Cumbre climática de Cancún requiere esperanzas modestas

Antes de la cumbre sobre el calentamiento global celebrada el año pasado en Copenhague las expectativas eran exageradas, y eso llevó a menospreciar sus logros, dijo el representante especial de México para el Cambio Climático, Luis Alfonso de Alba.

Precisamente México será sede de la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 16), que se realizará entre el 29 de noviembre y el 10 de diciembre en la sudoriental ciudad de Cancún.

De Alba busca garantizar que la cumbre evite esas trampas de las expectativas y se centre en objetivos específicos que puedan cumplirse y sentar las bases para un tratado vinculante más ambicioso.

"Antes de Copenhague, la mayoría de los negociadores eran conscientes de que estábamos lejos de lo que todavía se consideraba el objetivo: un resultado legalmente vinculante. Pero de todos modos fuimos a Copenhague con la expectativa de lograr ese tratado único", dijo De Alba a los periodistas reunidos el jueves en Washington.

Desde el inicio, el proceso de Cancún ha sido diferente, señaló.
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"Estamos viendo un mayor pragmatismo dentro de las negociaciones y un reconocimiento de que no tendremos un resultado vinculante este año", dijo Elliot Diringer, vicepresidente de estrategias internacionales en el Pew Center on Global Climate Change, donde se realizó la conferencia de De Alba.

Se espera que este proceso deliberativo y pragmático conduzca a decisiones que puedan sentar la infraestructura institucional para ese futuro tratado climático mundial.

"Esperar hasta después de Sudáfrica (donde en 2011 se realizará la COP 17) no significa que no habrá acción", observó De Alba, agregando que en Cancún se pueden adoptar varias decisiones concretas por más que no haya un tratado vinculante.

OBJETIVOS CONCRETOS

Mientras lidera los preparativos para la cumbre en México, De Alba hace énfasis en las finanzas y la transparencia.

Dentro de ese enfoque, considera que la reunión de Cancún será exitosa si logra un acuerdo que confirme los compromisos asumidos en Copenhague y permita a los negociadores volver a sus países con pautas de acción específicas, que puedan concretarse inmediatamente.

También destacó que el abordaje del cambio climático requiere un calendario.

Uno de los pasos que éste debería contener es garantizar que los comités financieros de los países industrializados cumplan con su función. A ese fin, el gobierno holandés, con ayuda de México y de organizaciones internacionales, ha creado un sitio web (www.faststartfinance.org) para rastrear si esos países están aportando el dinero que prometieron y a dónde van esos fondos.

Actualmente, ese sitio sólo rastrea las contribuciones de Alemania, Dinamarca, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Noruega y la Unión Europea, pero De Alba dijo que Estados Unidos también está por integrarse al proyecto.

El acuerdo de Copenhague, no vinculante, prometió 30.000 millones de dólares que los países ricos deberán aportar a los pobres entre 2010 y 2012. Este dinero se usará tanto para la mitigación del cambio climático como para ayudar a paliar los daños causados por desastres vinculados al mismo. Sin embargo, todavía se requiere un mecanismo financiero a largo plazo, así como el marco institucional que permita decidir a qué proyectos y a qué países se destinan esos fondos.

Incluso sin un tratado vinculante se puede crear la "infraestructura" de un sistema climático mundial y los países pueden empezar a adaptarse a la misma, explicó Diringer.

EL ENFOQUE INVERSO

Se espera que avanzar hacia una mayor transparencia aumente la confianza entre los países y permita mayor compromisos y consensos en Cancún y en futuras conferencias.

Ya se han producido algunos avances en esta generación de confianza.

De Alba señaló como un éxito de Copenhague el haber impulsado por primera vez el reconocimiento de que todos, incluso los países en desarrollo, comparten la responsabilidad de combatir el cambio climático.

Pero el hecho de que el único resultado haya sido un acuerdo no vinculante negociado a puertas cerradas por unos pocos países —y que después no logró plena aprobación—significa que "la tarea prioritaria es reconstruir la confianza", dijo.

Con eso en mente, desde Copenhague ha participado en consultas en países que sintieron que sus preocupaciones no necesariamente fueron tenidas en cuenta en el acuerdo.

"El principal objetivo de estas consultas fue reconstruir la confianza y crear un proceso muy inclusivo de negociaciones y consultas que esté plenamente en línea con las mejores prácticas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el sistema multilateral", explicó De Alba.

También dijo que este enfoque puede verse como el inverso al adoptado en el periodo previo a la cumbre danesa.

Antes de Copenhague, el debate se concentró principalmente en los mayores emisores, por lo que desde enero la política es hacer primero las consultas entre los menores y luego subir en la escala, explicó.

Entre los que presentaron críticas estuvo Bolivia, que en abril realizó su propia Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra en la central ciudad de Cochabamba.

Esa reunión congregó a unos 35.000 ambientalistas de 125 naciones, que exigieron la creación de un tribunal de justicia climática, con facultades para juzgar a personas o empresas responsables de contaminar.

También solicitaron una minuciosa reforma de la ONU que permita juzgar a los países que no cumplen con sus compromisos de reducción de emisiones.

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