Siria se interpone entre Egipto e Irán

Cuando los egipcios eligieron presidente a Mohammad Morsi, de la Hermandad Musulmana, muchos conjeturaron que este país restablecería relaciones diplomáticas con Irán, congeladas desde 1979. Pero esas especulaciones parecen haber sido prematuras.

"Las relaciones entre Egipto e Irán sin duda se volvieron más cálidas desde que Morsi asumió la Presidencia", dijo a IPS el experto en asuntos iraníes Mohammad Saeed Idris, del Centro Al-Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos, con sede en El Cairo.

"Pero a la luz de ciertos factores, como la reciente declaración de apoyo de Egipto a la oposición en Siria, parece improbable que se restablezcan relaciones a corto plazo", agregó.

En la última década, Irán expresó reiteradamente su deseo de restablecer lazos con Egipto, el país más poblado del mundo árabe. "Si el gobierno egipcio estuviera dispuesto, abriríamos una embajada en El Cairo el mismo día", fue la célebre declaración del presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, en 2007.

Durante el régimen del derrocado Hosni Mubarak (1981-2011), Egipto –siguiendo el ejemplo de Washington– rechazó una y otra vez las señales iraníes, y prefirió ver a la República Islámica como una "amenaza" a la seguridad regional. Pero luego de que Morsi asumiera la Presidencia, en junio, muchos analistas pronosticaron que el nuevo mandatario musulmán rápidamente reanudaría las relaciones con Teherán.
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Mientras, con la esperanza de endulzar el acuerdo, funcionarios iraníes subrayaron su disposición de ejecutar importantes inversiones en la economía egipcia y de trabajar en el impulso del comercio bilateral.

Aunque las relaciones diplomáticas formales siguen suspendidas, el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Ali Akbar Salehi, expresó su "optimismo" en el futuro bilateral.

En una conferencia de prensa con sus pares egipcio, turco y saudí, el 19 de septiembre, Salehi aseveró que las relaciones económicas con Egipto van "progresando bien", y destacó que el volumen del comercio bilateral se duplicó en los últimos meses.

"Esta es una señal de que el futuro de las relaciones bilaterales será mejor", declaró el ministro iraní.

A fines de agosto, Morsi se convirtió en el primer jefe de Estado egipcio en visitar Teherán en más de tres décadas. El motivo fue una cumbre del Movimiento de Países No Alineados, cuya presidencia rotativa entregó formalmente a su par iraní, Ahmadineyad.

En una muestra de calidez sin precedentes, Morsi se refirió a Ahmadineyad como "mi querido hermano", y a Irán como "la hermana República Islámica de Irán".

Pero, aunque el viaje de Morsi puede haber servido para romper el hielo, la visita se debió "principalmente a motivos de protocolo": el traspaso de la presidencia del movimiento de Egipto a Irán, según Idris.

Este analista, que estuvo al frente del comité de asuntos árabes en la última y todavía disuelta legislatura egipcia, argumentó que, pese al fuerte deseo de Teherán de restablecer lazos diplomáticos, hay "obstáculos internos y externos" que le impiden a Egipto dar ese paso.

"Externamente, tal medida perjudicaría las relaciones de Egipto con los países del Golfo, particularmente Arabia Saudita, cuya animosidad hacia Irán es conocida", dijo Idris.

"Y, más aun, el gobierno egipcio negocia actualmente un abultado préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), que probablemente Estados Unidos bloquee si El Cairo restablece relaciones con Teherán", agregó.

En el frente interno, acercarse a Irán "distanciaría a los nacientes partidos salafistas de Egipto, que se oponen a normalizar relaciones con una potencia chiita que, creen, quiere promover esa rama del Islam en el Egipto sunita", planteó.

Los partidos salafistas de Egipto, fundados tras la revolución de 2011 para promover un Islam ultraconservador, ganaron casi la cuarta parte de los escaños de la Asamblea Popular (la cámara baja del parlamento) en las primeras elecciones legislativas posteriores a la caída de Mubarak.

Pero tal vez el obstáculo más serio a una rápida reanudación de las relaciones entre Egipto e Irán es la posición de El Cairo, articulada por Morsi en más de una ocasión, sobre la actual crisis de Siria.

Al hablar en la cumbre no alineada de Teherán, Morsi sin duda irritó a sus anfitriones iraníes al plantarse firmemente del lado de la insurgencia armada siria. Sostuvo que el gobierno del presidente sirio Bashar Al Assad había "perdido su legitimidad", y llegó a comparar el régimen de Damasco con la perenne ocupación israelí de Palestina.

Aunque Morsi ha descartado reiteradamente una participación militar extranjera en Siria, afirmó que la crisis solo podría resolverse mediante una "efectiva intervención externa".

Teherán, que cuenta a Siria como su único aliado regional en su confrontación con las potencias occidentales lideradas por Estados Unidos, sigue apoyando a Damasco contra la oposición armada, y cada vez más violenta, de Siria.

"El continuo apoyo de Teherán a Al Assad se ha vuelto el último escollo para el acercamiento Egipto-Irán", dijo Idris. "La reanudación de los vínculos con Irán ahora parece estar condicionada a que el segundo deje de apoyar a Damasco".

Apenas días antes de que Morsi hablara en Teherán, un portavoz de la Hermandad Musulmana a la que pertenece declaró: "La normalización de las relaciones con Irán es imposible mientras ese país continúe apoyando al régimen de Al Assad. Egipto no puede restablecer lazos con Irán a expensas del pueblo sirio y de la seguridad del Golfo".

Los vínculos diplomáticos bilaterales se interrumpieron por primera vez en 1979, inmediatamente después de la Revolución Islámica de Irán, y luego de que el entonces presidente egipcio Anwar El Sadat (1970-1981) firmara el acuerdo de paz de Camp David con Israel.

El Cairo se distanció aun más de la naciente República Islámica ese mismo año, cuando concedió asilo político al depuesto sha de Irán, Mohammad Reza Pahlevi.

Las relaciones se volvieron directamente hostiles en los años 80, cuando Egipto apoyó abiertamente al Iraq de Saddam Hussein (1979-2003) contra el Irán revolucionario durante la guerra entre esos dos países (1980-1988).

Actualmente, El Cairo es la única capital árabe que no sostiene relaciones diplomáticas con Teherán.

"El restablecimiento formal de los vínculos no puede descartarse a mediano plazo", afirmó Idris. "Pero, a la luz de los acontecimientos regionales actuales, que Egipto dé semejante paso es muy improbable en el futuro inmediato".

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