ISRAEL: Una guerra difícil de frenar

Comandos israelíes se internan en Líbano para atacar objetivos de Hezbolá. Combatientes de Hezbolá e israelíes luchan cuerpo a cuerpo en la frontera. Docenas de misiles de Hezbolá llueven sobre el norte de Israel. Aviones israelíes renuevan el bombardeo sobre Líbano.

La situación parece interminable. Cuando Israel anunció el domingo una interrupción de 48 horas en su bombardeo aéreo sobre Líbano, el conflicto parecía en vías de agotamiento. Pasaron varios días, y un cese del fuego no parece inminente.

La anunciada tregua estaba prevista para investigar el ataque al meridional pueblo libanés de Qana, que mató a por lo menos 54 civiles. Pero el lunes se reanudó el bombardeo y el martes Israel amplió las incursiones por tierra y convocó a otros miles de soldados. "No hay un cese del fuego ni lo habrá en los próximos días", declaró esta semana el primer ministro Ehud Olmert, quien recomendó a sus compatriotas prepararse para más misiles y para "dolor, sangre y lágrimas".

Israel, dijo, no acordará un cese del fuego incondicional, como pidieron varios países europeos, sino que insistirá en que una fuerza internacional de paz se despliegue en el sur de Líbano antes de terminar la ofensiva militar.

Mientras soldados israelíes todavía combatían a las guerrillas de Hezbolá en el sur de Líbano el miércoles de noche, funcionarios del gobierno dijeron estar cerca de controlar una franja de entre seis y ocho kilómetros dentro de su vecino septentrional, con el fin de establecer una zona de exclusión para la organización islámica.
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Esa zona sería muy similar a la que Israel ocupó en el sur de Líbano durante 18 años (1982-2000) antes de retirarse, tras los incesantes ataques de Hezbolá contra sus tropas.

No está claro cuán al norte planea avanzar el ejército. Diversas versiones indican que la intención es cubrir hasta el río Litani, a unos 30 kilómetros de la frontera israelí.

Ephraim Sneh, parlamentario por el Partido Laborista y ex viceministro de Defensa, expresó que esperaba que el ejército avanzara hacia el Litani. "Esta guerra no debe terminar en un empate", dijo. "Los objetivos de esta guerra no pueden lograrse sin usar más fuerza durante más tiempo".

No está del todo claro cuánto tiempo tiene Israel para lograr su objetivo declarado de debilitar a Hezbolá y forzarlo a retirarse de la frontera.

Luego de reunirse con la secretaria de estado (canciller) estadounidense Condoleezza Rice, el veterano político oficialista israelí Shimon Peres manifestó en Washington que su país tenía "semanas, no meses" para completar su operación. Pero Rice acotó aun más el plazo, al hablar de "días, no semanas".

Olmert advirtió el miércoles que "Israel dejará de luchar cuando la fuerza internacional esté presente en el sur de Líbano", lo que representa una clara señal de que su país no aceptará el reclamo de muchos países europeos —que probablemente integrará la fuerza— de un inmediato cese del fuego.

Israel, respaldado por Estados Unidos, insiste en que un alto al fuego incondicional simplemente recreará la situación que existía antes de este enfrentamiento, con Hezbolá operando libremente a lo largo de la frontera con Israel.

"No podemos parar antes porque, si no se presenta una fuerza militar internacional muy efectiva y robusta, Hezbolá estará allí y no habremos logrado nada", agregó Olmert.

En Israel, sin embargo, crece el presentimiento de que la ofensiva militar podría terminar la semana próxima, luego que el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se reúna el lunes para considerar un cese del fuego.

En las últimas 48 horas, Olmert comenzó a sonar como si estuviera preparando al público para el fin de las hostilidades, y pregonando un mensaje de "victoria" que quiere que los israelíes asimilen.

Olmert está seguro de que deberá afrontar preguntas sobre la incapacidad del ejército para neutralizar los misiles de Hezbolá, unos 2.000 de los cuales impactaron en el norte de Israel desde que comenzó el conflicto, el 12 de julio.

Por eso empezó a alertar que, una vez que la ofensiva concluya, nadie podrá prometer que "no habrá misiles dentro del alcance del estado de Israel". Pero, insistió, la operación militar impulsó la capacidad disuasora de Israel.

"Ningún misil, no importa de dónde venga —Irán, Siria o Líbano— puede quebrar la voluntad del pueblo israelí de defender su país, y esta es una lección que prevalecerá por mucho tiempo luego que el fuego cese en esta parte del mundo", afirmó.

El miércoles, Olmert dijo a Reuters que "Hezbolá ha sido desarmado en alto grado por la operación militar de Israel" y que más de "700 posiciones comando de Hezbolá fueron enteramente eliminadas por el ejército israelí. Toda la población que es la base del poder de Hezbolá en Líbano fue desplazada".

El movimiento islámico, sin embargo, no parece estar escuchando. El mismo miércoles, unos 200 misiles impactaron en varios poblados del norte de Israel. Una persona perdió la vida en lo que fue el bombardeo más intenso realizado por la organización chiita en un solo día desde que comenzó la guerra.

Más evidencia de que Olmert está empezando a mirar más allá de la lucha fueron sus comentarios sobre la clave de su agenda política en sus cuatro meses de gobierno: la separación de los palestinos por medio de una retirada unilateral de buena parte de Cisjordania, asegurando una mayoría judía para el estado de Israel.

El primer ministro insinuó el miércoles que la actual guerra podría impulsar su plan.

"Creo genuinamente que el resultado del presente conflicto y el surgimiento de un nuevo orden que proporcione más estabilidad y que venza a las fuerzas del terror ayudará a crear la atmósfera necesaria que me permitirá impulsar un nuevo vínculo entre nosotros y los palestinos", señaló.

"Queremos separarnos de los palestinos", continuó. "Yo estoy pronto para hacerlo, para hacer frente a estas demandas. Es muy difícil, pero somos elegidos para nuestros puestos con la finalidad de que hagamos cosas."

Pero luego que termine el combate en Líbano, la tarea de persuadir al público israelí de "comprar" su plan para Cisjordania podría ser aún más difícil de lo que Olmert imagina.

Los israelíes vieron que el ejército de su país se retiró de Líbano unilateralmente, que los ataques por parte de Hezbolá a lo largo de su frontera septentrional continuaron, y que el ejército volvió a ingresar al sur de Líbano.

Vieron la retirada unilateral de Gaza, pero también que continuaron los ataques con misiles por parte de rebeldes palestinos contra pueblos del sur de Israel, y el reingreso del ejército en Gaza.

¿Puede ahora Olmert persuadir a los israelíes de respaldar otra retirada unilateral, esta vez en Cisjordania, que deje a los insurgentes palestinos a las puertas de los principales centros poblados del país?

Su respuesta, sin duda, será que la intensa ofensiva militar que desató en Líbano dejó dolorosamente claro el precio a pagar por violar las fronteras de Israel.

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