Un candidato kurdo contra todo obstáculo

El candidato Omar Karim señala las escaleras sin rampas, uno de los problemas menores de los discapacitados kurdos. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

Omar Karim tenía solo seis años cuando perdió sus dos piernas al pisar una mina antipersonal. Ahora roza los 40 y puede convertirse en el primer parlamentario discapacitado de la Región Autónoma Kurda de Iraq, tras las elecciones del sábado 21.

“Cuando tuve el accidente no existían las sillas de ruedas y mi madre me llevaba a hombros a la escuela todos los días”, explica Karim, presidente de la Asociación de Discapacitados de Kurdistán. “Las cosas han cambiado, pero no demasiado”, lamenta en su despacho en la sede de Suleymaniya, ubicada 260 kilómetros al noreste de Bagdad.

Pero la situación puede sufrir un punto de inflexión el próximo sábado. Datos del Alto Comisionado Electoral Iraquí indican que ese día competirán por escaños en el parlamento del Kurdistán iraquí 366 mujeres y 736 hombres. Uno de ellos es Karim, quien integra la lista de la Unión Patriótica del Kurdistán, uno de los dos partidos dominantes en la región.

Sarah Osman, voluntaria de la Asociación de Discapacitados y de la campaña electoral, presume de ser una “hija de la revolución”. Nació en 1991, coincidiendo con la insurrección de los kurdos contra el régimen iraquí de Saddam Hussein (1979-2003). La principal minoría de Iraq empezó entonces a sentar las bases de su actual región autónoma, lo más parecido a un país que los kurdos han tenido nunca.

Desgraciadamente, la coyuntura bélica de entonces hizo que muchos “hijos de la revolución” fueran víctimas de las precarias condiciones sanitarias.

[pullquote]3[/pullquote]“El transporte sigue siendo uno de nuestros problemas principales”, asegura Osman, a quien una negligencia médica y una poliomielitis detectada demasiado tarde obligaron a depender de los taxis a diario, con el costo económico que ello conlleva.

“Yo puedo andar, pero muchos taxis no paran porque saben que tienen que ayudarnos a entrar, plegar y dejar la silla en el maletero… No obstante, no es menos cierto que hay conductores amables que ni siquiera nos cobran el trayecto”, narra a IPS sobre su experiencia cotidiana.

Otra activista que suma sus fuerzas a la campaña electoral de Karim es Sarah Hatum. La distrofia muscular la obligó a abandonar la escuela a los 15 años para postrarla en una silla de ruedas. Tacha de “limosna” la ayuda mensual que recibe del gobierno regional kurdo como discapacitada.

“Recibir 150.000 dinares iraquíes (unos 135 dólares) al mes corrobora la imagen que los discapacitados proyectamos a la sociedad”, explica a IPS esta joven de 31 años. “Se nos ve como personas no válidas, damos pena y se nos ofrece caridad en vez de oportunidades de demostrar nuestra valía», dice.

Hatum asegura que la suya es una “doble” discapacidad: “No solo estoy sentada en esta silla sino que, además, soy mujer en Medio Oriente. Mi hermano también es discapacitado pero, a diferencia de mí, está casado y trabaja”, cuenta.

Algunos verán en la historia de Rizgar Abdulkadir una constatación del testimonio de Hatum, pero no cabe duda de que el tesón de este kurdo de 39 años también ha jugado un papel muy importante en su trayectoria vital.

“Nací en una aldea sin recursos y tenía un hermano mayor que había tardado mucho en caminar por primera vez. En casa pensaron que mi problema sería el mismo y era ya demasiado tarde cuando me detectaron la polio”, explica Abdulkadir, quien suscribe el abandono escolar, la falta de accesibilidad, la discriminación laboral… pero mucho más doloroso que todo eso, dice, es el estigma que supone ser discapacitado en esta parte del mundo.

“Pedí matrimonio a cientos de chicas hasta que una finalmente aceptó. Al poco comprendí que era todavía más difícil convencer a su familia de que sería capaz de ofrecer una vida ‘normal’ a mi prometida”, recuerda a IPS este experto en informática y padre dos hijos.

Chavia Ali, antigua presidenta de la única asociación de discapacidad de Siria es también una referencia mundial en esta materia en Medio Oriente. Desde octubre de 2012 sigue trabajando desde Suecia tras abandonar in extremis su residencia en Alepo, la segunda ciudad de ese país, ubicada 300 kilómetros al norte de Damasco, asolada por la violencia.

[related_articles]Su condición de mujer, discapacitada y kurda la convierte en “triplemente” marginada en su región de origen, asegura.

“En Medio Oriente se habla sobre la discapacidad, pero rara vez se consulta a los discapacitados a la hora de redactar las leyes”, relata Ali a IPS vía telefónica.

“Así las cosas, no se eliminan las barreras físicas en las escuelas ni se aportan medios para los alumnos ciegos o sordos… Lo más urgente es que se respeten nuestros derechos y que se nos ofrezcan los medios para integrarnos en la sociedad”, explica esta mujer de 33 años, que ve en la postulación de un parlamentario discapacitado como un “tremendo paso hacia adelante”.

De vuelta en la Asociación, Omar Karim se muestra confiado de sus posibilidades. Asegura que sus votantes potenciales se encuentran principalmente entre los 125.000 discapacitados de la Región Autónoma Kurda de Iraq y sus familias.

“Ni siquiera se trata de un censo médico, sino que obtuve el dato de la lista de ayudas a los discapacitados”, apunta Karim, añadiendo que “únicamente los que cuentan con un discapacitado en su entorno familiar muestran alguna sensibilidad hacia ellos”.

“Puede que conseguir el respeto de las familias ‘normales’ sea mucho más difícil que conseguir adaptar calles y leyes, pero debemos luchar por ello», añade el activista.

No obstante, Karim reconoce que la situación en la Región Autónoma Kurda es “incomparablemente mejor” que la del resto del país.

“Durante los años de Saddam Hussein, Iraq era un referente mundial en el ámbito de la discapacidad. Hablamos de cobertura legal y económica e incluso de ciudades especiales para discapacitados”, explica el candidato.

“Hoy la cifra oficial de discapacitados en el país es de un millón y medio, pero todos sabemos que la guerra interminable ha golpeado a muchísimos más iraquíes”, puntualiza.

La Asociación para Discapacitados de Iraq estima que alrededor de 10 por ciento de la población sufre algún tipo de discapacidad, lo cual sitúa el número total en torno a 2,75 millones de personas.

“Sea la cifra que sea, lo cierto es que todos están, literalmente, abandonados a su suerte en mitad del caos que es hoy Iraq”, lamenta Karim, antes de retomar el pulso a la recta final de la campaña electoral.

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