AGRICULTURA: Afganistán de exportación

A primera vista, las 60 hectáreas de tierras agrícolas de Badam Bagh, en el norte de la capital afgana, parecen iguales a cualquier otra en este país. Las coloridas filas de cultivos se extienden desde una carretera polvorienta y hasta la pendiente de una colina.

Frutas afganas empaquetadas para exportación. Crédito: Najibullah Musafer/Killid
Frutas afganas empaquetadas para exportación. Crédito: Najibullah Musafer/Killid
Pero, al mirarlas más de cerca, queda claro que no se trata de la granja afgana promedio.

Hombres vestidos con una suerte de trajes espaciales de plástico verde pisotean las viñas, y ancianos de largas barbas grises deambulan por el terreno, blandiendo rociadores impulsados a motor, mientras un hombre blanco les explica cómo funciona una nueva máquina a gas que esparce insecticida.

Se trata de una granja modelo que integra un programa conjunto del Ministerio de Agricultura de Afganistán y de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

El objetivo del proyecto es llevar a cultivadores de todo Afganistán a Kabul y capacitarlos en modernas técnicas de agricultura orgánica, que incluyen desde la irrigación y la rotación de cultivos hasta el uso de fertilizantes.
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Badam Bagh también tiene un centro de exportaciones, donde las frutas de casi todas las provincias del país son limpiadas, empacadas y enviadas al aeropuerto, desde donde se transportan a distintas partes del mundo.

Solamente este año, el centro ha empacado y embarcado tres millones de toneladas de manzanas desde las orientales provincias de Wardak y Paktia a consumidores del exterior.

"Esto da a los cultivadores afganos la oportunidad de que sus productos alcancen a los consumidores internacionales. De este modo, nuestras frutas llegan al mundo", dice Hamid, quien ayuda a manejar la granja y el centro de exportaciones.

El establecimiento de Badam Bagh en realidad está allí desde la era soviética, aunque el Ministerio de Agricultura lo reformó, llevándolo a su condición actual luego de 2001. Desde ese momento, el espacio se usó como sitio de exhibición agrícola (hay una gran rotonda con un escenario en un extremo de la propiedad) y como escaparate para modernas técnicas agrícolas.

Ahora la granja cultiva muchas variedades de verduras, frutas, legumbres y granos. Además de manzanas, damascos, uvas y trigo, también hay un invernadero con decenas de clases de plantas y flores.

Una cañería de 10 centímetros que se extiende hasta Badam Bagh desde el lago Kargha (10 kilómetros al oeste de Kabul) abastece de agua a parte de la hacienda. Durante el verano, temporada de mayor producción, más de 200 empleados trabajan la tierra, dejando los cultivos prontos para la cosecha.

Los fondos proceden de Usaid, y el Ministerio de Agricultura los administra mediante el Programa de Adquisición Acelerada de Habilidades. Las llamadas de IPS a las oficinas del programa no fueron devueltas a tiempo.

Precisamente ahora es la temporada de la uva tinta en Badam Bagh. Decenas de filas de esta fruta regordeta y madura penden de las viñas en el frío aire otoñal. Algunos racimos pesan hasta cuatro kilogramos. La mayoría de estas uvas serán recogidas por los trabajadores y empacadas para su exportación, pero primero servirán como modelo para enseñarles mejores técnicas agrícolas a cultivadores de todo Afganistán.

En un reciente seminario de una semana realizado en Badam Bagh, se instruyó a cultivadores de las provincias de Logar (este) y Kandahar (sur) y otros lugares sobre el adecuado uso, almacenamiento y eliminación de pesticidas.

También se les mostró cómo usar trajes especiales para proteger su piel y sus ojos de estos productos químicos. Los agricultores practicaron técnicas seguras de rociado sobre los cultivos de Badam Bagh, entre ellos los de uvas tintas.

Dentro de unos pocos días, las uvas estarán listas para la cosecha. Se las trasladará a un depósito y se las preparará para ser enviadas a mercados de dentro y fuera del país.

En una ocasión, el centro de exportaciones se encontraba procesando una enorme carga de granadas que acababan de llegar de Kandahar. Los trabajadores clasificaron las frutas. Las de mayor calidad las enviaron al exterior, a precios especiales, en cajas de cartón que rezaban: "Frutas frescas de calidad procedentes de Afganistán". Las restantes se quedaron en el país, para ser vendidas en mercados internos.

Murtaza, de 18 años, trabaja en el centro de exportaciones desde hace tres meses. Aunque la actividad no es fácil, es estable, explica, agregando que también siente que está ayudando a que el mundo sepa que Afganistán tiene más que guerra y malestar político para ofrecer.

En algunos casos, las frutas tienen que dar un paso extra antes de ser vendidas en el mercado abierto. Algunas de esas uvas tintas, por ejemplo, se desecarán para convertirlas en pasas y luego se empacarán para su venta.

Este proceso se realiza en una larga estructura de madera, de la que penden las uvas.

"Éstas son de estilo iraní", explicó Hamid, señalando algunas. "Y éstas son de estilo indio", agregó, mostrando las decenas que se desecan en una retícula de metal.

Entonces Hamid exhibió con orgullo los racimos que colgaban sobre una serie de varas de bambú dispuestas horizontalmente. "Éstas son de estilo afgano. Las mejores pasas del mundo", afirmó.

* Este artículo fue originalmente publicado en el semanario Killid. The Killid Group e IPS son socios desde 2004.

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