China se introduce en el mercado energético de Kirguistán

Kirguistán depende actualmente depende mayormente de Rusia para obtener combustible. Crédito: EurasiaNet
Kirguistán depende actualmente depende mayormente de Rusia para obtener combustible. Crédito: EurasiaNet

China financia la construcción de la primera gran refinería de petróleo de Kirguistán, donde entusiasma cada vez más la idea de romper el monopolio del suministro de combustible ruso. Pero, al mismo tiempo, a algunos analistas les preocupa que el proyecto pueda atizar el resentimiento local o quedar envuelto en luchas políticas internas.

Se prevé que la refinería de Kara-Balta, al oeste de Bishkek, producirá 600.000 toneladas anuales de combustible, suficientes para poner fin a la dependencia de las importaciones rusas, que actualmente representan 1,15 millones de toneladas anuales, según el Comité Estatal de Estadísticas.

El proyecto recibirá crudo que será transportado de yacimientos administrados por China en Kazajstán, y será operado por una pequeña entidad estatal china llamada Junda. La iniciativa ya es objeto de repetidas protestas ambientales, así como de disputas laborales, que un legislador sostiene están respaldadas por políticos de la oposición que usan a la obra como una herramienta contra el gobierno.

Desde su independencia, Kirguistán ha dependido casi totalmente del combustible ruso. Sebastien Peyrouse, experto en asuntos de Asia central en la Universidad George Washington, dijo que la nueva refinería marca los esfuerzos de Beijing por “ganar influencia” sobre los mercados centroasiáticos de hidrocarburos, sector ahora definido por las “crecientes tensiones” entre Rusia y China.
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Jumakadyr Akeneev, presidente de la Asociación de Comerciantes de Petróleo de Kirguistán, un grupo de presión, coincidió en que el proyecto es “una buena noticia” para un país cuya única refinería interna produce 70.000 toneladas de diésel y gasolina de baja calidad al año.

En Kirguistán los precios están “determinados por un actor poderoso: Gazprom Neft Asia”, dijo, refiriéndose a la subsidiaria local del gigante energético estatal de Rusia, que también es responsable de alrededor de 80 por ciento de la distribución interna. Gazprom envía la mayor parte de los combustibles con destino a Kirguistán desde su refinería en Omsk.

Kirguistán importa este combustible exonerado de impuestos. Pero en el pasado, Rusia usó su dominio del mercado para manipular a Bishkek según sus intereses. Por ejemplo, muchos analistas afirman que un repentino impuesto a los combustibles introducido el 1 de abril de 2010 fue un factor significativo en el derrocamiento del presidente kirguiso Kurmanbek Bakiyev, seis días después.

Kirguistán necesita “un suministro diverso e ininterrumpido de combustible barato para crecer”, dijo Akeneev, agregando que la gasolina de Junda “debería ser más barata que la de Rusia” porque no necesita viajar tan lejos.

“El transporte (desde Rusia) se refleja en un tercio del precio”, agregó.

Que la refinería cumpla su propósito declarado es otro asunto, según Peyrouse, coautor de “The Chinese Question in Central Asia” (La cuestión china en Asia central). La “sinofobia” va en aumento en Kirguistán, dijo, a la par del crecimiento económico de Beijing.

La relación entre los ejecutivos chinos y los habitantes de la zona de Kara-Balta y sus alrededores ya está cargada de tensiones. La refinería ha enfrentado huelgas y una demanda de aumento de sueldo de los trabajadores locales.

Los residentes del lugar están desconformes con los ofrecimientos de Junda de compensación ambiental. Y los funcionarios se quejan de que las autoridades de la planta son poco comunicativas.

No está claro cuán bien entienden los chinos la caótica política interna de Kirguistán.

“A menudo, las empresas chinas no se conectan con sus comunidades anfitrionas, y prefieren concentrarse en desarrollar relaciones con los agentes del poder en las capitales o, cuando sea necesario, en el plano local”, señaló el mes pasado un informe del International Crisis Group, un grupo de expertos con sede en Bruselas.

“El aumento del nacionalismo, las arraigadas sospechas de expansionismo chino, pocos beneficios tangibles para la población y la sensación de que las empresas solo respetan a quienes pueden ayudarlas en sus emprendimientos comerciales al máximo nivel han hecho que muchos no vean a China como una fuerza benéfica”, agregó.

En una entrevista con la agencia de noticias kirguisa 24.kg el 18 de enero, el director de Junda, Chu Chan, atribuyó las demoras en la construcción a “malentendidos” que habían hecho que al lugar llegaran los equipos equivocados. Prometió que la refinería estaría operativa para agosto, con casi 12 meses de retraso. Se prevé que la planta cree unos 2.000 empleos para la población de la zona.

El legislador Azamat Arapbayev, miembro del comité parlamentario de energía y combustibles, dijo que daría la bienvenida a “10 de esas refinerías” de “cualquier inversor extranjero” a fin de que Kirguistán dependiera menos de los “factores externos”.

Los disturbios en la refinería, sostuvo, son obra de “cierto círculo” de políticos que usan los temores ambientales de la población local para “ganar dividendos políticos”.

Algunos analistas plantean lo mismo a propósito de la agitación que enfrenta el mayor inversor del país, la mina aurífera Kumtor, de capitales canadienses. En los últimos dos años, esta enfrentó protestas, llamados a la nacionalización, y cuatro investigaciones gubernamentales lideradas por políticos de todo el espectro. El problema espantó a otros inversores internacionales.

Aunque Arapbayev se negó a dar nombres, un grupo que se opone a la refinería, así como a la “expansión china” en general, reúne a nacionalistas autodenominados “Movimiento para la Salvación de Kirguistán”.

El 13 de este mes, el grupo realizó una pequeña manifestación en el centro de Bishkek, donde su líder, Mukar Cholponbayev, alertó que Beijing estaba intentando convertir a Kirguistán en una dependencia de China, y reclamó la liberación de tres figuras de la oposición encarceladas el otoño boreal pasado por intentar tomar el parlamento en medio de llamados a nacionalizar Kumtor.

Aunque la política local ayudó a paralizar las inversiones extranjeras, muchos observadores continuarán viendo a la refinería como el reflejo de un enfrentamiento mayor y más silencioso entre Rusia y China en la región.

Por el momento, los intereses enfrentados “pueden tener beneficios” para Kirguistán, dijo el legislador Arapbayev. La refinería reducirá la capacidad de Moscú de intimidar a Bishkek, señaló, y abrirá la riqueza petrolera de Kazajstán.

“China es nuestro vecino cercano, un país dinámico que se está desarrollando rápidamente”, dijo Arapbayev a EurasiaNet.org, comentando los dilemas que la competencia geopolítica plantea a los políticos locales.

“Pero luego tenemos también relaciones más antiguas y más tradicionales con Rusia. Esas relaciones todavía están operativas”, agregó.

* Chris Rickleton es un periodista radicado en Bishkek. Este artículo fue publicado originalmente en EurasiaNet.org.

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