AGRICULTURA-BRASIL: Una escuela dignifica la vida campesina

«Acá se forma para el campo y no para la ciudad, que no es mi realidad», por eso «me identifiqué con esta escuela», explicó Israel Santos, de 16 años, alumno de segundo año de secundaria de una escuela agrícola en la zona rural de Independencia, Nordeste de Brasil.

Estudiantes regando la huerta de la escuela agrícola Crédito: Mario Osava/IPS
Estudiantes regando la huerta de la escuela agrícola Crédito: Mario Osava/IPS
La identidad campesina caracteriza a la Escuela Familia Agrícola (EFA) Dom Fragoso, emplazada en el área rural de Independencia, un municipio del estado de Ceará, en el confín nororiental.

El Nordeste es la región más pobre de Brasil, un país de más de 189 millones de habitantes.

Los 92 alumnos de la EFA, provenientes de 50 comunidades de 12 municipios aledaños, alternan dos semanas en la granja-escuela, estudiando y cultivando casi todos los alimentos que consumen, y dos semanas con sus familias, transmitiendo y practicando lo que aprendieron.

La EFA muestra que se puede vivir bien en el campo, según Santos, uno de 11 hijos de una familia que recibió, en virtud de la reforma agraria, un predio de 37 hectáreas en un municipio vecino a Independencia.
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Él frecuenta la escuela desde hace seis años, y le encanta porque valoriza la pequeña agricultura, "antes despreciada".

El novedoso centro de enseñanza surgió en 2002, a iniciativa de la diócesis local de la Iglesia Católica, dirigida entre 1964 y 1998 por el obispo Antonio Fragoso, conocido por su lucha a favor de la gente pobre y campesina. Una asociación sin fines de lucro se dedica a sostenerlo.

Hace cuatro años, la escuela obtuvo reconocimiento oficial para sus cursos de octavo y noveno grado de enseñanza primaria y para los cuatro de nivel secundario. Pero se trata de una educación distinta, para una vida rural en mejores condiciones, valorizándola de tal modo que evite el éxodo juvenil hacia las ciudades.

A las actividades productivas —cuidado de los huertos, apicultura, frutales, semilleros y animales— se dedica una hora en la mañana y otra en la tarde. Pero las clases no hacen distingo entre teoría y práctica.

Los estudiantes también cumplen pasantías, visitando otras comunidades para llevar ideas y conocimientos de agroecología, en un proceso de "intercambio, pues también aprendemos con los agricultores y respetamos su experiencia", observó Rogério Almeida, de 19 años, que quiere estudiar periodismo sin abandonar la agricultura.

Su compañero Francisco Isaias, también en segundo año de secundaria, confesó las dificultades que ha tenido para convencer a su padre de que abandone las "quemadas", esos tradicionales incendios de bosques, paja y matorrales para preparar la siembra.

"No conseguimos acabar con las quemadas en muchas familias, es una cuestión cultural, pero los hijos cultivarán de forma distinta", admitió Francisca do Nascimento, una activista católica de base, graduada en ciencias de la religión y especializada en educación ambiental, que asumió este año la coordinación de la EFA Dom Fragoso.

Isaias, apodado el "Viejo" pese a sus 17 años porque interpretó a un anciano en el teatro escolar, cree que finalmente su padre está dejando esa práctica de quemar la vegetación, que "parece buena en el primer año" pero, a la larga, priva al suelo de fertilidad. Ahora "solo quemamos basura, aunque sepamos que no es correcto, que deberíamos reciclarla", reconoció.

Con la ayuda de un hermano, el estudiante está diversificando la producción familiar introduciendo producción de huerta, frutales, aves y puercos, otra enseñanza de la EFA.

Los escasos "999 metros cuadrados" de tierra que tiene su familia ayudan a superar viejos hábitos paternos de ceñirse a extensas siembras de maíz y frijoles. Aumentar la productividad con especies y técnicas hortícolas se impone como una necesidad.

Los conocimientos agronómicos de estos adolescentes impresionaron a la delegación del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) que visitó la escuela el 20 de este mes.

El presidente de esa agencia de las Naciones Unidas, el nigeriano Kanayo Nwanze, expresó el "orgullo" del FIDA en apoyar a esta escuela a través de proyectos financiados en Brasil.

"He aprendido mucho" de lo que la EFA puede enseñar al resto de Brasil y al mundo, dijo Nwanze al concluir su visita. "Brasil tiene mucho que ofrecer a la cooperación Sur-Sur", agregó, destacando la importancia de la agricultura familiar, a la que se dedica un tercio de la población mundial y produce 70 por ciento de los alimentos consumidos en este país y 80 por ciento de los de África.

Esta escuela agrícola es un modelo a multiplicar, opinó Antonio Amorim, secretario adjunto de Desarrollo Agrario de Ceará. "Queremos una EFA en cada territorio del estado", declaró en referencia a las siete grandes áreas rurales estaduales en las cuales se promueve un desarrollo integrado y que este año llegarán a ser 13.

El objetivo de la escuela es "la formación integral de los jóvenes" para promover el desarrollo rural, definió su coordinadora. La "pedagogía de la alternancia" entre familia y escuela significa que "no aprendemos sólo en el aula, la vida también enseña y el saber se construye en conjunto", explicó Nascimento.

El apoyo del FIDA llega mediante el Proyecto Dom Hélder Câmara, una asociación de esa agencia con el Ministerio de Desarrollo Agrario de Brasil para fortalecer la agricultura familiar en el semiárido Nordeste.

Se trata de procesos participativos que comprenden capacitación, producción, comercialización, salud y género, entre otras necesidades definidas por los propios beneficiados.

La EFA es parte de una iniciativa de educación contextualizada, adecuada a la realidad del campo. Se busca una enseñanza volcada a la convivencia con las frecuentes sequías nordestinas, que comprenda un mejor conocimiento del clima semiárido, captación de agua de lluvia y alternativas de producción familiar y de incorporación de valor agregado.

Cien profesores de escuelas públicas de Tamboril, municipio cercano a Independencia, se están formando en este tipo de educación, lo que beneficiaría a más de 1.000 estudiantes.

Pero la EFA busca nuevos horizontes. Cuarenta de sus jóvenes están estudiando producción de vídeos, con la meta de hacer este año cinco DVD (disco versátil digital). No se trata de desviarse del objetivo primordial, sino de aprender a filmar técnicas agrícolas y la realidad local, explicó Israel Santos, que hace parte del grupo.

Ser habitante de una zona rural tampoco excluye otros talentos. Moisés Santos, de 16 años, ya es locutor de radio y los sábados y domingos conduce un programa de tres horas sobre música en la radioemisora local.

Ese trabajo, remunerado, se suma al de introducir, sin resistencia paterna, la producción orgánica, sin agroquímicos, y nuevas variedades en las 37 hectáreas que tiene su familia de ocho hermanos. Moisés pretende estudiar veterinaria y especializarse en ganadería de pequeños y medianos animales.

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