BRASIL: Foro Social muestra otras formas de educar

Convertir la ciudad en escuela y desarrollar una enseñanza del campo, reconociendo los valores y conocimientos locales, constituyen algunos caminos nuevos para la educación mostrados en sesiones del Foro Social Brasileño este viernes, el primero de tres días de debates.

La escuela "aisló a los profesores en el aula" en busca de controlar a los alumnos, pero estimulando a la vez el individualismo y el alejamiento de la sociedad, observó Aparecida Pérez, ex secretaria de Educación de Sao Paulo, para explicar las razones y las dificultades del programa "Barrio escuela".

Ese plan comenzó a ser implementado el año pasado en Nueva Iguazú, un municipio de la periferia de Río de Janeiro de un millón de habitantes, la gran mayoría de ellos pobres.

Otros proyectos como "Escuela abierta", donde las instalaciones educacionales son puestas al servicio de la comunidad los fines de semana en muchas ciudades para realizar actividades culturales y de entretenimiento, buscan reducir la violencia escolar, mejorar el aprovechamiento de los alumnos y evitar que caigan en la criminalidad.

Su trasfondo es considerar a la escuela un lugar protegido, al contrario de las calles, ocupadas por la delincuencia y el narcotráfico, de donde se "debe sacar a los niños y niñas".

En cambio, el programa "Barrio escuela" quiere "rescatar las calles como espacio público y también educador", explicó Pérez a IPS.

Sigue las mismas orientaciones del movimiento internacional de Ciudades Educadoras, acotó la pedagoga que ahora asesora la iniciativa de Nueva Iguazú y que participa del Foro Social Brasileño, inaugurado con una marcha con incidentes el jueves en Recife, la capital del nororiental estado de Pernambuco.

Este encuentro comprende unas 300 actividades autogestionadas por 500 organizaciones de la sociedad civil, en las que participan unas 15.000 personas y que se extenderá hasta este domingo.

La idea es ofrecer a los jóvenes una enseñanza "en período integral, con los pies en la tierra", es decir de forma económicamente viable e involucrando a la sociedad, señaló Maria Antonia Goulart, coordinadora de Desarrollo Social del gobierno de ese municipio.

Para ello se moviliza la gente y los equipos públicos ya existentes en el barrio, permitiendo a los alumnos tener actividades culturales o deportivas, en la tarde si estudia de mañana y viceversa.

Este programa aún se limita al primer barrio piloto, Tinguá, con 3.000 habitantes y una escuela de 505 alumnos en edades de cinco a 18 años. Este año debe extenderse a siete barrios y 15.000 estudiantes, anunció Goulart.

Ya se comprobó que el costo del plan es 60 por ciento inferior al presupuesto que consumen las escuelas que ofrecen enseñanza y otras actividades a sus alumnos el día entero, aseguró.

Ya hubo varias iniciativas en Brasil para brindar enseñanza "en período integral", pero no tuvieron continuidad o no pudieron beneficiar a gran cantidad de estudiantes, debido a resistencias políticas basadas en su costo excesivo.

En Nueva Iguazú hay 96 escuelas y no sería posible duplicar esos centros para mantener los 60.000 alumnos en los dos períodos.

Por eso la solución es recurrir al barrio, razonó Goulart. Primero se identifican todos los recursos, humanos y materiales de la comunidad, y luego se organizan consejos con representantes de varios sectores de la alcaldía y la sociedad para definir las acciones necesarias.

Nueva Iguazú es pobre, con muchos analfabetos, una enseñanza de baja calidad y siempre estuvo gobernado por una "tradición asistencialista", diagnosticó la coordinadora de Desarrollo Social del gobierno municipal.

La población local se quejaba de "no tener nada", pero se demostró que el barrio disponía de recursos en clubes, organizaciones no gubernamentales, en el comercio y en otras instituciones para ofrecer una biblioteca, natación, deportes y vida cultural a los estudiantes.

La experta explicó que el proceso comprende cambiar la mentalidad de los distintos sectores del sector público, cambiando sus criterios y haciendo que todas las políticas urbanas se orienten por la educación.

Es así que la prioridad del alumbrado público pasó de "las cosas, el patrimonio material, a la gente", iluminando principalmente paseos y locales donde el flujo de personas es muy importante, observó.

Los cambios son difíciles, porque se trata de recuperar espacios públicos apropiados indebidamente por intereses privados, y "tener que ir a la calle genera inseguridad entre los profesores", antes protegidos en las aulas. Por eso los conflictos son inevitables, aunque necesarios para promover la igualdad de derechos, sostuvo Pérez.

Otras dificultades reflejan la pobreza de la ciudad, en que sólo tres por ciento de los estudiantes han utilizado antes computadoras, la mitad de sus padres son analfabetos y las demandas sociales son inmensas.

Mientras, la experiencia del Servicio de Tecnología Alternativa (SERTA), una organización no gubernamental en este empobrecido estado de Pernambuco, busca desarrollar una "educación del campo".

Se trata de la Propuesta Educacional de Apoyo al Desarrollo Sustentable (PEADS), con base en la teoría de Paulo Freire, el ya fallecido educador brasileño reconocido internacionalmente por su trabajo "Pedagogía del oprimido", y a partir de la crítica a la enseñanza convencional, urbana, que devalúa los valores y las actividades rurales.

Hay un "currículo oculto" en las escuelas que difunde la creencia de que es vergonzoso ser hijo de agricultor y que el trabajo rural no es digno, destacó Fernando Vieira, formador de educadores de SERTA, explicando que el PEADS "cree en las personas", en una educación diversificada que potencia el conocimiento campesino y parte de "la conciencia local al global".

A la pregunta "para qué estudiar", las profesoras de escuelas rurales contestaban que era "para no ser igual al padre agricultor", según el testimonio de Alecsandra Oliveira, quien hace dos años era profesora en Riacho das Almas, pequeño municipio de 18.000 habitantes, dos tercios rurales, en el interior de Pernambuco.

"Según esa respuesta, se estudia para negar la identidad de uno, en lugar de hacer que el estudiante se reconozca como sujeto y constructor de su propia historia", lamentó a IPS.

Rescatar la historia local, de la ciudad y del establecimiento rural en que está su escuela, y respetar y darle un nuevo sentido a los mitos en que creen los niños, son cuidados que adoptó la joven profesora, que da clases a un grupo que junta en una sola aula a niños y niños de seis a 15 años, de primer al tercer año primario.

El "padre del bosque", un ser fantasmagórico que en la leyenda protege ese hábitat, se aprovecha para explicar la importancia de conservar la biodiversidad. Negar su existencia seria confrontarse con la cultura local, explicó.

El ritmo musical maracatú, fuertemente arraigado en la cultura del interior de Pernambuco, ni siquiera hace parte de lo que se enseña en las escuelas locales, ejemplificó Vieira, para destacar lo inadecuado de la enseñanza tradicional a la realidad rural.

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