La inversión extranjera retrocede en América Latina y el Caribe

La minería y otras actividades del sector primario han atraído gran parte de la inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe, y la región debe adoptar políticas que la dirijan a sectores de economía sustentable, inclusiva, rica en tecnología y generadora de empleos, según la Cepal. Foto: Tecnología Minera

SANTIAGO – La inversión extranjera directa (IED), que ya retrocedía en América Latina y el Caribe desde 2013, se desplomó 34,7 por ciento en 2020 en comparación con 2019, indicó un informe presentado este jueves 5 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Los mayores efectos “se han sentido en minería, petróleo y los sectores automotor y de servicios de turismo, hotelería y restaurantes, aunque crecen los servicios informáticos”, dijo la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, al presentar a la prensa el estudio en esta capital.

El año pasado la región recibió 105 480 millones de dólares en IED, 51 por ciento menos de lo percibido en el año récord 2012, en un contexto de retracción generalizada de esas inversiones en todo el planeta.

Con las crisis desatadas con la pandemia covid-19, la IED cayó un tercio en todo el mundo, de 1,5 a un billón (millón de millones) de dólares, pero afectó más a África y América Latina y el Caribe, y relativamente menos a Europa, América del Norte y economías asiáticas como China. India y Hong Kong.

Bárcena dijo que, en el contexto de recesión global, las trasnacionales optan por concentrar sus inversiones en reestructuraciones y compras estratégicas antes que en nuevos proyectos, y encuentran en el Norte industrializado más estímulos hacia el futuro, como mejor infraestructura  e inversión pública en sostenibilidad.

“La inversión extranjera directa ha hecho aportes relevantes en América Latina y el Caribe, pero no hay elementos que permitan afirmar que en la última década haya contribuido a cambios significativos en la estructura productiva de la región”: Alicia Bárcena.

Puso como ejemplo el cierre de las plantas del gigante automotor Ford en Brasil, traducida en la pérdida de 5000 empleos, y también de Daimler, fabricante de los vehículos Mercedes Benz, con lo que se perdieron 370 puestos de trabajo y mostró que desciende la compra de autos de lujo en el panorama recesivo.

En América Latina y el Caribe la tendencia hacia lo que resta de 2021 indica que puede recuperarse la inversión extranjera respecto del año pasado alrededor de cinco por ciento, pero también puede decrecer en ese monto, dependiendo de cómo se comporten variables entre las que figura una alta o baja vacunación anticovid.

Por lo demás, la IED “ha hecho aportes relevantes en América Latina y el Caribe, pero no hay elementos que permitan afirmar que en la última década haya contribuido a cambios significativos en la estructura productiva de la región”, expuso Bárcena.

Las IED han privilegiado a sectores como minería y petróleo, y “necesitamos canalizarlas hacia actividades que generen mayor productividad, innovación, tecnología y empleo”, dijo Bárcena.

La Cepal identifica ocho sectores estratégicos para impulsar la sostenibilidad y los cuales pueden apuntalarse con la IED, comenzando por la transición hacia energías renovables, la electromovilidad en ciudades y la revolución digital inclusiva.

También la industria manufacturera de la salud –Bárcena saludó que Sinopharm, de China, instale una planta de envasado de vacunas en Chile-, la bioeconomía, la economía del cuidado, la economía circular y el turismo sostenible.

El estudio de Cepal dedica un capítulo a China, responsable de 11 por ciento de la IED en el mundo, y cuyas inversiones en América Latina se dirigieron primero al sector primario de la economía, luego avanzaron hacia la electricidad, puertos y la economía digital, y pueden atraerse hacia la “economía verde”, según Bárcena.

Agregó que la actual pandemia “es una oportunidad para una nueva etapa en las relaciones económicas con China, con políticas que aseguren que sus inversiones contribuyan a construir capacidades productivas, a establecer vínculos con proveedores locales, a generar empleo y a promover el desarrollo sostenible”.

Bárcena dijo que, al ser reducidas en el corto plazo, las IED no pueden verse como un motor de desarrollo para la región y su aprovechamiento dependerá de las políticas de recuperación que adopten los gobiernos.

Su propuesta final es que los Estados latinoamericanos y caribeños establezcan un marco multilateral para orientar las inversiones extranjeras hacia sus objetivos de desarrollo sostenible, integral e inclusivo, y no solo para el crecimiento económico.

A-E/HM

 

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