METAS DEL MILENIO: «Todavía podemos salvarlas»

Hace tres años, en muchos países de Europa se podía ver a los edificios públicos cubiertos por pancartas blancas, en el marco de la campaña que propuso convertir a la pobreza en historia y que contó con el concurso de una inusual coalición de celebridades, organizaciones religiosas y sindicalistas.

El Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos del mundo y la Unión Europea (UE) respondieron con la promesa de duplicar su ayuda a África para 2010.

Pero, tres años después, los gobiernos que integran la UE no sólo incumplieron esa promesa, sino que la ayuda para el desarrollo que muchos de ellos otorgan a los países pobres se redujo, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europeo, con sede en París.

Ese desinterés se presenta en un punto crucial de la marcha hacia el logro de las Metas de Desarrollo del Milenio, adoptadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2000 y que, entre otros objetivos, plantean reducir drásticamente para 2015 la pobreza extrema, el hambre, la mortalidad materna e infantil, la desigualdad del género y la incidencia de enfermedades como el sida.

La galesa Glenys Kinnock, miembro del Parlamento Europeo desde 1994 en representación del Partido Laborista británico, ha sido una de las legisladoras más activas en temas vinculados con el desarrollo. Es la esposa de Neil Kinnock, líder laborista desde 1983 hasta 1992. Cuando su esposo fue nombrado lord en 2005, obtuvo el derecho a ser llamada "The Lady Kinnock", prerrogativa que prefirió desechar.
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En una entrevista con IPS, la eurodiputada laborista señaló que a pesar de los desafíos y riesgos que se presentan para avanzar hacia las Metas del Milenio, éstas "todavía pueden ser salvadas".

— Los datos más recientes muestran que la ayuda para el desarrollo se está reduciendo. Si no se produce un cambio radical, ¿cree que las Metas del Milenio son una causa perdida?

— De ninguna manera. Lo que tenemos que lograr es que los Estados miembro de la UE cumplan sus promesas. El año pasado hemos visto que han "inflado" sus niveles de ayuda para el desarrollo incluyendo en ellos los montos de alivio de deuda concedidos a Iraq y Nigeria. Este año no tienen la oportunidad de hacer lo mismo.

Creo que debemos mencionar, y avergonzar, a los países que no están cumpliendo lo prometido, que constituyó un fuerte compromiso, porque estamos hablando de cuestiones de vida o muerte. La tasa de mortalidad materna en algunos países está aumentando.

El plazo para alcanzar las Metas del Milenio es 2015. Tenemos que lograr que en 2010 haya 75 millones de personas menos viviendo en situación de extrema pobreza y esto nos pondrá en camino para reducirla a la mitad en 2015, cumpliendo con el objetivo planteado. Debemos tener un plan concreto antes de que la ONU se reúna en septiembre: 25 millones de niños más en la escuela para 2010, cuatro millones de vidas de niños salvadas para esa misma fecha, 75 millones de personas más con acceso al agua potable. Son puntos de referencia importante y el cronograma también lo es. Esto es lo que hace falta.

No soy pesimista. La tendencia no es tan mala como para decir que uno debe desesperarse.

— ¿Cuánto complica el panorama la actual crisis alimentaria?

— El primer ministro británico, Gordon Brown, dijo que haría retroceder la agenda del Milenio alrededor de siete años. Cuando se piensa en educación y salud, las necesidades serán mucho mayores, porque la gente no tiene suficiente comida y no tendrán dinero disponible para la educación. Por lo tanto, tendrá un gran impacto y los gobiernos estarán bajo una gran presión para garantizar la seguridad alimentaria.

Estuve hace poco en las islas Seychelles, realizando un trabajo sobre la pesca del atún. Están realmente preocupados sobre cómo podrán enfrentar la situación. Su precio se duplicó y forma parte de la dieta básica.

— ¿Cree que los biocombustibles son responsables por la crisis alimentaria y que la UE debe dejar de lado la política de incrementar su uso para el transporte?

— Es claramente una política errónea. Cuando se toma en cuenta cuántas hectáreas de tierra cultivable se emplean en Estados Unidos y Europa para cosechar granos y oleaginosas con el fin de producir biocombustibles, el panorama resulta inaceptable. Es grotesco.

Creo que fue el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, quien dijo que "mientras pensamos qué vamos a poner en los tanques de nuestros automóviles otras personas piensan sobre qué van a poner en sus estómagos".

— Usted ha sido muy crítica de los acuerdos de asociación económica entre la UE y los países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) tendientes a la liberalización del comercio a través de la reducción de aranceles a la importación. ¿Existe una incoherencia entre la política europea de ayuda al desarrollo y reducción de la pobreza y su política comercial?

— Los países ACP entendían que estaban negociando herramientas para el desarrollo. Pero todo indica que este no era el resultado buscado por la UE.

Varios años atrás, cuando estuve a cargo de la redacción de la posición del Parlamento Europeo sobre el acuerdo de comercio y desarrollo con Sudáfrica, éste fue negociado por funcionarios del Departamento de Desarrollo. Ellos tuvieron una clara idea de qué hablaban los sudafricanos al discutir la relación entre comercio y desarrollo.

Con estos acuerdos de asociación económica, pienso que hubo un enfoque mucho más burocrático, que no tomó en cuenta esos aspectos. Fui señalada como alguien que interpretó mal la cuestión, pero puedo asegurar que jefes de Estado y gobierno, ministros, parlamentarios y organizaciones civiles de los países ACP han expresado serias preocupaciones sobre este tema.

— Usted hizo mención a que las negociaciones estaban antes a cargo de expertos en desarrollo, mientras que ahora los funcionarios del área de comercio las han tomado bajo su control. ¿Cree que esto marca un retroceso y que la UE está menos dispuesta a asegurar que el comercio sea compatible con el desarrollo?

— Creo que las personas que trabajan en el tema de desarrollo son vistas como un impedimento al proceso tecnocrático de hacer acuerdos comerciales. Respecto de los 78 países ACP, incluyen a la gran mayoría de los menos desarrollados del mundo, pequeñas islas, Estados vulnerables o naciones sin salida al mar.

No estoy contra los acuerdos de asociación económica, pero creo que debemos encontrar una nueva forma de trabajo. El ritmo impuesto a las negociaciones fue muy rápido y bajo presión.

— Usted tiene en la pared de su oficina una foto en la que aparece junto al líder del Movimiento para el Cambio Democrático de Zimbabwe, Morgan Tsvangarai. Asimismo, usted reclamó que la UE adoptara una firme posición frente al régimen del dictador de ese país, Robert Mugabe. ¿Es responsabilidad de África hacer frente a la situación actual de Zimbabwe o Europa debería jugar un papel?

— Podemos tener algunas discusiones, pero es totalmente correcto decir que esto es responsabilidad de África. Todavía existe la posibilidad de mediación por parte de algún líder africano prominente. No debería ser el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, quien debería apartarse graciosamente. Es más probable que se realicen progresos con la participación del ex presidente de Zambia, Kenneth Kaunda o alguien como él.

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