Crisis aumenta cantidad de niños vendedores en Zimbabwe

La crisis de Zimbabwe empuja a niños y adolescentes a ganarse la vida en las calles. Crédito: Jeffrey Moyo/ IPS.
La crisis de Zimbabwe empuja a niños y adolescentes a ganarse la vida en las calles. Crédito: Jeffrey Moyo/ IPS.

Susan Sithole tiene 14 años y debería estar en la escuela aprendiendo matemática, inglés y otras materias. Sin embargo, está en la calle vendiendo cigarrillos, dulces y tarjetas de teléfonos móviles: una dura forma de aprender sobre comercio y de sobrevivir.Sithole trabaja en el centro de Harare, en la esquina de la avenida Leopold Takawira y la calle Robert Mugabe, y vive en el barrio pobre de Machipisa.

Según dijo a IPS, los 25 dólares que gana por semana no le alcanzan para vivir ni le sobra nada para enviar a sus padres que están en Chipinge, un distrito a 500 kilómetros de la capital.

"Mis padres me mandaron con unos parientes aquí para que hiciera algo cuando no pudieron pagar más la escuela", relató Sithole. Así que en vez de pasar a noveno grado, debió abandonar a mitad de cuarto para trasladarse a la capital.

Aun si pudiera volver a la escuela, le da vergüenza reintegrase a una clase en la que sus compañeros tendrían por lo menos cinco años menos.
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Según estadísticas divulgadas por la Coalición Contra la Corrupción en enero, Sithole es una de los 63.000 menores de 15 años que trabajan como vendedores, la mayoría en las ciudades fronterizas. La cantidad representa un significativo aumento respecto de los 42.000 registrados en 2010 en este país de 13 millones de habitantes.

La situación está lejos de resolverse pues en febrero el gobierno prohibió las operaciones de las organizaciones no gubernamentales, lo que, según varios actores consultados por IPS, no hará más que aumentar la cantidad de niñas y niños en la calle, pues muchas ONG pagaban la escolaridad de las familias necesitadas, en especial en zonas rurales.

"El gobierno prohibió a las ONG que pagaban la escolaridad de menores de bajos recursos por sospechar que albergaban fines políticos", dijo a IPS un funcionario de las Oficinas de Bienestar Social de la oriental provincia de Manicaland, que no quiso revelar su identidad.

"Muchos niños no tuvieron más alternativa que salir a vender", apuntó el funcionario residente de Mutare, capital provincial y tercera mayor ciudad del país.

El gobierno de la Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (ZANU-PF) prohibió 29 organizaciones en abril de 2012 con el argumento de que trabajaban para un cambio de régimen.

Funcionarios de la Asociación Nacional de Organizaciones No Gubernamentales (Nango, por sus siglas en inglés), que pidieron no revelar su identidad, dijeron a IPS que tras la prohibición, muchos padres no pudieron pagar más la matrícula, que asciende a entre 30 y 35 dólares por trimestre.

Alrededor de 850.000 niñas y niños desfavorecidos recibían apoyo de ONG el año pasado, dijeron funcionarios de Nango.

Los 30 dólares son una suma enorme en este país donde casi la mitad de la población vive con menos de 1,25 dólares al día, según el informe "Protección Social Sensible a la Infancia", elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en 2010.

El desempleo afectó a 94 por ciento de la población económicamente activa en 2009, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas. La mayoría trabaja en el sector informal.

"La situación es patética para los niños que ayudábamos", dijo un miembro del capítulo zimbabuense de Action Aid Internacional que tampoco quiso revelar su identidad.

"Mientras hablo con usted, nuestra organización recibió información de que más de 10.000 menores abandonaron la escuela por no poder pagar. Esta situación sumergirá más a los niños pobres en la miseria", añadió.

El trabajador social Givemore Zinyoro dijo a IPS que la actividad de niños y niñas vendiendo distintos productos al costado del camino se considera trabajo infantil, y acusó al gobierno de negligencia para atender el número creciente de casos que se registran en el país.

"Es un reflejo de la situación actual de la sociedad; sigue profundizándose la crisis económica y social en nuestro país", opinó Philip Bohwasi, presidente del Consejo de Trabajadores Sociales.

"Más de 84 por ciento de la población no tiene empleo, no se trata solo de los vendedores menores de edad", remarcó.

"Muchas familias tienen dificultades para llevar comida a la mesa, y todo el mundo, incluso los menores, se levantan temprano para hacer algo para ganarse la vida", explicó Bohwasi.

Zimbabwe todavía no se ha recuperado de la profunda crisis económica. Entre 2003 y 2009 sufrió una de las peores hiperinflaciones del mundo; la inflación interanual fue de 231 por ciento.

Los precios se duplicaban a diario y el Banco de la Reserva de Zimbabwe se vio obligado a emitir 100 billones de dólares.

Un alto funcionario del Ministerio de Trabajo y Servicios Sociales, que pidió reserva de su identidad, dijo a IPS que el gobierno no era capaz de combatir la crisis que afectaba a los menores pobres del país.

El economista John Robertson, de Robertson Economic Information Services, señaló que la crisis económica de Zimbabwe había disminuido la capacidad del gobierno para combatir el trabajo infantil.

"Sin dinero para financiar programas vitales en materia laboral, el gobierno está al día en un contexto de agotamiento de los donantes. Es necesario recuperar la economía antes de atender el problema del trabajo infantil", dijo Robertson a IPS.

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