EEUU: Bin Laden muerto puede sacudir diplomacia bélica

La muerte de Osama bin Laden, ejecutada por un pequeño grupo de elite de la marina de guerra de Estados Unidos, puede tener impactos significativos en las relaciones de este país con Pakistán, escenario del ataque, y con Afganistán, su punto de partida.

Varios analistas coinciden en que la operación, que tomó por blanco un complejo ubicado en un adinerado suburbio de Islamabad sin previa consulta con las autoridades pakistaníes, probablemente empeorará las relaciones ya tensas con Pakistán.

También señalan que el éxito del operativo ofrece al presidente Barack Obama la posibilidad de involucrarse más en una estrategia antiterrorista en Afganistán, en oposición a la estrategia contrainsurgente y de construcción nacional que buscó el comandante saliente en ese territorio, general David Petraeus.

De ser así, los 100.000 efectivos militares actualmente desplegados allí podrán ser retirados antes de lo previsto.

Aunque la muerte de Bin Laden es ampliamente elogiada como una gran victoria para Washington, al que insumió casi una década hallar al líder de Al Qaeda, la mayoría de los analistas en Washington consideran que el asesinato también puede apresurar la muerte de esa red extremista. Y esto pese a que probablemente sus miembros en el mundo islámico seguirán siendo una amenaza durante algún tiempo.
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Ahora, "a cualquiera le llevará mucho tiempo reclamar la influencia de Bin Laden en los círculos terroristas salafistas, independientemente de quién y cuán rápidamente lo reemplace desde el punto de vista nominal como jefe de Al Qaeda", dijo Vanda Felbab-Brown, especialista en temas de Asia meridional en la Brookings Institution.

Entre los islamistas violentos, Bin Laden tenía un estatus y prestigio "casi míticos", sostuvo.

"Bin Laden era la única figura de Al Qaeda capaz de concitar la atención de una audiencia árabe dominante", escribió este lunes Marc Lynch, experto en opinión pública árabe de la Universidad George Washington, en su blog foreignpolicy.com.

"Tuvo un carisma único y pudo enmarcar la narrativa de Al Qaeda de modos que resonaron ante una audiencia árabe y musulmana más amplia", según Lynch, quien pronosticó que la muerte de Bin Laden distraerá apenas por poco tiempo la atención de los medios sobre los levantamientos populares que han dominado la región en los últimos meses.

De hecho, para Christopher Davidson, experto en asuntos del Golfo en la británica Universidad de Durham, el asesinato de Bin Laden puede dar un renovado impulso a la "primavera árabe".

Aunque el propio Bin Laden se volvió "poco más que una figura decorativa" en los últimos años, "el impacto de su muerte en los regímenes autoritarios de Medio Oriente y otros países islámicos será significativo, dado que desempeñó un rol importante y valioso como ‘cuco’ que se pudo sacar a relucir para justificar por qué a menudo se necesitaban brutales ofensivas y límites a las expresiones políticas", dijo.

Sin embargo, por ahora las mayores implicaciones en materia de política exterior en relación a la matanza de Bin Laden y al modo completamente unilateral en que se llevó a cabo parecen involucrar a Pakistán.

Que Bin Laden viviera durante algún tiempo —posiblemente cinco años— en un complejo inusualmente grande y fortificado en Abbottabad, una comunidad ubicada a 50 kilómetros de Islamabad entre cuyos residentes hay una cantidad desproporcionada de altos militares retirados, confirmó a la mayoría de los analistas que por lo menos algunos sectores del gobierno pakistaní brindaron un refugio seguro al "enemigo público número uno" de Washington.

"Nos preocupa mucho que él estuviera dentro de Pakistán", dijo un alto funcionario gubernamental a los periodistas en una conferencia telefónica convocada el domingo por la noche, inmediatamente después de que Obama anunció la muerte de Bin Laden.

Las acusaciones públicas de altos funcionarios gubernamentales y militares de Estados Unidos en cuanto a que Islamabad no estaba cooperando plenamente con los esfuerzos antiterroristas de Washington ya habían subido de tono en las semanas previas al ataque del domingo.

Y pese a que ambas partes aseguraron este lunes que siguen siendo aliadas cercanas, parece un hecho que esto empeorará sus relaciones, según prácticamente todos los analistas en Washington.

En cuanto a Pakistán, "o bien se alía a Estados Unidos de un modo mucho más completo, o bien se prepara para que Estados Unidos actúe de manera independiente", sostuvo Richard Haass, presidente del no gubernamental Council on Foreign Relations, en una teleconferencia de prensa realizada este lunes.

Haass sugirió que, a menos que se pueda restablecer la confianza, a Washington le resultará difícil justificar la continua ayuda financiera que brinda a Islamabad, actualmente de 1.500 millones y 1.000 millones de dólares en asistencia no militar y militar, respectivamente.

"Esto definitivamente empeorará nuestras relaciones con Pakistán", pero "son los pakistaníes quienes se están apartando de nosotros y acercando a China, y ese proceso continuará", evaluó el coronel retirado Patrick Lang, quien se desempeñó como máximo funcionario para Medio Oriente y Asia meridional en la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA, por sus siglas en inglés).

Lang también señaló que el éxito del ataque transfronterizo contra Bin Laden puede darle a Obama la oportunidad de reducir su compromiso con una estrategia contrainsurgente de "creación nacional" en Afganistán, favoreciendo una estrategia antiterrorista que requiera muchos menos soldados en el terreno.

Haass coincidió, planteando que el tema será objeto de un debate cada vez mayor a medida que se acerque el 1 de julio, fecha para la cual Obama se comprometió —en noviembre de 2009— a empezar a retirar las fuerzas estadounidenses de Afganistán. Pero Petraeus abogó apenas por una reducción nominal.

Matthew Hoh, director del Afghanistan Study Group y quien estuvo apostado en Afganistán como capitán de marina y luego como funcionario del Departamento de Estado (cancillería), dijo esperar que la muerte de Bin Laden permita al público estadounidense cerrar el capítulo del 11 de septiembre de 2001, cuando atentados atribuidos a Al Qaeda dejaron 3.000 muertos en Nueva York y Washington.

"También espero que esto brinde al presidente Obama el espacio político para buscar una seria distensión de la guerra", agregó.

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