Mayas, actores y víctimas del turismo apocalíptico

Los pueblos indígenas del sureste de México demandan su participación en los programas oficiales para aprovechar el interés mundial por la «profecía maya», mientras temen que se desencadene un «turismo apocalíptico» que dañe y contamine sus sitios sagrados.

Templo de las Mil Columnas de Chichén Itzá, en la península de Yucatán Crédito: Creative Commons
Templo de las Mil Columnas de Chichén Itzá, en la península de Yucatán Crédito: Creative Commons
Organizaciones indígenas denunciaron a IPS su exclusión del diseño del plan promocional Mundo Maya, lanzado por el gobierno el lunes 16 para atraer visitantes locales y extranjeros a las zonas indígenas de los cinco estados sudorientales donde se ubican docenas de antiguas ciudades mayas.

"No han escuchado nuestra voz, siguen actuando sin tomarnos en cuenta. Solamente se van a beneficiar los consorcios", señaló a IPS Artemio Kaamal, coordinador general del no gubernamental Foro Permanente sobre Política Indígena Kuxa’ano’on (vivimos, en lengua maya).

"Lo enfocan comercialmente, prescindiendo de nuestra cultura, nuestras raíces y nuestras prácticas", añadió. La asociación, fundada en 2005, actúa en los estados de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, para impulsar los derechos de los pueblos indígenas en México.

La ola de atracción mundial por la civilización maya en 2012 se alimenta en interpretaciones de que su calendario establece que el 21 de diciembre se producirán grandes catástrofes y el fin del mundo, algo que niegan los sabios y representantes de sus propios pueblos.
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La campaña del gobierno conservador de Felipe Calderón va a desarrollarse en el propio país y en Estados Unidos, Europa y Asia. Se centra en promocionar la región de Mesoamérica, donde floreció la civilización maya y que se extiende por lo que ahora constituye el sureste mexicano, Belice, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Con una inversión de unos 49 millones de dólares, México espera recibir 52 millones de turistas locales y foráneos e ingresos por aproximadamente 14.000 millones de dólares. El programa Mundo Maya incluye una serie de actos gastronómicos, arqueológicos y astronómicos.

El calendario maya establece que el llamado periodo 13 Baktún finaliza el 21 de diciembre, la fecha del solsticio de invierno en el hemisferio boreal, lo que alimenta los pronósticos apocalípticos.

Ese periodo comenzó según los historiadores mayas el 11 de agosto del año 3.114 antes de Cristo y al concluir comenzará otro nuevo ciclo de una llamada cuenta larga de 144.000 días, similar al que termina.

El programa y las promociones pautadas se centran en los aportes de la cultura maya, sin ninguna referencia a las interpretaciones apocalípticas sobre el significado de este fin de ciclo en su calendario, que sabios e historiadores indígenas califican de incorrectas, cuando no de manipuladas o histéricas.

"Nuestros asociados del centro y el sur del país nos han dicho que desconocen las actividades oficiales, a pesar de que están programadas en sus territorios. Queremos dejar en claro que no es un tema de película o de folclore, sino un devenir histórico, de generación en generación, una herencia espiritual", denunció a IPS Cecilio Solís, presidente de la Red Indígena de Turismo de México (RITA).

Creada en 2002 por 32 socios, RITA aglutina a 160 empresas indígenas, con 5.000 miembros y 20.000 beneficiarios.

De los 112 millones de habitantes de este país latinoamericano, 6,6 millones son indígenas, según el censo de 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, cuyo registro restringe los pobladores originarios a personas de más de cinco años que hablan una lengua ancestral. De esa cifra, 786.000 son mayas.

Organizaciones indígenas elevan a más de 10 millones los integrantes de las diferentes etnias que sobreviven en México. Hasta la conquista española en el siglo XVI en el territorio predominaron los aztecas, pero los mayas ejercieron gran influencia en el sureste, por sus expresiones artísticas y conocimientos científicos y astronómicos.

En la actualidad, se calcula que en México hay 1,2 millones de micro y pequeñas empresas asentadas en territorios indígenas, con un promedio de 25 trabajadores cada una.

La Encuesta Nacional de la Discriminación en México de 2010 encontró que los principales problemas que perciben las minorías étnicas son la discriminación, la pobreza y el apoyo del gobierno.

Ese instrumento refirió que casi cuatro de cada 10 miembros de un grupo étnico consideran que no tienen las mismas oportunidades que los demás para conseguir empleo y tres de cada diez creen que no tienen las mismas oportunidades para recibir ayudas gubernamentales.

"Tememos que nuestros sitios sagrados sean afectados. Por eso nos debe preocupar más la atención extranjera. Esperamos que los recursos lleguen a nuestras comunidades", sostuvo Kaamal.

Los empresarios originarios de México lanzaron este martes 17 el primer Centro Empresarial Indígena en la ciudad de Toluca, a 66 kilómetros al norte de la Ciudad de México, que cuenta con 40 afiliados.

La meta es constituir este año otras 24 organizaciones similares que sean el germen de la Cámara Empresarial Indígena de México.

Las firmas indígenas se dedican a actividades que van desde ecoturismo hasta extracción de minerales, sin que haya estadísticas de su aporte a la economía. La estatal Universidad Nacional Autónoma de México lleva a cabo un estudio sobre el valor del sector mencionado.

"Vemos un proceso de reencuentro, de reconstrucción, de reunión entre los diferentes pueblos indígenas. Vemos también iniciativas que no solamente son de autosustento sino que impulsan una economía local que es una válvula de escapa ante las presiones" sociales y económicas, analizó Solís.

RITA pertenece al Consejo Indígena Mesoamericano y al movimiento autóctono continental Abya Yala (tierra que florece, en lengua cuna y que designa a América). Con ellas, la red coordina actividades relacionadas con el cambio de ciclo.

Las agrupaciones indígenas quieren fortalecer la organización de sus pueblos, interactuar con instituciones regionales y preparan actividades sobre asuntos espirituales, cambio climático, protección de la biodiversidad y la reivindicación de los derechos indígenas.

"Tenemos que buscar una manera de organizarnos y acercarnos a otros pueblos indígenas. Nos falta confluir en una sola organización para definir el rumbo de nuestro destino", planteó Kaamal.

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