NEPAL: Ahora, la ONU

Ahora que el gobierno de Nepal y los rebeldes maoístas acordaron las bases para un proceso de paz, todos los ojos están puestos sobre la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que tendrá la difícil tarea de proteger la tregua.

Muchos confían, ante las experiencias en conflictos de otros lugares del mundo, en que la participación del foro mundial garantizará la paz y estabilidad en este pequeño país del Himalaya con 24 millones de habitantes, azotado por una guerra civil de 10 años que mató a más de 13.000 personas.

"Esto no va a ser nada fácil, pero la ONU es el único organismo capaz de administrar este tipo de procesos de paz", sostuvo Naresh Bhatta, experto en asuntos electorales que trabajó para varias misiones del foro mundial en sitios como Afganistán y Camboya.

"Su participación aquí podría llevar a la paz, siempre que las dos partes en conflicto estén en verdad dispuestas a alcanzarla", añadió.

Desde que el rey Gyanendra depuso el poder absoluto —pero retuvo la corona— en abril, a raíz de un enérgico movimiento popular que duró 19 días, ambas partes del conflicto respetaron una suerte de tregua, pero el proceso de paz todavía no es fácil.

Tras semanas de idas y vueltas en las negociaciones auspiciadas por el sueco Staffan de Mistura, encargado de la misión de evaluación de la ONU, el gobierno y el maoísta Partido Comunista de Nepal acordaron el 9 de este mes pedir la asistencia del foro mundial en varias áreas.

Éstas son: la administración de las armas tanto del ejército nacional como del rebelde Ejército de Liberación del Pueblo (PLA), incrementar la vigilancia del respeto a los derechos humanos, asistir y observar el proceso para elegir los miembros de una nueva asamblea constituyente y supervisar el cese del fuego.

El acuerdo fue informado en dos cartas separadas pero idénticas al secretario general de la ONU, Kofi Annan, firmadas por el primer ministro nepalés Girija Prasad Koirala y el líder maoísta Pushpa Kamal Dahal, conocido como "Prachanda".

El principal punto del acuerdo fue la administración de las armas.

Mientras el gobierno de Nepal y la ONU querían que los rebeldes aceptaran un desarme del PLA, los maoístas aclararon que sólo accederían si el ejército nacional se sometía a las mismas condiciones

Finalmente, llegaron al acuerdo de que tanto los rebeldes como el ejército serán reubicados en campamentos separados, mientras que sus armas serán sujetas una vigilancia por parte de personal civil del foro mundial.

"Se trata de acantonar y confinar" a las tropas, explicó Suresh Chandra Chalise, consejero de Koirala.

Por su parte, el jefe negociador maoísta, Krishna Bahadur Mahara, señaló: "Lo importante es que hemos logrado progresos. Ahora podemos abocarnos a los temas políticos del día".

El acuerdo fue alcanzado justo a tiempo para que De Mistura lo incluyera en su informe a Annan. Ahora, el secretario general deberá solicitar a la Asamblea General o al Consejo de Seguridad un mandato ampliado sobre Nepal. Hasta ahora, ha usado sus "buenos oficios" para mediar en el conflicto.

Lo que es seguro es que la tarea de la ONU en este país será diferente de sus más recientes mandatos en otras partes del planeta. Ni el gobierno nepalés ni los maoístas quieren la presencia de tropas extranjeras.

"Esencialmente, será una misión civil de supervisión, si bien habrá personal integrado por ex militares y ex policías con experiencia necesaria para vigilar", dijo un funcionario de la ONU.

Al carecer la ONU de un mandato para mantener la seguridad, la tarea recaerá en las agencias del gobierno, un punto que seguramente será motivo de disputas entre ambas partes.

Los maoístas no tienen intenciones de desarticular a sus "milicias del pueblo", que consideran tan esenciales como la policía en muchas partes del país que están bajo su control.

Existe preocupación de que estas milicias, separadas del PLA, puedan constituirse en una fuerza desestabilizadora del proceso de paz.

Aunque su misión es la vigilancia y el apoyo logístico, los más de 100.000 de milicianos en todo el país también desempeñan funciones militares. Con frecuencia están armados y cumplen órdenes de los numerosos comités partidarios maoístas. El acuerdo no hace mención de estas milicias.

"La abundancia de armas en la población civil (como en las milicias) podría causar problemas. Deben ser administradas en forma muy cuidadosa", indicó Natalie Hicks, de Alerta Internacional, un centro de estudios sobre conflictos con sede en Londres.

Hicks, quien ha trabajado antes en Camboya y Vietnam, sostuvo que el conocimiento sobre la realidad local y la experiencia serán fundamentales para el proceso de paz.

El problema en Camboya, donde la ONU estuvo involucrada entre 1993 y 1996, fue que muchos expertos internacionales enviados tenían muy poco conocimiento del país para ayudar en el proceso de desarme, señaló.

"Lo mejor que puede hacer la ONU es depender de la experiencia local, apoyar a la sociedad civil y fortalecer la capacidad de los propios actores nepaleses", agregó. (FIN/IPS/traen-rp/sp/rdr/ip/06)

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