Biopiratería divide al Norte del Sur

La biopiratería es un motivo de enfrentamiento entre el Norte y el Sur, pese a que 2010 fue declarado Año Internacional de la Diversidad Biológica.

Además se cumplen 17 años de la adopción del Convenio sobre la Diversidad Biológica, en la llamada Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en 1992.

Investigadores y activistas llaman biopiratería al "robo de recursos genéticos", es decir, cuando las corporaciones se aseguran "monopolios privados rentables mediante el reclamo de patentes sobre genes, plantas y conocimientos afines, originarios de África", según el Centro Africano de Bioseguridad, con sede en Sudáfrica.

La 10 reunión del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que se realizará del 18 al 29 de octubre en la ciudad japonesa de Nagoya, tratará el nuevo régimen internacional del acceso a recursos genéticos y el reparto de los beneficios, propuesto por primera vez en 2002.

La controversia sobre el derecho de propiedad no es nueva.
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La gigante farmacéutica Bayer presentó una patente en 1995 para producir Glucobay, una droga que se utiliza para tratar la diabetes tipo II, fabricada a partir de la cepa de una bacteria que se encuentra en la localidad keniata de Ruiru.

Por su parte, Merck patentó en 1996 un antimicótico identificado en la bosta de jirafa en Namibia. Asimismo, la corporación canadiense Biotech reclamó derechos sobre semillas de jengibre que curanderos congoleños utilizan desde hace mucho tiempo para tratar la impotencia. Y la lista es larga.

"El problema es que no hay un sistema de control sobre la biopiratería", señaló Krystyna Swiderska, especialista del Instituto Internacional para Desarrollo y Ambiente, con sede en Londres.

"Cada tanto, organizaciones no gubernamentales realizan campañas y denuncian un caso particular, pero es difícil saber con qué asiduidad ocurre la biopiratería o cómo afecta a las farmacéuticas, a los medicamentos a base de hierbas, a las semillas, a los alimentos o a los procesos industriales", explicó.

El problema no se concentra en África, pero "comunidades indígenas como las de ese continente poseen conocimientos tradicionales, ya sea en materia de medicamentos o de variedades de cultivos", indicó Swiderska.

Las corporaciones del Norte reclaman derechos exclusivos en el uso de ingredientes o procesos identificados o creados hace mucho tiempo por curanderos tradicionales.

Los indígenas africanos no tienen normas ni marco institucional que proteja su conocimiento.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica, suscrito por 192 países, se propone asegurar un reparto justo y equitativo de los beneficios proporcionados por los recursos genéticos. La mayoría de los estados ratificaron el tratado.

"El problema es que muchos de esos recursos ya fueron recolectados y están en bancos genéticos o jardines botánicos del Norte. Hasta que se emita la patente comercial es difícil saber qué sucede", indicó Swiderska.

Siete posibles nuevos casos de biopiratería fueron identificados por el Centro Africano de Bioseguridad, incluyendo países como Etiopía y Madagascar, en el informe "Pirateando el Patrimonio Africano", de 2009.

Los recursos afectados incluyen virus identificados en la sangre del pueblo camerunés baka y que ahora "reclaman las corporaciones como propiedad intelectual exclusiva".

El daño es difícil de medir, señaló Swiderska, pero "las estimaciones económicas suelen realizarse sobre la base del volumen de los mercados de productos naturales, que es enorme".

Son muy pocos los casos en que indígenas y corporaciones llegan a un acuerdo para compartir los beneficios. La mayoría de las comunidades crearon y usaron ciertos recursos genéticos desde hace siglos y nunca participaron de las ganancias.

"Los países africanos pueden estar perdiéndose beneficios enormes", indicó Swiderska.

Es infame el caso del cactus de Hoodia, utilizado por generaciones del pueblo san para suprimir el apetito en el desierto de Kalahari, en Sudáfrica.

Los derechos de comercialización fueron vendidos al laboratorio Pfizer, con sede en Nueva York, que fabrica productos para perder peso. Tras años de disputas se llegó a un acuerdo para que los san reciben regalías, estimadas en apenas 0.003 por ciento de las ventas al por menor, según el Centro Africano de Bioseguridad.

Lo más cercano a un logro fue la revocación de la patente de un tipo de geranio sudafricano, el pelargonium, sobre el que una compañía alemana reclamaba derechos de propiedad intelectual exclusivos para fabricar un medicamento contra la tos.

"La segunda parte de la historia debiera ser que el conocimiento tradicional se reconozca y que se los acepte como actores", indicó Mariam Mayet, directora del Centro Africano de Bioseguridad.

"Los gobiernos deben obligar a las compañías a suscribir acuerdos para compartir los beneficios con comunidades tradicionales", añadió.

"El problema es que el Convenio sobre la Diversidad Biológica estipula compartir los beneficios de los nuevos recursos genéticos, una vez que entra en vigor. No se aplica a lo que ocurrió antes, pero la mayoría de las apropiaciones fueron en los últimos 200 años", explicó Swiderska.

"El sistema protege la innovación individual mediante tratados y convenios, pero no hay nada vinculante sobre el conocimiento tradicional", remarcó.

Swiderska espera que en la 10 reunión del Convenio sobre la Diversidad Biológica cambie el régimen internacional sobre el acceso a recursos genéticos y el intercambio de beneficios e incluya al conocimiento tradicional.

Pero los países del Norte se "oponen de forma rotunda" a incluir ese aspecto, lo que supone otra dura batalla para el Sur en el ámbito internacional.

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