budista.

Con un número cada vez mayor de agentes de cambio y personas influyentes que se unen a la GSN, Hawatt afirma que «cada uno de ellos desempeña un papel destacado en la concienciación, la educación, la articulación y la presión sobre los poderes fácticos, gubernamentales, académicos, empresariales, mediáticos y deportivos para aprovechar el poder de las conexiones y las colaboraciones”, que cada uno puede aportar.

El objetivo, explicó, es ayudar a alcanzar el 8 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el destinado a promover el trabajo decente y el crecimiento económico.

En particular impulsan que se cumpla la meta 8.7 de ese ODS, centrada en “adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, de aquí a 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

El plan para el futuro de GSN, explicó Hawatt, consiste en seguir avanzando y lograr un impacto lo más sostenible posible, utilizando todos los medios y plataformas disponibles para articular, inspirar, vigorizar y apoyar a un abundante grupo de personas influyentes y colaboradores como los asociados a la GSN, a fin de exponer todas las formas de explotación humana y luchar contra ellas.

Los gobiernos de todo el mundo, como respuesta para contener la pandemia desde su comienzo en marzo de 2020, ordenaron cierres de las actividades y limitaron la oportunidades laborales, mientras que los traficantes adaptaron sus métodos a la pandemia, incluyendo las redes sociales y otras plataformas en línea para reclutar nuevas víctimas.

“Las mujeres y las niñas han sido reclutadas, a menudo a nivel local o en línea, para su explotación sexual, especialmente en apartamentos privados. Los niños se han visto especialmente afectados, fuera de la escuela y con la necesidad de apoyar a los padres que han perdido sus medios de vida, cada vez más dirigidos por los traficantes a nivel local y en línea”, indica un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).

El reporte de la agencia de la ONU, también conocida por la sigla inglesa UNODC, indica que “los traficantes respondieron al cierre de bares, clubes y salones de masaje (debido a los cierres, toques de queda y otras medidas para controlar la propagación de covid19) trasladando la explotación sexual de adultos y niños a casas y apartamentos privados”.

“En algunos países, los traficantes también han aprovechado las medidas de distanciamiento social para transportar a las víctimas a través de las fronteras nacionales, a sabiendas de que las fuerzas de seguridad, en ocasiones, no han podido inspeccionar cuidadosamente los vehículos”, destaca ONUDD.

Según ese informe, existen al menos tres formas en las que la covid perjudica los esfuerzos para acabar con la esclavitud moderna:

  • 1) aumentando los riesgos para los que ya están explotados;
  • 2) aumentando los riesgos de explotación, incluyendo el trabajo infantil y el matrimonio infantil; y
  • 3) interrumpiendo los esfuerzos de respuesta.

“En pocas palabras, los traficantes se dirigen a los más vulnerables y son las mujeres y los niños los que encajan en esta categoría, especialmente los que proceden de las comunidades más pobres, tal vez sean refugiados y los que carecen de educación, los que entran en la categoría de mayor riesgo de ser víctimas de la trata”, dijo Hawatt.

A su juicio el tráfico y trata de personas no es solo un problema de los países del Sur. “La trata de personas ocurre literalmente en todas partes. A sabiendas o no, todos somos consumidores que crean demanda y trabajan o impulsan cadenas de suministro que utilizan y abusan de otros seres humanos. Por lo tanto, tenemos la obligación de ayudar a solucionarlo», sentenció.

T: MF / ED: EG

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