MALAWI: Falta de seguridad social mata a los más pobres

En la aldea de Mbedza, una aislada comunidad rural del sur de Malawi, Fedson Feston, de cuatro meses, sonríe sin saber cuán afortunado es de estar vivo.

Manes Feston, acompñada de sus dos hijos, carga Fedson de cuatro meses, el único sobreviviendo de los trillizos que tuvo. Crédito: Travis Lupick/IPS.
Manes Feston, acompñada de sus dos hijos, carga Fedson de cuatro meses, el único sobreviviendo de los trillizos que tuvo. Crédito: Travis Lupick/IPS.
Cuando su madre, Manes, empezó el trabajo de parto, ella y su esposo estaban lejos del hospital más cercano. La pareja halló un arbusto al costado del camino y allí nacieron Fedson y sus dos hermanos. Eran trillizos.

De ellos, un varón, llamado Ezera, falleció al día siguiente en un hospital. Poco después, Fedson y su hermana, Mandaliza, fueron dados de alta.

Los médicos le dijeron a Manes que, por ser prematuros y estar todavía débiles, los recién nacidos necesitaban cuidados especiales, como estar todo el tiempo en un lugar cálido. Pero era invierno, y eso resultó difícil.

Su familia es extremadamente pobre, y el esposo de Manes siempre estaba lejos, buscando trabajo. Además, la pareja tenía otros cinco hijos pequeños que atender.
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Por eso no pasó mucho tiempo hasta que Mandaliza falleció.

"La casa en la que vivimos es improvisada y no brinda suficiente calor para niños prematuros. Pienso que eso ayudó a que perdiéramos a la otra bebé", dijo Manes.

Luego de que la mujer sobrevivió a ese parto complicado, algo mínimamente parecido a un estado de bienestar pudo haber salvado a su segunda hija.

Aproximadamente dos dólares habrían alcanzado para que la familia comprara mantas extra y queroseno, o incluso una escasa suma correspondiente a un seguro por desempleo le podría haber aportado alguna seguridad financiera. El esposo de Manes es un trabajador zafral y estaba desempleado cuando nacieron los trillizos.

Pero en este pequeño país de África austral, esas redes de seguridad social prácticamente no existen.

"Creo que este es el motivo por el que mujeres como yo sufren y llegan al punto en que (pierden) hijos, que de otro modo habrían vivido", se lamentó Manes.

La situación de esta familia no es un caso aislado. En Malawi, 74 por ciento de la población vive con menos de 1,25 dólares diarios, y casi uno de cada 10 niños muere antes de cumplir cinco años.

Esta proporción aumenta a dos de cada 10 según el Índice Ibrahim sobre la Gobernabilidad en África 2010, lo que refleja el hecho de que vastos sectores de la población están excluidos de la sociedad debido a la pobreza y la desigualdad.

Existe legislación que busca proteger a familias en tiempos difíciles, como la Ley de Empleo y el enmendado Proyecto de Pensiones.

Sin embargo, según un informe divulgado en 2010 por la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra, 90 por ciento de los más de 13 millones de habitantes de Malawi trabajan fuera de la economía formal.

El ministro de Trabajo, Lucius Kanyumba, sostuvo que el gobierno intentó que esas personas fueran protegidas por las leyes. La sección 43 de la Ley de Empleo se refiere a los beneficios para los trabajadores zafrales, observó. Y una enmienda de 2010 a esa norma redujo de 12 a tres meses el periodo requerido para cobrar beneficios por servicios prolongados.

"Esta es la campaña que el gobierno lleva a cabo en un esfuerzo por abordar las desigualdades para todos los trabajadores en Malawi, ya sea en el sector formal como informal", dijo.

Sin embargo, las evidencias sugieren que tales esfuerzos no logran llegar a los más vulnerables.

Jonathan Mbenje, de 73 años, se desempeña como guardia nocturno. "Ser guardia, especialmente a esta edad, es muy peligroso", dijo.

Cuando su empleador y muchos otros pagan indemnizaciones por cese, a menudo las sumas son muy inferiores a lo que la ley indica.

"La mayoría de las veces dan entre (120 y 240 dólares)", dijo, enfatizando que la indemnización se paga una sola vez.

"Con ese dinero no se puede sobrevivir, por eso todavía trabajo a los 73 años", explicó.

Enock Andaradi, de 79 años, relató una historia similar. Quien otrora fue también guardia de seguridad, actualmente se ve obligado a vivir de lo que encuentra en los basureros de Blantyre.

Andaradi dijo no haber oído nunca sobre ninguna clase de servicio social que brinde asistencia a los ancianos.

Chandiwira Chisi, coordinador de campaña en la organización no gubernamental Action Aid, señaló que esas situaciones son típicas de una economía en desarrollo. Los trabajadores informales "quedan fuera del sistema de seguridad social", dijo.

Las leyes laborales vigentes en Malawi dan poco poder al trabajador promedio y brindan demasiadas oportunidades para que los empleadores se aprovechen del personal, afirmó Chisi.

En cuanto a las preocupaciones de que la población no está cubierta por las redes de seguridad social, el ministro Kanyumba llamó la atención sobre el Programa Nacional de Trabajo Decente, creado en agosto.

Según él, se trata de un programa que promueve el trabajo significativo para quienes están empleados en el sector informal. Fomenta las habilidades empresariales y la conciencia en torno a los derechos laborales, al tiempo de brindar capitales iniciales para pequeñas empresas, explicó.

Otra iniciativa es la Política de Apoyo Social de Malawi.

Los más pobres y vulnerables "son inevitablemente excluidos de los beneficios y de un pleno aprovechamiento del proceso de desarrollo económico", se señala en el documento. Por lo tanto, en el centro de la iniciativa hay un programa de transferencia de fondos sociales, dijo el ministro de Género, Infancia y Desarrollo Comunitario, Reen Kachere.

Los hogares aptos para acogerse al mismo reciben un promedio de 12 dólares mensuales, además de asignaciones adicionales (de entre 1,20 y 2,40 dólares) por cada hijo que se inscribe en la escuela.

Sometido a prueba en un solo distrito en 2006, este programa se aplica ahora en siete regiones, brindando asistencia financiera a más de 30.400 hogares. Hay planes en marcha para ampliarlo a otros seis distritos este año, anunció Kachere. "Y luego, después de un año más, queremos aplicarlo a aun más zonas del país", añadió.

La Política de Apoyo Social es la clase de programa que pudo haber salvado a los hermanos de Fedson.

Para Manes, el dolor sigue siendo insoportable. "No puedo aceptar que perdí a mis hijos, quienes podrían haber sobrevivido si alguien hubiera hecho algo", dijo.

"Cuando estaba en el hospital conocí a otras mujeres con problemas similares. Ojalá el gobierno interviniera para ayudar a personas vulnerables que no pueden ayudarse a sí mismas", expresó.

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