CORRUPCIÓN-CHINA: A la guerra con una honda

La corrupción en China podrá ser tan antigua como el legendario sistema burocrático nacional, pero las autoridades están decididas a combatirla con un enfoque moderno.

Alarmadas por la creciente repercusión internacional de las prácticas deshonestas, y concientes de la al parecer menguante voluntad de combatirlas, las autoridades crearon un organismo para prevenirlas.

Sus responsables ya mencionaron que se iba a erradicar el flagelo "de raíz" y prometieron implementar normas disuasivas, como la obligatoriedad para los funcionarios de declarar sus bienes personales.

La nueva Oficina Nacional para Prevenir la Corrupción se enorgullece de aprovechar la experiencia de respetados organismos dedicados a la misma tarea, como la Comisión contra la Corrupción de Hong Kong, pero carece de su independencia y poder de castigo, según expertos.

"El objetivo no es lidiar con casos individuales, sino apuntar a la educación y a la coordinación de acciones con contrapartes internacionales", indicó Li Chengyan, profesor del Centro para Construir un Gobierno Limpio y Honesto, de la Universidad de Beijing.

"Es pronto aún, pero dudo que se le confiera a esa oficina poder para hacer cumplir la ley", añadió.

China ya cuenta con un complicado sistema de lucha contra la corrupción, dominado por el Ministerio de Supervisión y la muy temida Comisión Central de Inspección Disciplinaria del gobernante Partido Comunista.

Además, otras dependencias, en distintos ámbitos, tratan casos de corrupción comercial.

Pero la labor de estos organismos suele ser cuestionada porque no frena la corrupción endémica. Además, se le suelen atribuir motivaciones políticas.

La Comisión de Inspección Disciplinaria tiene antecedentes de "caza de brujas" desde los inicios del gobierno comunista, cuando sus "campañas de erradicación" fueron cuestionadas por varios críticos del Partido.

Como en las purgas políticas de la época más radical del régimen de Mao Zedong, en los años 50 y 60, las medidas para combatir la corrupción suelen esconder luchas políticas y servir a fines políticos.

Las últimas investigaciones al respecto, por ejemplo, apuntan contra miembros de la llamada "facción de Shangai", que había desafiado la determinación del gobierno a controlar el crecimiento económico desenfrenado y crear una "sociedad armoniosa".

Por otra parte, muchos funcionarios destituidos por corrupción también se vieron involucrados en escándalos sexuales, lo cual perpetúa la creencia popular en que el las ganancias deshonestas en las altas esferas políticas equivalen a poseer numerosas amantes.

Las críticas se hicieron públicas y la maquinaria propagandística anunció con bombos y platillos la determinación del Partido Comunista de acabar con la corrupción desenfrenada en el Estado.

En respuesta a los reclamos populares para que se cesara a los funcionarios corruptos, los líderes centrales del Partido Comunista realizaron diversas maniobras políticas para recuperar el control de gobiernos locales donde cunden las acusaciones.

Estas medidas se tomaron en vísperas del Congreso del Partido Comunista, que sesionará el mes próximo, y que tiene, entre otros puntos en agenda, la elección de un nuevo Buró Político, máxima autoridad ejecutiva colegiada.

Pero el malestar de la población no se disipó. Una serie de casos de corrupción de alto perfil indignaron a los chinos. El responsable de un organismo de contralor terminó ejecutado, condenado por prácticas ilícitas, y el jefe del Partido en Shangai fue acusado de malversación de fondos de pensión.

Además, importantes dirigentes temen que un fracaso en la lucha contra la corrupción repercuta en las exportaciones, ya sacudidas por quejas desde Estados Unidos y Europa por el uso de productos contaminados o con fallas.

Varios expertos lo atribuyen a prácticas deshonestas en diversos niveles del gobierno y la administración.

Hay cada vez más casos de corrupción comercial y entre altos funcionarios, y cada vez se trata de cifras más elevadas, advirtió el diario China Daily este mes en un editorial.

Los casos de corrupción laboral en 2006 involucraron más de 1,3 millones de dólares, el doble de 2003, según estadísticas del Tribunal Supremo Popular, añadió el periódico.

"Dado que la corrupción en este país adopta nuevas formas y está cada vez más encubierta, llegó la hora de mejorar la prevención y educar a los funcionarios para que lleven una vida decente", subraya el editorial.

En la inauguración de la Oficina Nacional para Prevenir la Corrupción, su director y ministro de Supervisión, Ma Wen, sostuvo que un organismo así era necesario para coordinar todos los recursos y "prevenir de raíz" el flagelo.

Ma Wen y el viceministro de Supervisión, Qu Wanxiang, prometieron también crear un sistema nacional de declaración de bienes para los funcionarios civiles.

Pero para lograr la "tolerancia cero" en materia de corrupción, el nuevo organismo requieregran participación de la población.

La oficina anticorrupción de la región administrativa especial china Hong Kong es la envidia de muchos funcionarios dedicados a esa tarea en el resto del país, pero sus resultados responden a muchos años de supervisión del público, argumentó el abogado Chen Chuangdong, de Beijing.

En China, los casos de corrupción se manejan desde las altas esferas. Por lo tanto, los ciudadanos comunes tienen pocas posibilidades de recurrir a la justicia.

Los peores casos ocurren en las provincias dónde los funcionarios y jefes locales del Partido Comunista construyeron fuertes redes de poder e influencia.

Le llevó 13 años a los investigadores atrapar a Pang Jiayu, ex alcalde de la ciudad de Baoji, en la central provincia de Shaanxi, quien, según se dijo, mantuvo 11 amantes y malversó millones de dólares de fondos estatales.

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