EUROPA: Fantasmas de la Guerra Fría aún inquietan

«La Guerra Fría es historia antigua», decía desde un título el diario International Herald Tribune. El informe indicaba que los adolescentes de hoy en la zona oriental de Berlín saben muy poco acerca del comunismo.

Pero en esa misma edición, el 4 de este mes, otro artículo anunciaba, desde la portada, que los fantasmas de la Guerra Fría aún acechan a Europa.

El periódico señaló que los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) serán en lo sucesivo más cautelosos a la hora de compartir información, pues un húngaro, entrenado por la KGB, el servicio secreto de la desaparecida Unión Soviética, presidirá la comisión de inteligencia de la alianza.

La polémica designación se produjo en medio del debate sobre el papel que debería desempeñar hoy la OTAN, creada en 1949 para defender a Europa de un hipotético ataque soviético.

El cuadro de situación cambió con los años.
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En el momento de celebrar su 50 aniversario, en 1999, la OTAN libraba una guerra contra el presidente de Serbia, Slobodan Milosevic (1989-1997), aunque nunca atacó directamente a una nación que perteneciera a la alianza. Más recientemente, aceptó como miembros a países que fueron parte del bloque soviético.

La OTAN también ofreció asistencia logística a tropas de la Unión Africana que intentaban pacificar la occidental provincia sudanesa de Darfur. Y 43.000 soldados de la alianza combaten hoy en Afganistán.

Pero la OTAN corre el riesgo de "perder su credibilidad" si no se adapta a las nuevas circunstancias, advirtió en enero un grupo de generales retirados, entre los que figuraba el estadounidense John Shalikashvili, quien fue comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa.

Aunque su informe, "Hacia una gran estrategia en un mundo incierto", recomendó que la OTAN desarrollara capacidades no militares, también puntualizó que debía mantener abierta la opción del uso de armas nucleares.

"La posibilidad de lanzar un primer ataque atómico debe permanecer como un instrumento de prevención del uso de armas de destrucción masiva, para evitar peligros realmente existenciales", señalaron los jefes militares retirados.

Esa declaración difiere claramente de la posición de dos ex secretarios de Estado (cancilleres) de Estados Unidos, Henry Kissinger y George Shultz, quienes en una columna de opinión publicada hace un año por el diario The Wall Street Journal recomendaron una reducción sustancial de los arsenales atómicos.

La idea de que los misiles con ojivas nucleares pueden detener un ataque "se está volviendo crecientemente riesgosa y decrecientemente efectiva", escribieron.

Los gobiernos europeos se han comprometido a contribuir a la renovación de la OTAN, lo que ha sido interpretado como un intento de reforzar su capacidad militar.

El presupuesto de la OTAN, en torno a los 825.000 millones de dólares al año, representa alrededor de 75 por ciento del gasto mundial en armas. La mayor parte corresponde a Estados Unidos, que dedica al área de defensa más dinero que todo el resto del mundo.

Para 2008, Washington tiene previsto un gasto de 515.000 millones de dólares. Si el Congreso legislativo aprueba esa suma, será la más elevada desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Los países europeos se equivocarán si deciden imitar a Estados Unidos, dijo Paul Ingram, del Consejo Anglo-Estadounidense de Información de Seguridad.

En su opinión, sería más productivo si los esfuerzos para llevar estabilidad a regiones volátiles del mundo se canalizan a través de herramientas civiles como la diplomacia y la ayuda para el desarrollo.

"El problema es que la presión para aumentar el gasto de defensa europeo proviene de las naciones 'guerreras': Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Están preocupados por la capacidad militar antes que la seguridad", dijo Ingram a IPS.

El debate sobre la prioridad que se debe acordar a las acciones militares es especialmente intenso en relación con la operación de la OTAN en Afganistán. Alemania rechazó un pedido de Estados Unidos para que enviara más tropas.

El año pasado se registraron más de 6.500 muertes, las cuales lo convirtieron en el más sangriento desde la invasión a ese país en 2001.

El general estadounidense James Jones, comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa entre 2003 y 2006, señaló que Afganistán podría convertirse en un Estado fallido a causa de un decreciente apoyo internacional.

Pero el portavoz de la OTAN, James Appathurai, consideró que se alcanzaron "éxitos enormes" en ese país.

El Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, con sede en Londres, pronosticó que las divergencias entre miembros de la OTAN serán una cuestión clave en los próximos doce meses.

"La cumbre de la OTAN en abril, en Bucarest, no se limitará a discutir el eterno problema del papel de la alianza, sino la cuestión de si está en condiciones de reunir la fuerza militar y compromisos políticos requeridos por su expandida visión estratégica", afirmó el director general del Instituto, John Chipman.

Según Martin Butcher, del Instituto Acronym para la Diplomacia del Desarme, con sede en Londres, la OTAN debería elegir entre una doctrina influenciada por la experiencia de la Guerra Fría o un enfoque más "ilustrado".

"La verdad es que la OTAN no enfrenta ninguna amenaza inmediata o vital, ya sea nuclear o de otro tipo. Puede ser una fuente de seguridad a nivel global, promoviendo los derechos humanos y dando asistencia humanitaria", concluyó Butcher, o "puede ser una alianza defensiva nuclear que amenaza atacar a sus potenciales enemigos. Pero es imposible que sea ambas cosas al mismo tiempo".

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