COLUMNA: Una luz de esperanza para la juventud iraní

La mayor parte del poder político en Irán está en manos de hombres ancianos con barba, que visten togas y turbantes, con la excepción de un hombre pequeño, de aspecto caricaturesco y con tendencia a la provocación.

Sin embargo, es probable que esa realidad cambie en los próximos años, en la medida en que los jóvenes empiecen a ingresar a la esfera política.

Como fuerza motora detrás de las protestas masivas que siguieron a la disputada reelección del presidente Mahmoud Ahmadineyad en el verano boreal de 2009, los jóvenes iraníes han demostrado que están comprometidos con la democracia, así como con las reformas sociales y políticas.

Alrededor de 70 por ciento de los iraníes tienen menos de 35 años. La corrupción política va en aumento, igual que el desempleo y la inflación (sin mencionar la constante censura, las absurdas leyes "de moralidad" y los arcaicos códigos de vestimenta).

En este contexto, los jóvenes están cada vez más desencantados con el régimen actual.
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El prodemocrático Movimiento Verde, que nació en 2009, se había estado gestando durante por lo menos una década. Las mayores protestas masivas antes de ese verano ocurrieron 10 años antes. De nuevo, los jóvenes fueron los protagonistas.

De ahí que la serie de manifestaciones que en 2009 congregaron a un millón de personas en las calles de Teherán y otras importantes ciudades del país representaran una especie de secuela de las protestas estudiantiles de 1999, en las que participaron miles.

El hecho de que para 2009 la cantidad de manifestantes se haya multiplicado por varios cientos desde una década antes habla del creciente descontento entre los jóvenes iraníes, y de su determinación a buscar reformas sociales y económicas. Y también sugiere que hay un gran potencial para una trilogía.

Aunque las manifestaciones de ese año no condujeron a una revolución al estilo de la de Egipto, sí alteraron de modo definitivo el paisaje político iraní. En primer lugar, gracias a las disputadas elecciones presidenciales en las que los resultados se anunciaron antes de terminar el escrutinio de los votos, la confianza de los ciudadanos en la legitimidad del régimen está en sus registros más bajos desde la Revolución Islámica (1979).

Además, como el régimen no ha podido aumentar las oportunidades de empleo de los cada vez más graduados universitarios, muchos jóvenes educados y desempleados son víctimas de las trampas que tienden los tiempos económicos desesperados.

Por ejemplo, pese a las habituales ejecuciones a las que el régimen iraní somete a quienes venden drogas e incluso a meros usuarios, el abuso de estas sustancias se ha vuelto un problema serio, que afecta desproporcionadamente a los jóvenes.

La droga más de moda es una forma de heroína condensada, conocida como "crack", que es mucho más potente y adictiva. Ya ha devastado familias enteras.

Irán también se ha convertido en un centro para el tráfico humano, pero el gobierno se ha comprometido mucho más con la persecución de los narcotraficantes.

Finalmente, aunque es difícil acceder a estadísticas oficiales, el suicidio también parece ir en aumento y, también, mayoritariamente toma por blanco a los jóvenes.

En síntesis, el actual clima social, político y económico ha dejado pocas opciones a muchos jóvenes. Con la esperanza de evitar un futuro de pobreza, drogas, delitos y violencia, muchos intentan emigrar. Pocos lo logran e, incluso para quienes lo hacen, el éxito está plagado por un constante estado de añoranza y desarraigo.

Con todo esto en mente, podría esperarse que la mayoría de los jóvenes iraníes estuvieran desesperanzados. Pero no.

Pese a todas estas realidades devastadoras, persiste un sentido de optimismo. Tal vez esto parezca irracional, pero para los descendientes de unos 2.500 años de civilización persa, la derrota no es algo que se acepte con facilidad.

Por otra parte, el aumento de los choques internos entre el líder supremo, ayatolá Ali Jamenei, y el presidente Mahmoud Ahmadineyad, ha infundido aún más esperanzas a los muchos jóvenes que integran el movimiento prodemocracia.

Los enfrentamientos entre estos dirigentes son mucho más que una señal de su falta de apoyo popular. Lo son, en cambio, de su debilidad y miopía, además de una oportunidad de oro para que los reformistas jóvenes se abalancen sobre el sistema.

Esto puede ocurrir durante las próximas elecciones presidenciales, a mediados de 2013, o incluso antes. Pero sea cual sea el caso, en poco tiempo el poder político aterrizará en las faldas de los jóvenes iraníes. Y cuando lo haga, habrá un cambio.

En tanto, los hijos de la Revolución Islámica todavía ejercen el activismo, y mientras los viejos muchachos luchan entre ellos, las y los jóvenes crean el escenario para un nuevo capítulo en la política iraní.

* Melody Moezzi es periodista, analista, conferencista, activista, escritora y abogada. También es directora ejecutiva de la organización no gubernamental 100 People of Faith.

© 2012 Global Experts, un proyecto de la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas.

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