EEUU-IRAQ: Empantanamiento de dimensiones napoleónicas

En su más reciente defensa a la guerra en Iraq, el presidente George W. Bush trazó un llamativo paralelo histórico entre este conflicto y el de Vietnam, comparación que su gobierno había evitado durante cinco años.

Crédito: Depto. de Defensa de EEUU
Crédito: Depto. de Defensa de EEUU

Con una visión muy parcial de las acciones militares de Estados Unidos en Indochina, Bush alegó en el auditorio de la organización Veterans of Foreign Wars (Veteranos de Guerras Extranjeras) que abandonar Iraq abriría paso a una sangrienta represalia contra los aliados de Washington, como la que siguió a la retirada de Vietnam.

En un intento por mantener un mínimo apoyo a una guerra que le revuelve el estómago a la mayoría de los ciudadanos estadounidenses, el presidente —como señalan expertos y críticos— volvió a destrozar la historia en su conferencia, el día 22 en la central ciudad de Kansas.

¿Acaso el atolladero estadounidense en Iraq es similar a la situación de Vietnam 30 años antes? Tal vez, pero no del modo en que Bush lo imagina.

Al parecer, la Casa Blanca continúa fijando sus políticas con asistencia de un equipo de expertos en Medio Oriente, entre ellos Bernard Lewis y sus discípulos, que conciben una región imaginaria y estancada en el tiempo, no los hechos reales que allí ocurren.
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El nuevo libro de Juan Cole, "Napoleon's Egypt: Invading the Middle East" ("El Egipto de Napoleón: Invadiendo Medio Oriente"), puede ser un buen lugar para empezar a vincular las lecciones de la historia con la debacle en Iraq.

Cole, experto en la región y creador del popular blog especializado Informed Comment, describe en su libro la desventura militar de Napoleón Bonaparte en el Egipto de 1798 y la guerra del gobierno de Bush en Iraq como pilares históricos del imperialismo moderno en Medio Oriente.

En una conferencia ante en la New America Foundation —centro de estudios con sede en Washington que se define como "radical"—, Cole ofreció el día 24 algunas lecciones sobre las incursiones occidentales en la región y la lógica falaz que las justificó, así como las realidades políticas que pueden terminar precipitando una retirada estadounidense de Iraq.

"Lewis parece pensar que los mediorientales son como plastilina, pero no lo son: ellos responden. En Iraq viven personas reales con aspiraciones reales", dijo Cole.

Según el experto, el llamado de Bush a "liberar Iraq" de las garras de un líder tiránico con ansias de pertrecharse de destrucción masiva no puede enmascarar sus ambiciones neocoloniales a largo plazo.

Como Napoleón, Bush tiende a creerse su propia propaganda. Ambas invasiones utilizaron la retórica de la liberación. Igual que el imperialista francés, el estadounidense deseó crear un "Gran Medio Oriente", sólo para enfrentarse luego con una insurgencia que vio a la presencia extranjera como ocupante, no como liberadora.

La idea de que la guerra de Bush de algún modo legará un sistema de gobierno democrático en Iraq tampoco cuadra en el análisis final.

Según Cole, Bush se vio obligado a aceptar la celebración apresurada de elecciones, en las que prevaleció el Supremo Consejo Islámico Iraquí, partido chiita liderado por Abdul Aziz al-Hakim y apoyado por el enemigo regional de Estados Unidos, la República Islámica de Irán.

Doscientos años antes, Napoleón designó a un grupo de académicos sunitas de la Universidad Al-Azhar de El Cairo para "gobernar" en nombre de la población "recién liberada" de Egipto.

En ambos ejemplos, una ocupación militar a manos de "repúblicas democráticas" que querían moldear a su imagen y semejanza las tierras invadidas terminó con las repúblicas islámicas.

Si Napoleón fracasó en el intento de convertir a Egipto una colonia lucrativa de la República Francesa, ¿por qué a Bush le resultaría más fácil convertir a Iraq en un "modelo de democracia" para Medio Oriente?

"La era del colonialismo se originó en varias razones sociológicas. Pero las poblaciones pueden movilizarse de modos muy efectivos, sin ser aplastadas. La idea de que Estados Unidos puede simplemente ingresar para dar forma a un país es muy propia del siglo XIX", expresó Cole.

La aventura militar de Napoleón en Egipto duró sólo tres años. Pero el hecho de que no pudo sojuzgar a la población de ese país, entonces una provincia del Imperio Otomano lejana de la metrópoli turca, no limitó su ambición de más poder.

Entonces volvió a Francia y, vanagloriándose falsamente de sus victorias y conquistas en "el Oriente", dio un golpe de Estado y se coronó emperador. "En política, un fracaso y una metedura de pata no significan que uno no pueda ganar", señaló Cole.

Pero Bush puede no ser tan afortunado. Estados Unidos "inició una década o dos de inestabilidad regional" a causa de su ocupación militar de Iraq, según Cole.

La estrategia del comandante de las fuerzas estadounidenses en Iraq, general David Petraeus, de elevar la presencia militar en ese país, sus fracasos ostensibles y sus éxitos parciales son solamente los últimos en una cadena de respuestas bélicas que no remediarán una situación política cada vez más insoluble.

"Cuando oigan estos números, sean muy críticos", dijo Cole, refiriéndose a los comentarios del teniente general Raymond Odierno sobre una reducción significativa en la muerte de soldados estadounidenses en julio.

Odierno atribuyó esa caída al aumento de tropas y al malestar de los iraquíes con la rama nacional de la red terrorista Al Qaeda y otros grupos insurgentes.

Incluso el rebelde más "fanático" pensaría dos veces antes de apuntar contra tropas estadounidenses en el insoportable calor de julio en Iraq, opinó.

"Hay cosas que son estacionales y que ellos (los estadounidenses) tergiversan como seriales", enfatizó Cole.

La justificación del gobierno de Bush para permanecer en Iraq a largo plazo involucra al "cuco" de los terroristas: el icónico y muy inflado Al Qaeda, según el experto.

Los combatientes extranjeros vinculados a la organización terrorista constituyen cientos o poco más de 1.000, como mucho, aseguró.

Esto queda en evidencia por el hecho de que el general Petraeus apenas tuvo que hablar con unos pocos jefes tribales en la occidental provincia de Al Anbar para que los insurgentes aliados de Al Qaeda fueran exterminados.

Aun así, cualquiera que se asocie con la red terrorista transnacional lo hace para reafirmar sus credenciales insurgentes y de un enemigo implacable y oscuro de Estados Unidos.

"¿Alguien tiene el número telefónico de Osama (bin Laden) en Iraq? Este asunto de Al Qaeda es apenas una quimera", dijo Cole.

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