ISRAEL-PALESTINA: Buen momento para no hacer la paz

La causa de la paz entre Israel y Palestina retrocedió bastante en los últimos días, según analistas. Si están en lo cierto, las intensas gestiones de Estados Unidos tuvieron como paradójico efecto un retroceso del diálogo. ¿Quién tiene la culpa?

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no puede ser acusado de mantenerse fuera de las frías aguas de un proceso de paz estancado hace mucho tiempo.

Obama reclamó la semana pasada en Nueva York al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, y al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, dejar de discutir cómo iniciar las negociaciones y afrontar un diálogo por el fin definitivo del conflicto.

Pero el llamado del presidente estadounidense tuvo escasa repercusión en Medio Oriente. Se percibió, en cambio, cierta desilusión y escepticismo, tanto entre palestinos como entre israelíes que desoyen la advertencia de Obama según la cual Washington está "perdiendo la paciencia".

Porque palestinos e israelíes parecen tener toda la paciencia del mundo.
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"Perdónenos, señor presidente. Está muy bien rezongar a Netanyahu y a Abbas, pero todos nosotros sabemos cuán difíciles son las cuestiones a resolver", dijo Karen Neubach, conductora de un programa radial israelí, luego de la reunión bautizada por analistas israelíes como "cumbre de la reprimenda".

"Usted no puede resolver nuestro conflicto con los palestinos sólo agitando su varita mágica y diciéndonos que avancemos", agregó.

Obama tampoco parece haber persuadido tampoco a los palestinos de que es posible lograr la paz con el actual gobierno israelí.

El gabinete derechista que encabeza Netanyahu es "un problema real", dijo Abbas, entrevistado por el diario panárabe Al-Hayat. "No hay infraestructura para una negociación", sostuvo el líder palestino.

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) había acordado ya un modelo de diálogo con el anterior gobierno israelí, dirigido por el entonces primer ministro Ehud Olmert. "No podemos simplemente empezar de cero", se quejó el presidente.

"Netanyahu dice que no negociará sobre Jerusalén ni sobre los refugiados. Entonces, ¿de qué podemos hablar?", dijo Abbas, quien ubicó entre esos problemas la falta de voluntad del gobierno israelí para detener la actividad de los asentamientos judíos en Cisjordania.

La sensación predominante en ambos lados es que ninguno de los bandos está dispuesto a ceder a las presiones estadounidenses.

De hecho, están menos interesados en tomar medidas por la paz que en preservar su legitimidad ante sus respectivos electorados. Abbas y Netanyahu temen por las consecuencias que tendría cualquier negociación hoy en la opinión pública de sus naciones.

"Ceder a la presión y aceptar un proceso de paz que no sea precedido por el cese completo de la construcción de asentamientos israelíes en los territorios ocupados socavaría el liderazgo palestino", escribió el ex ministro y actual portavoz de la ANP Ghassan Khatib.

Eso también "le daría poder de fuego a quienes se oponen a las negociaciones como medio para resolver el conflicto", anotó Khatib en el semanario electrónico palestino-israelí Bitter Lemons.

Netanyahu aseguró que está "pronto para negociaciones sin precondiciones", pero nada indica que esté dispuesto a promover avances genuinos hacia la paz.

Su estrategia en Nueva York fue considerada exitosa, en especial por sus simpatizantes más nacionalistas, pues se lo percibió como resistiendo a la presión y porque derivó la responsabilidad a los palestinos.

En ese marco, todos los llamados estadounidenses a dialogar sonaron huecos.

Los que parecen ganar fuerza son quienes tratan de bloquear el diálogo.

"Si no hay avances y compromisos en el camino hacia la paz, Hamás (el Movimiento de Resistencia Islámica palestino), Hezbolá (el Partido de Dios libanés) e Irán, que son enemigos del proceso, tendrán poder de veto", dijo a la cadena pública de televisión PBS, de Estados Unidos, el jefe del equipo de la Casa Blanca, Rahm Emmanuel.

La "urgencia" de Obama, de hecho, tiene su base en la acción de esos "enemigos" del proceso de paz. El actual "impulso" a las negociaciones no tiene relación con Israel ni con Palestina, sino con las ambiciones nucleares de Irán.

Las gestiones de Estados Unidos ante Palestina e Israel se aceleraron cuando tomó estado público la existencia de una nueva central nuclear secreta de Irán, en vísperas de las negociaciones entre el régimen islámico de ese país con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) y Alemania.

Obama fue más allá de un "rezongo" a Netanyahu y Abbas: también dejó en claro la dirección que pretende para el proceso de paz en Medio Oriente.

"Estados Unidos no le hace ningún favor a Israel cuando omitimos sumar nuestro inapelable compromiso con su seguridad a la insistencia en que Israel respete los reclamos y los derechos legítimos de los palestinos", dijo el mandatario ante la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

La delegación palestina aplaudió con entusiasmo, mientras Netanyahu, con seguridad, se atragantaba.

Nadie puede dudar de la sinceridad del compromiso de Obama con la paz en Medio Oriente. Lo que también es cierto es que el presidente estadounidense tiene las manos atadas para actuar decisivamente en el proceso hasta que haya atendido la cuestión nuclear iraní, en uno u otro sentido.

Después de todo, acabar con la supuesta amenaza iraní es parte de la paz completa con la que el propio Obama se ha comprometido explícitamente.

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