TIMOR ORIENTAL: La violencia contraataca

Momentos de júbilo y esperanza vivió Timor Oriental en mayo de 2002, cuando logró su sufrida independencia tras 450 años de colonialismo portugués y el cuarto de siglo de ocupación indonesia que se saldó con el genocidio de un tercio de su población. Pero la violencia sigue y este lunes alcanzó a su presidente, José Ramos-Horta.

Además de Ramos-Horta, ganador en 1996 del premio Nobel de la Paz, también sufrió un atentado, del que salió ileso, el mítico líder de la resistencia armada contra Yakarta, José Alexandre "Xanana" Gusmão, actual primer ministro de este joven país que ocupa la parte oriental de la isla de Timor, al sudeste del archipiélago indonesio y al norte de Australia.

El ex mayor Alfredo Reinado y un grupo de sus soldados fieles fueron los autores del ataque a la residencia de Ramos-Horta, el político de más consenso entre la clase política y de mayor popularidad, ya trasportado a un hospital australiano donde se debate entre la vida y la muerte. Entre los abatidos en este enfrentamiento armado figura el líder rebelde.

Cuando esto sucedía en Dili, capital de Timor, en una acción sincronizada, el teniente Gastão Salsinha, segundo en el comando de Reinado cuando dirigía el regimiento de Policía Militar, realizaba una emboscada contra Gusmão en una carretera rural, sin consecuencias para el primer ministro.

El prestigio de Gusmão emanó de su liderazgo de un grupo guerrillero que nunca pasó de 200 hombres, pero que ofreció una lucha sin cuartel a los 22.000 soldados indonesios que ocuparon la isla en 1975, un año después del golpe de Estado que puso fin a la dictadura corporativista lusa (1926-1974), cuando Portugal desmanteló su vasto imperio colonial.
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La impiedosa ocupación concluyó en 1999, cuando una fuerza internacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), encabezada por la vecina Australia y secundada por Portugal, obligó al ejército de Yakarta a batirse en retirada, dejando durante los 24 años de ocupación, un saldo trágico de 210.000 muertos, en una población que en 1975 era de 660.000 personas.

El legendario "comandante Xanana", que en las casi tres décadas finales del siglo pasado fue conocido como "el Che Guevara de Asia", en alusión al revolucionario argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna, contó siempre con la incansable acción de Ramos-Hora en el campo internacional. Una dupla insustituible para el logro de la independencia.

En un reciente paso por Lisboa, Ramos-Horta comentó que este genocidio, el más grande en términos proporcionales a la población de un país registrado en el siglo XX, así como enfrentamientos posteriores entre grupos timorenses, dejó "heridas antiguas, que son profundas, y reabiertas en el último conflicto (de 2006)".

Ramos-Horta, en su último diálogo con IPS durante una visita oficial en enero a Portugal, reconoció que "las dificultades son enormes y la pobreza del país es generalizada".

La estabilidad democrática "lleva muchos años para desarrollarse y, a veces, las personas olvidan que sólo vivimos nuestro quinto año de independencia", concluyó Ramos-Horta en la citada ocasión.

A fines de abril y comienzos de mayo de 2006 se desató una crisis con el abandono de la cadena de mando de las Fuerzas Armadas del mayor Reinado, junto con 20 militares y policías, quienes se trabaron en combates con efectivos leales al entonces primer ministro Mari Alkatiri, presidente del Frente Timorense de Liberación Nacional (Fretilin), que asumió el gobierno tras la independencia.

Los violentos enfrentamientos tuvieron su auge en junio de 2006, pareciendo indicar que la larga lucha por la libertad se había transformado en una sorda disputa por el poder, con condimentos australianos y portugueses en los bastidores.

En esos días los combates adquirieron vastas proporciones, dejando como saldo 40 muertos. Entonces el mayor Reinado, cercado por fuerzas locales, australianas, portuguesa y malasias, se atrincheró en la selva con Salsinha y unos 20 incondicionales, desde donde descendieron esta madrugada para atentar contra la vida de los dos principales "padres de la nación".

La excusa del levantamiento es la presunta discriminación étnica contra los loromunus, timorenses de la parte occidental, por parte de los lorosae, del sector oriental, que según los primeros, son subyugados por la jerarquía que controla a los segundos en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional.

Para acceder a la clave de los atentados de la madrugada de este lunes es preciso retroceder al 27 de abril de 2006, cuando se desató la intensa crisis político-militar, alimentada por la desintegración de la Policía Nacional y en fuertes divisiones en el seno de las incipientes Fuerzas Armadas, creadas en base a los antiguos guerrilleros que combatieron al ejército indonesio.

Entre fines de abril y mayo de ese año, la protesta traspasó los umbrales de los cuarteles y se extendió a las calles de Dili y de Baucau, la segunda ciudad del país, causando un pánico generalizado.

La policía se esfumó y nadie logró detener a los loromunus civiles que incendiaron casas de lorosaes, los cual en gran número abandonaron Dili y se refugiaron en las montañas vecinas.

Este lunes, la tensión reina en Timor, pero, pese a ello, todos los despachos de los corresponsales portugueses destacados en la ex colonia coinciden en que todo funciona con normalidad y que Ramos-Horta está grave, pero estable. Este fue "un ataque cobarde contra el presidente de la república, contra el primer ministro y contra las instituciones", dijo Gusmão, al tiempo de declarar el estado de sitio por un período inicial de 48 horas. Por su parte, el canciller Zacarias da Costa indicó que Ramos-Horta fuel llevado a Australia tras ser operado en Díli, donde le extrajeron una de las dos balas que le perforaron el estómago. En tanto el teniente Carlos Correia, de la brigada "Bravo" de la Guardia Nacional Republicana (GNR) portuguesa, confirmaba la muerte del mayor Reinado, sin poder precisar el número de víctimas de los enfrentamientos.

Al mismo tiempo comenzaron a aflorar las críticas a las fuerzas de la ONU estacionadas en Timor Oriental para asegurar la paz, acusadas de no actuar con la prontitud exigida para salvar la vida del primer ministro.

"Las fuerzas de la ONU colocaron barreras en los caminos, pero no socorrieron de inmediato a Ramos-Horta y él permaneció más de una hora extendido en su habitación a la espera de auxilio", acusó en declaraciones a la agencia portuguesa Lusa João Carrascalão, líder de la Unión Democrática Timorense (UDT), uno de los políticos más influyentes del país.

"Lo que es grave, es que la Unpol (Policía de la ONU) llegó al lugar del atentando y paró a 300 metros, no ofreciendo ninguna asistencia a Ramos-Horta y fue la GNR la que le socorrió", denunció Carrascalão.

La ONU, según los despacho periodísticos lusos, se limito hasta ahora, mediodía hora GMT de este lunes, a pedir a las población timorenses a restringir sus movimientos y a que las familias permanezcan en casa, colocando sus fuerzas en "alerta máxima"

Al coro de críticas contra la ONU se unió el ex primer ministro Alkatiri, quien, pese a sus divergencias con Ramos-Horta y Xanana Gusmão, pidió oficialmente en su calidad de líder del opositor Fretilin responsabilidades a la misión de la ONU en Timor por los atentados de que fueron objeto el presidente y el primer ministro.

En la efímera existencia del primer nuevo país del siglo XXI y el segundo más nuevo tras el ex yugoslavo Montenegro, los paltos de la balanza política en Timor continúan repletos de signos contradictorios.

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