Río de Janeiro empuja conversión del Ejército de Brasil en policía

Un contingente militar participa en el sofocamiento de una revuelta de presos en la penitenciaria de Japeri, en la periferia de Río de Janeiro, en lo que representó el “estreno” de la intervención militar del gobierno de Brasil en la seguridad pública de la región. Crédito: Tania Rego/Agência Brasil
Un contingente militar participa en el sofocamiento de una revuelta de presos en la penitenciaria de Japeri, en la periferia de Río de Janeiro, en lo que representó el “estreno” de la intervención militar del gobierno de Brasil en la seguridad pública de la región. Crédito: Tania Rego/Agência Brasil

La criminalidad en el área metropolitana de Río de Janeiro, atormentada por 22 tiroteos callejeros diarios, 10 efectivos muertos cada mes de la Policía Militar estadal y 6.731 homicidios en 2017, es el escenario de la gradual conversión del Ejército de Brasil en policía.

La intervención del gobierno nacional en la seguridad pública del estado de Río de Janeiro, por decreto del presidente Michel Temer del 16 de febrero, entregó al general Walter Braga Netto, jefe del Comando Militar del Este, todos los poderes del sector, que incluye las policías civil y militar, con el refuerzo de efectivos castrenses.

Es la primera vez, desde el retorno a la democracia de Brasil en 1985, que se emplea esa medida radical. Antes las Fuerzas Armadas fueron movilizadas en operaciones puntuales para contener brotes de violencia o controlar situaciones específicas, como los Juegos Olímpicos de 2016, celebrados en esta ciudad del sureste del país.

“Es una decisión ineficaz que refuerza la lógica de la confrontación bélica. Experiencias anteriores de actuación del Ejército demuestran que no es una solución para reducir la violencia y puede agravar la situación”, sentenció a IPS la psicóloga Raquel Willadino, directora de Derechos Humanos del no gubernamental Observatorio de Favelas.

“No creo que cambie nada, el Ejército estuvo acá antes y no resolvió nada. La mayoría de la población local está descreída”, observó Roseli Gomes, que vive en Rocinha, una de las mayores favelas (barrios pobres y hacinados) de Río de Janeiro, la capital estadal, con 6,5 millones de habitantes, que se amplían hasta 12 millones al englobar su área metropolitana.

Ella se sintió “tranquila” la semana que culminó con el anuncio de Temer, en que no hubo tiroteos en su favela, con casi 70.000