INFANCIA-ETIOPÍA: Mendigando después de clase

Al salir de la escuela, Alemtsehay y sus tres hermanas se apuran a volver a casa. Allí cambian el uniforme escolar por unas desgastadas ropas y salen a mendigar en la calle Bole, una de las más elegantes de la capital de Etiopía.

Acompañadas por su hermano de cinco años, que aún no asiste a clase, las niñas recorren la zona pidiendo dinero a los transeúntes. Cada día esperan obtener al menos un dólar cada uno.

"Queda lejos de casa, pero prefiero pedir limosna en Bole porque no quiero que mis compañeras me vean", dijo Alemtsehay, de 14 años.

Ella, sus hermanas y su hermano figuran entre los cinco millones de niños que han quedado huérfanos o en situación vulnerable a causa del sida en este país africano. Muchos viven en las calles. No pocas se ganan la vida como trabajadoras sexuales.

La familia de Alemtsehay cayó en la pobreza cuando su padre murió de sida hace siete años. Su madre está infectada con el VIH, el virus que lo causa, lo que le impide mantener a sus hijos y a otros dos niños, que se sumaron a la familia cuando su madre murió, también a causa del sida.
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Pedir limosna resulta degradante para Alemtsehay, pero no tiene otra forma de conseguir dinero, alimentar a su familia y mantenerse en la escuela. Por las noches, hombres que buscan sexo las acosan a ella y a sus hermanas.

"Cuando uno trata de resolver uno de sus problemas queda atrapada en otro. Ahora tengo el dilema de morir de hambre o enfermarme (de sida). Algunas de mis amigas de la calle terminaron embarazadas", señaló.

Una de ellas es Berhane Tesfaye, de 16 años, madre de un bebé de tres meses. El padre es su novio, otro chico de la calle, a quien ella llama su protector, ya que la defiende de los peligros que deben afrontar viviendo en esas condiciones.

Berhane y su amiga Haimanot Teklay, quien también está embarazada, no asisten a la escuela y pasan el día fumando marihuana o mascando khat, un estimulante medianamente adictivo de uso común en el Cuerno de África.

Alemtsehay y sus hermanas se encuentran entre las pocas "afortunadas": aunque deben pedir limosna para sobrevivir, pueden ir a la escuela. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), apenas 34 por ciento de los niños etíopes en edad escolar asisten a clase.

El proyecto The Young Lives (Las Vidas Jóvenes), dedicado a analizar las causas y consecuencias de la pobreza infantil, da a niños y niñas cámaras fotográficas con el objetivo de que capten su propia perspectiva de la vida cotidiana, para que adultos de todo el mundo la vean por sus ojos. Así surge, por ejemplo, esta serie de imágenes de trabajo, juego y estudio, que dicen más que una enciclopedia sobre cómo es estar en sus zapatos./Crédito: Photovoice

Etiopía se ha fijado la meta de logar la educación universal en 2015, pero expertos consideran que para alcanzar ese objetivo debe integrar sus políticas educativas en una estrategia general de reducción de la pobreza.

Alrededor de la cuarta parte de los niños etíopes forman parte de la fuerza laboral, según un estudio financiado por el Departamento para el Desarrollo Internacional de Gran Bretaña y coordinado por la Universidad de Oxford.

En promedio, trabajan seis horas por día, lo que no les deja tiempo para las tareas escolares. Con frecuencia abandonan los estudios.

La investigación examina la pobreza infantil a través del seguimiento de 12.000 niños en Etiopía, India, Perú y Vietnam en un período de 15 años. No solo recoge información sobre las condiciones sociales y materiales sino sobre sus perspectivas de vida y aspiraciones futuras.

El estudio considera la relación entre las políticas agrícolas y educativas de Etiopía. Aunque el gobierno plantea el objetivo de la educación universal para 2015, al mismo tiempo basa su estrategia de crecimiento económico sobre la modernización de la agricultura, con un modelo de empleo intensivo de mano de obra.

Una evaluación de la pobreza realizada en 1999 por el Banco Mundial reveló que la mayoría de los etíopes consideraban que su calidad de vida había caído desde 1989. Los habitantes de zonas rurales lo atribuían a las políticas de libre mercado adoptadas por el gobierno.

Los pequeños agricultores fueron afectados severamente por la eliminación de los subsidios a los fertilizantes, el aumento en los impuestos a la tierra y la caída de los precios de mercado que recibían por su producción.

La investigación de la Universidad de Oxford muestra que esos cambios han tenido un efecto negativo en el bienestar de los niños. Aunque los padres reconocen el valor de la educación, no están en condiciones de hacer frente al costo de enviarlos a la escuela.

Etiopía es un país altamente endeudado. El PNUD, lo ubicó en el puesto 83 entre 85 naciones pobres analizados por su desarrollo humano. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), 12 por ciento de los niños etíopes mueren antes de los cinco años de edad.

Las recientes sequías han vuelto más crítica la situación: 75.000 niños sufren desnutrición severa y 4,6 millones no cuentan con suficiente comida.

Zelalem Adugna, asesora sobre VIH/sida de la organización no gubernamental Salvemos a los Niños, afirmó que Etiopía tiene mucho que aprender de países como Kenia, Namibia, Uganda y Zimbabwe, que han implementado con éxito políticas sobre infancia.

Cuando se pregunta a Alemtsehay sobre la atención que recibe del gobierno, responde que no existe ningún apoyo. "Con la ayuda de Dios, aunque sufrimos psicológicamente como mendigos, obtenemos nuestra subsistencia diaria de los transeúntes", agregó.

* Con aportes de Kathryn Stratchan (Johannesburgo).

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