Zanahoria y caña en nuevo intento de recuperar el agro angoleño

“No comíamos zanahoria, ahora nos gusta”, admite la angoleña Rebeca Soba en su huerto cercado de cañaverales, una isla de diversidad en medio de un vasto monocultivo azucarero. La horticultura se introdujo en el Polo Agroindustrial de Capanda (PAC) como una fuente de ingresos para las familias campesinas locales.

Los cultivos son parte del programa social Kulonga pala Kukula, "educar para desarrollar" en kimbundu (la lengua africana local), que comprende también acciones en salud, agua y educación.

Las mujeres y unos pocos hombres cultivan semillas variadas, traídas de Brasil, en 10 aldeas cercanas a la central hidroeléctrica de Capanda, a unos 360 kilómetros de Luanda.

Algunas especies eran desconocidas por la población local, como el perejil y la rúcula, que no consumen como ensalada, sino cocida. "Es muy amarga", explica Soba, de 45 años y con cinco hijos, una de las líderes del programa de agricultura familiar. Ella y su grupo cultivan repollo, cebolla, pimiento, tomate, col y otras hortalizas, en tierras bajas y húmedas no aprovechables para la caña de azúcar circundante.

Cincuenta y cuatro por ciento de las familias de 10 aldeas vivían en extrema pobreza, con ingresos diarios inferiores a 34 centavos de dólar, según un diagnóstico hecho en 2009, explica Kimputu Ngiaba, agrónomo responsable de producción en el programa.
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Ahora hay mujeres que alcanzan más de 500 dólares en un mes de buena cosecha, según sus registros. Además, cambiaron sus hábitos alimentarios, mejorando la nutrición. Un factor decisivo son las ventas aseguradas.

La red de supermercados Nosso Super, con 29 tiendas en todo el país y controlada por Odebrecht, el mismo grupo empresarial brasileño que conduce Kulonga pala Kukula, adquiere buena parte de la producción.

Otros compradores son los restaurantes que alimentan a miles de trabajadores de los demás proyectos del PAC, como la Companhia de Bioenergia de Angola (Biocom), que emplea actualmente a unas 800 personas en la siembra de cañaverales y la construcción de plantas industriales que producirán azúcar, etanol y electricidad a partir de 2013, si todo marcha bien.

La adhesión inicial fue escasa, porque la guerra civil prolongada por 27 años dejó desconfianzas y destruyó hábitos productivos, pero luego del primer pago por la venta de hortalizas, "se duplicaron los participantes", señala Ngiaba, funcionario de Odebrecht. Ahora ya hay 1.020 familias interesadas y se imponen mecanismos de selección, acota.

La primera suma recibida le permitió a Soba comprarse un generador a gasolina, el deseo de muchos angoleños rurales o urbanos para suplir la falta de electricidad o las fallas frecuentes del suministro. En el hogar de Rosa André, madre de tres hijos, los nuevos ingresos aseguran medicamentos y cuidados médicos para su marido enfermo, que la ayuda en el huerto cuando puede.

Para muchas de las 38 familias de la aldea Luxilo, el dinero sirve para mantener a los hijos que estudian en Luanda. Es el caso de Antonica José Agostina, viuda de 63 años. De sus siete hijos, tres se fueron a la capital. "Todos se van a Luanda por la escuela", explica. Su marido murió en 1999, en la guerra.

"El angoleño tiene hambre de aprender", reconoce Felismina Lageslau, responsable de movilización de Kulonga. El año pasado no hubo malaria en las aldeas y este año solo se registró un caso, destaca sobre las acciones preventivas.

El agua potable de los pozos en las grandes aldeas y la captación de agua de lluvia en las pequeñas contribuyeron a contener las diarreas y, por ende, la mortalidad infantil, mientras la capacitación de parteras tradicionales redujo en 60 por ciento las muertes perinatales, celebra Lageslau, estudiante de psicología social.

El programa trata también de mejorar la cadena productiva de la mandioca, cultivo tradicional de la región, incrementando la producción de "fuba de bombó", harina muy consumida en Angola, y su comercialización. A las hortalizas se está agregando la producción de frutas: piña, papaya, banano y sandía.

Recuperar la agricultura familiar -que era tradicional en la Angola colonial, se deterioró después de la independencia y "está en hibernación"- será un gran legado para el país, propone Felipe Cruz, director de inversiones del PAC, que responde por Odebrecht en el apoyo al polo agroindustrial.

Kulonga es una experiencia piloto que deberá expandirse a una zona rural donde viven 70.000 personas, estimulando la producción, mejoras en salud y ciudadanía. Eso exigirá una "insistencia técnica", como denomina Cruz al persistente apoyo externo para sacar esa pequeña agricultura del grado de subsistencia y hacerla comercial.

Esa es la segunda de tres líneas de acción para consolidar el PAC en un territorio de 411.000 hectáreas, privilegiado por la infraestructura ya existente, con agua y energía del río Kwanza, carreteras y un ferrocarril, destaca Cruz.

La primera es atraer "empresas anclas", como Biocom y grandes haciendas que cultivan e industrializan granos, generando aceites, harinas, alimentación animal y otros derivados. La ausencia de cadenas productivas traba el desarrollo agrícola de Angola, evalúa el ejecutivo de Odebrecht.

La tercera línea, "más compleja y de largo plazo", es formar "una clase empresarial rural que no existe en Angola", completa. Los agricultores familiares, por ejemplo, tendrán que formar sus cooperativas y volverse sus propios gestores.

Odebrecht encabeza así ese intento de recuperar y modernizar la agricultura angoleña, además de ejecutar proyectos clave en energía y estructuración del área metropolitana de Luanda.

Esta empresa ocupa cuatro de las seis direcciones de la Sociedad de Desarrollo del Polo Agroindustrial de Capanda (Sodepac), que administra el conjunto de iniciativas locales, dirige Kulonga y también Biocom, donde es socia de la firma estatal petrolera Sonangol y de la privada Damer Indústria, ambas angoleñas.

Biocom planifica producir 260.000 toneladas de azúcar, sustituyendo importaciones, y 30 millones de litros de etanol anhidro, cuya adición a la gasolina hace menos contaminante la combustión, además de generar 45 megavatios de electricidad con el bagazo de caña.

"No está probado que es viable" producir etanol en Angola, "ni económica ni técnicamente", se opone el agrónomo Fernando Pacheco, conocido crítico de los planes oficiales y activista de la agricultura familiar y las cooperativas.

El PAC en su conjunto es "demasiado ambicioso para las capacidades institucionales y humanas de Angola" y sus distintos proyectos "no están coordinados ni integrados", acota.

Desde su punto de vista, la prioridad en Angola es "generar empleos a gran escala para los jóvenes", pero el gran negocio agrícola no lo hace y exige mucho conocimiento científico-técnico, un factor que se perdió en gran parte desde los años 70, sentencia Pacheco.

Angola producía la mayor parte de los alimentos que consumía hasta 1973 y exportaba café, maíz y algodón, contrastando con el panorama actual de bajas cosechas y abultadas importaciones, señaló el informe de este año del Centro de Estudios e Investigación Científica de la Universidad Católica.

Este cambio se debió a la guerra, "que destruyó capacidad de producción y circulación", pero "también a errores de política a lo largo de muchos años", como la falta de inversiones en infraestructura, además de la sobrevaluación de la moneda nacional y el intenso éxodo rural, sostiene el informe, que lamenta asimismo la precariedad de las estadísticas agrícolas nacionales.

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