EDUCACIÓN-URUGUAY: Ese analfabetismo oculto

«Disculpe, me olvidé de los lentes, ¿no me diría qué dice ese letrero?». Esta frase era común en boca de Juan Gómez, quien a sus 77 años no sabía leer ni escribir. Ahora, tras un curso de cuatro meses dictado por un programa especial, ya no tiene que preguntar con cierta culpa.

La vida de Juan, que incluso llegó a utilizar el artilugio de vendarse las manos cuando sabía que debía firmar algo, fue dura y debió priorizar el trabajo rudo en el puerto de Montevideo para subsistir antes que pensar en estudiar.

Ya jubilado y frente a la insistencia de su esposa, este hombre ya anciano venció sus miedos y se embarcó «en la aventura de aprender a leer y escribir», como lo definió en diálogo con IPS. Hoy se siente «orgulloso» de haberle ganado la batalla a la vergüenza y el temor que significan ser analfabeto.

Juan es uno de los 5.000 alfabetizados entre 2007 y 2009 gracias al programa «En el país de Varela: Yo, sí puedo», una adaptación uruguaya de un plan cubano que desde hace décadas recorre diferentes confines del mundo.

[pullquote]1[/pullquote]El nombre fue elegido por las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) en honor a José Pedro Varela, considerado el gran reformador de la enseñanza pública uruguaya, quien, entre otras medidas, estableció ya a fines del siglo XIX la obligatoriedad de la concurrencia a la escuela de todos los niños y niñas.

«Tenía mucho miedo de ser rechazado, mucha vergüenza cuando fuimos con mi esposa a anotarme. La maestra me tranquilizó. Empecé de cero porque no sabía hacer la o ni con un vaso», explicó. «En cuatro meses descubrí un mundo nuevo, me siento muy orgulloso», repite una y otra vez y por momentos la voz se le quiebra de emoción.

«Esto es para mí una ventana que se me abrió», le confesó Juan Gómez a su maestra a principios de enero, cuando, junto a otros compañeros, se graduó de este curso que incluye temas de interés general, apunta a la ampliación del horizonte cultural de los participantes y desarrolla actividades de comprensión, lectura, escritura y aritmética.

«Vale la pena hacer el esfuerzo», «ahora quiero empezar la escuela» formal y «quiero estudiar más porque comprendí qué importante es», son algunas de las expresiones más escuchadas entre otros asistentes al programa que fueron entrevistados por IPS y que cargan con historias de vida muy distintas a la de Juan.

Todos ellos egresaron del curso sabiendo leer y escribir textos cortos, aunque con algo más valioso en sus vidas: una notable mejora en su autoestima.

SE BUSCAN ILETRADOS

Durante cuatro meses, los alumnos concurren a cuatro clases semanales de una hora y media cada una. Además del clásico pizarrón, los librillos de estudio, el lápiz y el cuaderno, son estimulados en forma audiovisual con el apoyo de 65 teleclases.

Los grupos no superan los 15 alumnos «para no perder de vista el trabajo personalizado y acelerar el proceso de aprendizaje», explicó a IPS el maestro Yamandú Ferraz, responsable del programa. Los resultados han sido buenos, al punto de que 81 por ciento de los asistentes aprobaron el curso.

Además, los alumnos y alumnas reciben una pequeña biblioteca financiada con el aporte de varias empresas y bancos estatales y una editorial local que colaboró con la impresión de este conjunto de libros de autores latinoamericanos.

Casi un mes después de haber asumido en marzo de 2005 el primer gobierno de izquierda en Uruguay, encabezado por Tabaré Vázquez, de la coalición Frente Amplio, se aprobó con apoyo del opositor y derechista Partido Nacional la ley que creó el Mides, cuyo buque insignia fue el Plan de Atención Nacional de la Emergencia Social (Panes).

Entre los objetivos iniciales del Panes no estaba planteada la alfabetización, pero, tras un estudio minucioso de los casi 90.000 hogares inscriptos en busca del beneficio, las autoridades descubrieron que una gran cantidad de uruguayos mayores de 15 años no sabían leer ni escribir o presentaban graves deficiencias a la hora de hacerlo, señaló Ferraz.

Estudios oficiales indicaban en 2006 que aún 2,4 por ciento de los uruguayos adultos no sabían leer ni escribir, pese a que este país, gracias a la reforma vareliana, fue un adelantado y ya a mediados del siglo XX mostraba los mejores indicadores de América Latina en la materia, con sólo 10 por ciento de iletrados. Ahora la intención es declarar al territorio libre de analfabetismo.

CON TV, RADIO, LÁPIZ Y PAPEL

Ferraz y un equipo de maestros y maestras, como la propia ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, quien es especializada en educación de adultos, comenzaron a buscar técnicas que tuvieran resultados tangibles sin necesidad de una gran inversión de dinero.

Por si fuera poco, las autoridades del Mides detectaron que en apenas cuatro o cinco escuelas de todo Uruguay se impartían clases específicamente para adultos.

Fue entonces que encontraron el programa «Yo, sí puedo», creado por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (Iplac), una entidad del Ministerio de Educación de Cuba que ya alfabetizó a más de dos millones de personas en Argentina, Bolivia, Canadá, Brasil, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Venezuela y hasta en Australia, Nueva Zelanda y países africanos y asiáticos.

El caso más curioso se registró en Haití, donde este plan se aplicó a través de un programa radial en francés, por el cual cientos aprendieron a leer y escribir sólo contando con un receptor , sus librillos, un cuaderno y un lápiz, recordó Ferraz.

La experiencia de la alfabetización por radio en Haití llevó a que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) le otorgase en 2002 a Cuba la mención honorífica «Rey Seijong» por los resultados alcanzados con esta metodología.

Un año después esta agencia repitió la distinción, que hace honor a las contribuciones excepcionales a la alfabetización que ese monarca realizó hace más de 500 años en Corea, a las autoridades de la enseñanza cubana, esta vez por su colaboración internacional en ese campo. Además, el Iplac es desde 1994 Cátedra de la Unesco en Ciencias de la Educación.

La variante de este método de alfabetización, pero por televisión, se aplica con igual éxito. Al igual que en otros lugares, en Uruguay el programa requirió poner en contexto los materiales de estudios y, principalmente, en el soporte audiovisual.

Para ello, el Mides convocó para la filmación de las 65 teleclases a actores de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) «Margarita Xirgú» y a la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA).

La diferencia con otros países es que en lugar de recurrir a «facilitadores» (personas que saben leer y escribir y pueden dictar con soltura una teleclase), en este país se apostó a maestros, profesionales en la difícil tarea de enseñar, indicó Ferraz.

Desde su puesta en marcha han trabajado entre 250 y 300 maestros y maestras a través de un convenio ministerial con la Administración Nacional de Enseñanza Pública (ANEP).

MISIÓN SINFÍN

En Uruguay, con 3,3 millones de habitantes, hay aún 184.000 personas mayores de 15 años que no superaron el tercer año de la escuela primaria y, entre ellas, 30.000 nunca concurrieron a un centro educativo, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE).

El INE detalla que, según la última encuesta de hogares, 2,2 por ciento de los mayores de 15 años declararon no saber leer y escribir, 1,6 por ciento que nunca fueron a la escuela, 0,8 que cursaron primer año de primaria, 1,6 que finalizaron segundo año y 3,8 por ciento que aprobaron tercer año. «Ésta es la población objetivo del programa», señaló Ferraz

De ese universo, 54 por ciento son mujeres. El estudio reveló también que las personas de entre 15 y 54 años representan 30 por ciento, al tiempo que la cantidad de analfabetos mayores de 55 años trepa a 70 por ciento.

El responsable del programa explicó que existen tres tipos de analfabetismo: el puro, que son aquellas personas que nunca aprendieron a leer ni a escribir, por desuso, que son los que olvidaron las capacidades adquiridas por no utilizarlas, y el funcional, es decir quienes no manejan la lecto-escritura con la suficiente fluidez como para comprender lo que leen.

«El analfabetismo es un factor de exclusión y una verdadera injusticia social», precisa Ferraz. Es que aprender, o volver a leer y escribir, sirve para comprender la mayoría de los avisos y señalización callejera, disfrutar un cuento, una novela o una película subtitulada, manejar en forma segura productos peligrosos, prospectos de medicamentos, ayudar a hijos o nietos en sus estudios y acceder a mejores posibilidades laborales.

El responsable de «En el país de Varela: Yo, sí puedo» enfatizó que el programa «no bajó la tasa de analfabetismo en Uruguay, pero sí tuvo una incidencia fundamental en comenzar a mejorar esta situación y en sensibilizar a las autoridades de organismos públicos». Por eso, no dudó en afirmar que «queda mucho por hacer».

Se calcula que en el mundo hay 771 millones de analfabetos, 34 millones de los cuales viven en América Latina, donde también hay otras 110 millones de semianalfabetos, todas personas que por ello son excluidas socialmente, con su autoestima disminuida y que ven coartadas sus posibilidades intelectuales y laborales.

Entre los ocho Objetivos de Desarrollo para el Milenio, comprometidos por los gobiernos en 2000 en la Organización de las Naciones Unidas, está el asegurar que en 2015 los niños y niñas de todo el mundo puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria.

En ese marco, la Unesco y la propia ONU manifestaron su compromiso de reducir el analfabetismo en 50 por ciento para 2015, pero según los reportes de cada país, lejos de alcanzarse este objetivo, se ha producido un claro estancamiento.

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