AGUA-MEDIO ORIENTE: La solución está en el desierto

Muchos pronostican una escasez de agua en Medio Oriente, e incluso alertan sobre guerras por ese recurso. Pero existe mucha riqueza hídrica en el desierto, señaló el geógrafo tunecino Habib Ayeb.

Este profesor de la Universidad de París y de la Universidad Estadounidense de El Cairo, de 52 años, es autor de varias publicaciones, como "Consecuencias económicas y ecológicas de los conflictos en el mundo árabe". Ayeb estuvo en Madrid para dar una conferencia en La Casa Árabe sobre los recursos hídricos y su impacto en Medio Oriente.

"La disponibilidad de agua en la región sería suficiente si añadimos el agua subterránea a la de las lluvias y ríos", dijo Ayeb. La cantidad total de agua en la región excede los 2.000 metros cúbicos por persona al año, en tanto que la frontera con la escasez es de alrededor de 500 metros cúbicos".

Ayeb dijo que el problema del agua en Medio Oriente se debe a una "hidropolítica" que avala el control por parte de las "superpotencias del agua", así como a la falta de rigurosos tratados internacionales para proveer acceso al recurso.

IPS: ¿Cómo explica tal divorcio entre la realidad hidrológica en Medio Oriente y lo que usted considera alarmas apocalípticas?
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HABIB AYEB: Tenemos que mirar algunos hechos geográficos y geopolíticos sobresalientes en la región.

En primer lugar, Medio Oriente es parte de la gran plataforma de desierto que cubre un área que va del océano Atlántico hasta las fronteras de las montañas de Taurus y Zagros en Irán e Iraq.

En segundo lugar, Medio Oriente importa agua del exterior. El río Nilo toma sus aguas de los Grandes Lagos Africanos, en tanto que el Tigris y el Éufrates nacen en Turquía.

Esos ríos contribuyen con cerca de 160.000 millones de metros cúbicos por año, lo que es mucho más que las reales necesidades de toda la población de Medio Oriente, de unos 150 millones. Hay mucho agua allí.

IPS ¿Cuál es el problema entonces?

HA: El problema es que la distribución del agua es desigual, desequilibrada. Algunos países tienen considerables recursos, como Iraq, con más de 4.000 metros cúbicos por persona al año, comparados con los alrededor de 200 metros cúbicos en Gaza, por ejemplo. Cisjordania e Israel de hecho no tienen mucha agua. Este gran desequilibrio explica una parte de esas alertas catastróficas.

IPS: ¿El agua es un tema político?

HA: No puedo ver otro tema más político que el agua.

IPS: ¿Puede el mapa de agua en la región determinar las fronteras finales de Israel y el especulado estado palestino?

HA: No, en realidad. Ni Israel ni los palestinos tienen suficiente agua propia. Ambos tienen que depender de recursos externos.

IPS: Pero algunos dicen que en el Congreso Judío Mundial y en la Conferencia de la Agencia Sionista, ambos encuentros realizados en Suiza a fines del siglo XVIII, se elaboró un mapa de Israel que implícitamente lleva al Nilo…

HA: Eso tiene que ver con el proyecto sionista. Sin embargo, no creo que a Israel se le permita alargar sus fronteras más lejos de lo que las que tiene hoy.

IPS: Pero usted dice que Israel no tiene suficiente agua propia y que depende de recursos externos… ¿Podría Israel acceder a las aguas iraquíes del Tigris y del Éufrates?

HA: No directamente. Sabemos de la práctica de arrendar tierras agrícolas de un país a otro. Muchos lo hacen hoy. A Israel se le podría permitir arrendar vastas tierras agrícolas cercanas a los dos ríos, para cultivar y exportar sus productos. Eso puede pasar en este nuevo Iraq.

Esta práctica de arrendar tierras es conocida como el fenómeno de la "agua virtual", esto es, agua "comprada" por un país a otro en la forma de producción agrícola irrigada con recursos hídricos de la nación que alquila su tierra.

IPS: ¿Entonces, usted no ve que se avecine ninguna guerra en Medio Oriente?

HA: En verdad, no. La principal razón porque estas guerras por el agua no ocurren es que ningún país tiene interés en lanzarla. Israel, Turquía y Egipto, que reúnen a los principales recursos de agua disponibles en la región, no tienen ningún interés en provocar guerras que podrían llevarlos a cualquier parte. Por otro lado, los "países víctimas", como Palestina, Jordania o Iraq, no tienen los medios para declarar una guerra a Israel o Turquía.

IPS: Pero hay acuerdos regionales para compartir el agua…

HA: El problema del agua en Medio Oriente se ha agravado justamente por la falta de acuerdos que son plenamente aceptados por todas las partes. Hay algunas regulaciones internacionales, pero no son políticamente vinculantes y son ambiguas. Esto le da a cada país el derecho a interpretarlas y usarlas como les parezca más apropiado a sus propios intereses.

Algunas de estas regulaciones definen un curso de agua como uno que cruza dos o más países, y que es navegable. La primera parte de esa definición es clara. La segunda, sin embargo, da lugar a toda clase de interpretaciones, y depende de muchos factores, como la temporada, la embarcación, los obstáculos para navegar, etcétera.

IPS: ¿Puede dar ejemplos?

HA: Veamos el caso de Turquía, que considera que ni el Éufrates ni el Tigris son ríos internacionales porque no son navegables en ninguno de sus cursos. Por tanto, Turquía se siente libre de usar sus aguas como quiere y desea, y finalmente ignora pasados acuerdos con Siria y con Iraq.

Turquía es militar y económicamente más fuerte que Siria e Iraq, y por tanto puede manejarse con acuerdos provisionales para compartir el agua, pero no un tratado definitivo.

Luego de muchas negociaciones fracasadas, Ankara estuvo dispuesta a firmar un protocolo de tres partes en 1987 con Siria e Iraq, que la comprometía a "cederles" 500 metros cúbicos por segundo de "sus" aguas del Éufrates.

IPS: Entonces se encontró una solución…

HA: Bueno, esto no ha funcionado en forma adecuada. Turquía ha estado construyendo grandes represas, como la de Atarturk, iniciada en 1983, y el gran proyecto hidrológico en la región de Anatolian, que Siria y Iraq temen impacte en su parte de las aguas "turcas".

Siria, por su parte, construyó en 1975 la represa de Tabqa sobre el río, un proyecto que despertó el peligro de un conflicto armado allí y en Iraq. Bagdad consideró que Siria estaba robando parte de su agua, mientras Damasco decía que de hecho estaba cediendo a Iraq algo de su propia parte.

IPS: ¿Podrían sus vecinos privar a Iraq de agua?

HA: Esto de hecho ya sucedió en 1991, durante la primera guerra de Iraq. Su parte de los recursos hídricos fue reducido 50 por ciento. El agua siempre ha sido una herramienta política, económica y militar. Hay una peligrosa carencia de "justicia del agua", en términos de una justa repartición y acceso a él.

Hay muchas formas de negar acceso al agua. Ponerle precio es una. Si cobras por ella, le permitirás acceso sólo a aquellos que la pueden pagar, negándosela así a los más vulnerables.

La falta de justicia en el agua afecta a todos los países en desarrollo. Hay una clara línea de separación entre países con excedente de agua y los que tienen déficit. Esto coincide con las líneas entre el Norte y el Sur.

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