Más carne con menos ganado, la fórmula para reducir el metano en Brasil

Retrato de la Amazonia bajo destrucción: el bosque incendiado y una vaca solitaria. La producción no es el objetivo, sino ocupar y tomar la propiedad de la tierra, un patrimonio que puede hacer rico de un solo golpe a los invasores en el gran bioma de Brasil. Foto: Mario Osava / IPS

RÍO DE JANEIRO – Brasil tendrá que moderar la extravagancia de tener más bovinos que gente, si de hecho quiere cumplir la meta de cortar 30 por ciento de sus emisiones de metano para 2030, que convino durante la cumbre climática de Glasgow.

Esa reducción en relación a las emisiones de 2020 fue el compromiso firmado por más de 100 países en el marco de la 26 Conferencia de las Partes (COP26) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, tuvo lugar en la ciudad escocesa del 31 de octubre al 13 de noviembre.

La sorpresiva adhesión brasileña representó un vuelco en la posición del gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro, hasta ahora negado a “sacrificar” su ganadería y las exportaciones de carne, como contribución al intento de limitar a 1,5 grados Celsius el recalentamiento de la Tierra en este siglo.

El aislamiento internacional de Brasil, las amenazas de restricciones a sus exportaciones agropecuarias y la retracción de grandes inversionistas, como fondos internacionales milmillonarios, a causa de la deforestación amazónica, influyeron en el cambio del gobierno brasileño. Además del hecho de que el gran esfuerzo le tocará a los próximos gobernantes.

Brasil tiene el mayor rebaño vacuno del mundo, con 218 millones de vacunos, mientras la población humana recién alcanzó los 213 millones.

“La ganadería extensiva invadió la Amazonia desde los años 60, donde responde por más de cuatro quintos de la deforestación” y ya cuenta más de 80 millones de vacunos, observó João Meirelles Filho, director general del Instituto Peabiru, organización no gubernamental (ONG) con sede en Belém, capital del estado de Pará, en la Amazonia oriental.

El ganado vacuno respondió por 71,8 por ciento de las emisiones nacionales de metano en 2020, según el Sistema de Estimaciones de Emisiones y Remociones de Gases del Efecto Invernadero (SEEG), creado por el Observatorio del Clima, una coalición de 61 organizaciones sociales.

Cambios en la ganadería son por lo tanto indispensables a la reducción del metano, ya que otras actividades, como la quema o degradación de residuos agrícolas y urbanos y del suelo, emiten mucho menos ese gas cuyo efecto invernadero es por lo menos 20 veces más potente que el dióxido de carbono.

Teóricamente no sería muy difícil, ya que la ganadería bovina en Brasil es de bajísima productividad, y elevarla permitiría producir la misma cantidad de carne con menos reses.

Estados Unidos, por ejemplo, produjo 12,4 millones de toneladas de carne en 2020, 22,6 % más que los 12,1 millones de toneladas de Brasil, según el Departamento de Agricultura estadounidense, pero este país sudamericano es el mayor exportador mundial, con dos millones de toneladas en 2020, dado que su consumo interno es menor.

Tres reses en una finca en la ecorregión del Semiárido brasileño, animales vulnerables por necesitar mucha agua en un territorio donde el recurso hídrico es muy escaso. El ganado contribuyó a agravar las sequías y la amenaza de desertificación en la Caatinga, bioma que sufrió siglos de pisoteo vacuno. Foto: Mario Osava / IPS

En la leche la producción brasileña alcanzó 35,4 billones (millones de millones) de litros en 2020, un tercio del total de Estados Unidos que posee 60 por ciento menos de vacas.

Además de un aumento de productividad, una mejor alimentación también podría reducir la fermentación entérica (intestinal) de los bovinos que es la principal fuente del metano.

Soluciones hay

La empresa privada Pecuaria Sustentable de la Amazonia (Pesca), volcada a la asistencia técnica y nacida en 2015 en Alta Floresta, en el central estado de Mato Grosso, desarrolló un sistema de cría, con mejores pastizales y complementos alimentarios, que redujo en 88 % la eructación de los gases de efecto invernadero, en que predomina el metano, por cada kilo de carne producida, en comparación con la ganadería usual en el país.

Un factor clave es la aceleración del engorde. Con 20 a 24 meses el vacuno está listo para el matadero, contra 36 a 40 meses en la cría tradicional.

También la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) persigue el mismo fin con una técnica de integración de cultivos, ganadería y bosques, que incrementa la productividad gracias al suelo más fértil. Logró así bajar de un tercio la edad de los animales con el peso final.

Grandes empresas de la industria cárnica brasileña, como JBS y Minerva, promueven avances en sus haciendas o en sus proveedores de ganado, para contener las emisiones de metano.

“Esas iniciativas son de la ganadería de élite, del gran capital, que no ocupa siquiera cinco por ciento del área ganadera del país, sin el poder de impulsar una transformación del sector”, sostuvo Meirelles a IPS, por teléfono desde Ribeirão Preto, en el interior del estado de São Paulo donde visitaba la familia.

Monocultivo de palma en el amazónico estado de Pará, en el norte de Brasil, que ayuda a restablecer, así sea parcialmente, el clima local afectado por la deforestación anterior. Es una alternativa de actividad económica menos destructiva que la ganadería, al igual que el cultivo de los nativos cacao y la palmera de azaí o huasaí. Foto: Mario Osava / IPS

“La solución exige un conjunto de medidas, con el gobierno empleando sus instrumentos fiscales, de comando y control, con pesados tributos y alivio para premiar los más productivos”, acotó el activista ambiental, autor de una veintena de libros, la mayoría sobre la Amazonia, e hijo “disidente” de una familia ganadera.

Hace falta una política pública, “un deber del Estado”, según Meirelles, que comprenda un amplio servicio de asistencia técnica y extensión rural, que contó con un sistema nacional y agencias en los estados hasta 1990, cuando se extinguió su órgano central.

Los 772 municipios de la llamada Amazonia Legal brasileña componen un territorio de fragilidad administrativa, en general sin agrónomos, ingenieros y técnicos de pesca, destacó.

Es la región donde más creció la ganadería, un aumento de 22,5 % entre 2004 y 2018, contra un promedio nacional de 4 %, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística. De las áreas de deforestación ilegal, los bovinos ocupan casi 80 %.

El ganado, suelto, disperso y abandonado, es solo un instrumento de la apropiación ilegal de tierras públicas en la Amazonia, así como la deforestación. El objetivo principal es invadir extensos territorios y establecer haciendas en ellos, en una toma ilegal conocida como “grillaje” en Brasil y que genera un enriquecimiento rápido.

La ocupación ganadera ayuda a ese proceso de acaparamiento, asegura la posesión hasta que gane valor la propiedad y se pueda legalizarla. La producción de carne es secundaria, solo un complemento.

“Pero no habría el ‘grillaje’ si no fuese posible vender la tierra a los ganaderos”, sin un valor creciente de la tierra incluso para otras actividades agrícolas, razonó el activista y escritor.

“Una ganadería más eficiente y productiva en el centro-sur de Brasil evitaría la presión expansionista sobre la Amazonia” y buena parte de la deforestación. “Sin romper esa lógica económica, no se contiene el avance de la frontera de destrucción en la Amazonia”, advirtió.

Paisaje típico en los bordes amazónicos brasileños, en el llamado Arco de la Deforestación: ganado disperso en un pastizal natural, sin cuidados. Baja productividad y emisión de metano es el resultado dañino para la Amazonia y el clima global. Foto: Mario Osava / IPS

Otras lógicas son posibles y se basan en la llamada bioeconomía, como la extracción del  fruto de una palmera amazónica, el acaí o huasaí, y el cultivo del cacao, también nativo de la región, ejemplificó Meirelles.

La ganadería vacuna cumplió un papel importante en la ocupación y deforestación de todas las regiones y biomas brasileños.

En Brasil es la actividad central entre las causas del cambio climático. Además de fuente principal del metano, está directamente vinculada a las mayores emisiones del dióxido de carbono en el país, la deforestación amazónica.

Con una matriz energética casi mitad renovable, Brasil, al contrario de la mayoría de los países, usa pocos combustibles fósiles en la generación eléctrica y el etanol casi iguala la gasolina en el consumo de los vehículos automotores.

En la Amazonia, el área ganadera se triplicó desde 1985 y alcanza 56,5 millones de hectáreas, lo que equivale a todo el territorio de Francia, según el MapBiomas, el proyecto de Mapeo Anual de Uso y Cobertura de la Tierra en Brasil, impulsado por una red de ONG, universidades y empresas de tecnología.

Es el área más extensa entre los seis biomas brasileños, aunque representa solo 13,4 % del territorio amazónico brasileño. La Mata Atlántica, el bioma de la costa este, que ya perdió cerca de 90 por ciento de sus bosques, tiene 25,7 por ciento de su territorio ocupado por bovinos.

Los pastizales suman en total 156 millones de hectáreas en todo el país, más que tres Españas, pero 53 % presentan señales de degradación, es decir de abandono, otra cicatriz de la ganadería vacuna cuyos daños son ahora realzados por la crisis climática.

ED: EG

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