POLÍTICA: Asperezas entre Occidente e Islam amenazan perpetuarse

Cuando el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, renegó formalmente de la «guerra contra el terrorismo», se despertó la esperanza de que acabaran las fricciones entre Occidente y el Islam. Pero eso no ocurrió.

Crédito: Peter Souza/Casa Blanca
Crédito: Peter Souza/Casa Blanca
Obama articuló un viraje significativo en la política estadounidense cuando dijo en El Cairo, el 4 de junio y ante un auditorio predominantemente musulmán, que su país "no está —y nunca estará— en guerra con el Islam".

Lo que expresó entonces fue aplaudido en todo el planeta, incluso su llamado a "un nuevo comienzo" en el vínculo "entre Estados Unidos y los musulmanes en todo el mundo".

Pero Estados Unidos y Europa occidental no se han puesto al día con esa aparente euforia política.

"La retórica de la 'guerra contra el terrorismo' puede haberse abandonado. Pero muchos civiles todavía sufren la realidad del frente de guerra", dijo a IPS Mark Lattimer, director ejecutivo del Grupo Internacional sobre el Derecho de las Minorías, con sede en Londres.
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La amenaza ha recrudecido para muchas comunidades del mundo musulmán en los últimos meses, según Lattimer.

La mejor señal al respecto, agregó, es el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo: partidos de derecha de las 27 naciones de la Unión Europea, incluidos varios que suelen emitir fuertes críticas a los musulmanes en general, lograron resonantes éxitos.

Entre ellos, Lattimer mencionó al holandés Partido de la Libertad en Holanda (liderado por Geert Wilders, un antimusulmán manifiesto), el danés Partido Popular y el británico Partido Nacional. En cambio, acotó, la ultraderecha perdió apoyo en países como Francia.

Según Lattimer, no hay señales de que la opinión pública europea se haya vuelto más respetuosa de las comunidades musulmanas, pues en la mayoría de los casos ocurre más bien lo contrario.

En Francia, un grupo de legisladores, apoyados por el presidente Nicolas Sarkozy, proponen prohibir la burqa, vestimenta que cubre de pies a cabeza a mujeres de algunas corrientes del Islam.

El parlamento francés prohibió en 2004 el uso de velos y pañuelos con que niños y niñas de ciertas vertientes de la fe musulmana se cubren la cabeza.

Obama dijo al respecto en El Cairo: "Los países occidentales deben evitar impedir que los ciudadanos musulmanes practiquen la religión como mejor les plazca, por ejemplo dictando qué vestimenta debería usar una mujer musulmana."

"No podemos esconder la hostilidad hacia ninguna religión detrás de una fachada de liberalismo", agregó.

El Grupo Internacional sobre el Derecho de las Minorías estimó la semana pasada que, a pesar del cambio de enfoque de Estados Unidos, la población civil del mundo musulmán afronta más riesgos que antes en países ubicados en el frente de la "guerra contra el terrorismo".

Al presentar su clasificación mundial anual "de pueblos bajo amenaza", esta organización de derechos humanos informó que las minorías musulmanas y no musulmanas corren crecientes riesgos, principalmente en África, Asia y Medio Oriente.

Entre los países que encabezan la lista figuran Somalia, Iraq, Sudán y Afganistán. Minorías de todos ellos sufren una violencia generalizada y sistemática, al igual que en otros como República Democrática del Congo.

Pakistán fue la nación que más puestos escaló en la lista respecto de años anteriores, y también aparecen en ella Etiopía, Eritrea, Georgia, Zimbabwe, Guinea, Níger, Kenia, Israel y Palestina.

La mitad de los primeros 20 países de la nómina son africanos, y seis son asiáticos. En esta clasificación anual se enumera a los estados sobre la base de la amenaza de genocidio, matanzas masivas y represión violenta.

El estudio señala que la respuesta militar al extremismo violento, tal como ha sido promovida por Estados Unidos y sus aliados, creó una nueva generación de conflictos de identidad que pusieron en peligro a comunidades civiles enteras.

La "guerra contra el terror", declarada por el ex presidente estadounidense George W. Bush (2001-2009) tras los atentados que acabaron con 3.000 vidas en Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001, devastó a organizaciones humanitarias legítimas del mundo musulmán, advirtió el mes pasado la Unión Americana por las Libertades Civiles (ACLU).

Esas organizaciones son investigadas por agencias del orden público de Estados Unidos o fueron declaradas terroristas por organismos del gobierno, explicó la ACLU, la institución no gubernamental nacional más antigua de las dedicadas a los derechos humanos y civiles.

Obama se comprometió en El Cairo a solucionar esa situación. "En Estados Unidos, las normas sobre donaciones benéficas han vuelto más difícil que los musulmanes cumplan con sus obligaciones religiosas", dijo.

El presidente aseguró que procurará, en cooperación con instituciones representativas de los siete millones de musulmanes estadounidenses, "asegurar que puedan cumplir con la zakat", término en árabe que denomina el mandamiento de caridad.

Luego de ocho años de gobierno de Bush, de muy mala imagen en el mundo islámico, Estados Unidos lanza un nuevo enfoque: no todos los musulmanes son terroristas, ni deberían ser tratados como sospechosos de terrorismo en los aeropuertos de todo el mundo.

Pero, como advirtió Obama, los cambios no ocurrirán de la noche a la mañana. Serán, al menos, dolorosamente lentos.

Lattimer consideró que cuando haya problemas en los distintos países afectados como para que el Consejo de Seguridad de la ONU los atienda ya se habrán perdido muchas oportunidades de solución.

Cuando se llegue a ese escenario, "la situación se habrá politizado, habrá posiciones tomadas" por las distintas partes involucradas "y el gobierno del país en cuestión sentirá que su credibilidad está en juego", señaló.

Aunque el Consejo de Seguridad cuenta con herramientas poderosas —censura, sanciones y, en casos extremos, el uso de la fuerza—, los antecedentes no lo son tanto.

Habría que concentrarse en las acciones tempranas, no sólo en reaccionar a las crisis, agregó.

Mientras, tres de los cuatro países en la lista de "estados terroristas" del Departamento de Estado (cancillería) estadounidense son musulmanes: Irán (desde 1984), Sudán (desde 1993) y Siria (desde 1979). La única excepción es Cuba (1982).

Libia, Iraq (ambos musulmanes) y Corea del Norte han sido eliminados de la lista. Pero el país asiático podría volver en cualquier momento, a causa de las continuas amenazas nucleares que lanza a sus vecinos.

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