COMUNICACIONES-BRASIL: Un museo pide la palabra

Un museo de Brasil recrea todas las etapas de la historia de la comunicación humana, desde el primer balbuceo hasta las palabras que aún no fueron pronunciadas o escritas.

En otra época se hubiera necesitado dedicar un edificio de varios pisos para esa finalidad, pero el Museo de las Telecomunicaciones apenas ocupó para esta puesta 210 metros cuadrados en una antigua casona de Río de Janeiro.

La idea es contar la aventura de la comunicación humana, pero no a través de la exhibición de objetos tradicionales —como el primer aparato telefónico— sino a través de computadoras, pantallas de plasma y complejos sistemas de superposición de luces, imágenes y voces.

Las tecnologías de la comunicación e información lo hacen posible gracias al "hipertexto", bloques de contenidos distintos conectados a través de enlaces no secuenciales.

"Son esas palabras o ventanitas que cuando uno está navegando en Internet se suceden en camadas de información superpuesta", dijo a IPS María Arlete Goncalves, curadora general del museo de la fundación de la empresa telefónica OI.

Un viaje a través de espejos y laberintos, en el que el escritor argentino Jorge Luis Borges se sentiría en su terreno.

Esta herramienta cumple la función de guía personal del visitante en todos los espacios del museo. Hay sectores que pueden recorrerse en cinco minutos o cinco horas, según el interés del visitante en profundizar en cada historia presentada, comentó Goncalves.

El viaje no tiene orden de llegada ni de conclusión. El visitante puede escoger libremente los capítulos de la historia de las comunicaciones que desea explorar, saltearse uno y otro o dejarse llevar arbitrariamente a través del espacio y el tiempo.

Se puede comenzar por algo de aspecto bastante tradicional: una cabina telefónica alemana de 1930.

Luce tradicional, al menos a primera vista. Al internarse entre sus cuatro paredes estrechas, las voces llegan a través de los auriculares y una pantalla muestra fragmentos de clásicos del cine en los que el teléfono aparece como coprotagonista de grandes actrices y actores.

A pocos pasos de la cabina, una especie de bola de cristal cuenta la historia de Internet empleando imágenes proyectadas en pantallas de plasma que multiplican efectos visuales y sonoros.

Goncalves señaló que el concepto con el cual se diseñó el museo se basa sobre la convergencia de lenguajes que ofrecen actualmente las tecnologías de la comunicación. Hoy el teléfono no sólo transporta una voz, sino también datos e imágenes fijas o en movimiento.

"Antes teníamos la radio, la televisión, el teléfono, el telégrafo. Hoy tenemos todo eso reunido en un solo medio: Internet. Y todo eso esta aquí", destacó Goncalves.

Se trata de un mundo virtual que se corporiza y es palpable, tocable, audible. Y hasta "vibrable", como en el caso del "Moog Theremin", un instrumento que tocó la cantante de rock brasileña Rita Lee. La temperatura de las manos a una distancia mínima recrea sonidos casi espaciales que vibran de acuerdo a las ondas del "calor humano" transmitido por el visitante.

Como la historia de la comunicación humana también está hecha de calor humano, una guía telefónica digitalizada permite conocer la dirección del gran poeta Vinicius de Moraes, entre otros personajes ilustres. Aunque algunos visitantes frustrados lamentaron que el listado no incluyera la dirección —o al menos el teléfono, si de comunicación se trata— de la célebre "garota" que inmortalizó Vinicius.

Pueden consolarse con un muro, no de lamentos sino de archivos sonoros inéditos.

Del pasado renacen, fantasmagóricamente, las voces de Sigmund Freud, Thomas Alva Edison y Jacques Lacan, entre tantas otras del mundo y de la historia de Brasil.

El objetivo del museo no es limitarse a propalar la voz de personajes que tuvieron que ver específicamente con la historia de la comunicación, señaló Goncalves.

"Antes de la invención de los sistemas de grabación uno no tenia ni idea de cómo era la voz de algún personaje histórico. Pero después de que Edison la inventara uno tiene acceso a esas voces", agregó.

Una especie de túnel del tiempo lleva a espacios como el de "Los profetas del futuro". El visitante, cómodamente sentado en una sala ambientada en el siglo XIX, cubierta de terciopelo púrpura y estuco dorado, puede accionar un comando que descorre una señorial y pesada cortina que permite ver los rostros tridimensionales de poetas, líderes religiosos y artistas de todos los tiempos y geografías .. Interpretados por conocidos actores locales, los profetas del futuro leen textos de Buda, Platón, Goethe, Einstein, Leonardo Da Vinci y hasta del famoso arquitecto brasileño Oscar Niemayer, que se interpreta a sí mismo.

El eje de la historia de las comunicaciones es el ser humano, dijo Goncalves. Y la esencia filosófica de esta tecnología es la de "aproximarse al otro".

Es una historia que comenzó con gestos, con el primer "bla, bla" y con las señales de humo. En la era de la comunicación multimedia es posible trazar una línea de tiempo que remite a cada una de esas páginas..

El visitante gira un dial y selecciona una época. Por ejemplo, el año en que nació: voces e imágenes en una pantalla muestran los avances de las comunicaciones en ese entonces y también se explican de manera entretenida sus tendencias culturales.

De todas formas, los curadores no dejaron de lado piezas museológicas "materiales": telégrafos, mesas de operador de radio del pasado, antiguos teléfonos y los contemporáneos móviles. Desde el primer "ladrillo" —por lo rectangular y pesado— hasta los leves y multifuncionales de última generación.

"El objeto museológico tiene como un imán", afirmó Goncalves. "Contiene una lógica simbólica muy fuerte. Sólo que lo presentamos así, de una manera pop, divertida y políticamente correcta. Para que la visita sea de aprendizaje pero también de diversión", agregó

Así contada, la historia de la comunicación humana, irónicamente, deja al visitante mudo de asombro.

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