UCRANIA: Destino de la Revolución Naranja en las urnas

Los ucranianos se preparan para participar en las elecciones parlamentarias de este domingo, en medio de grandes dificultades económicas y tras un año de gobierno liberal y turbulento. Occidente y Rusia siguen de cerca los acontecimientos.

La ciudadanía de esta república ex soviética de 48 millones de habitantes decidirá la composición de su parlamento, que, a su vez, designará un primer ministro con más poder que sus antecesores.

La profunda reforma constitucional ahora vigente implicó el pasaje del presidencialismo al parlamentarismo. El presidente Viktor Yuschchenko, líder de la Revolución Naranja, revuelta popular que puso fin al régimen del primer ministro Viktor Yanukovich, conservará un poder considerable.

Pero el nuevo sistema parece más adecuado para impedir el florecimiento de tendencias autoritarias en el gobierno.

Poco queda del equipo "naranja" que, bajo el liderazgo de Yushchenko y la hoy ex primera ministra Yulia Timoshenko, encabezó la revolución que cuestionó la victoria electoral de Yanukovich en 2004 y forzó la convocatoria a una nueva ronda electoral.
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Los desacuerdos entre Timoshenko y Yuschenko, por conflictos políticos y escándalos de corrupción, llevaron al presidente a destituir a su primera ministra. Hoy, compiten entre sí, lo que reanima las posibilidades de Yanukovich.

Hasta ahora, la campaña política transcurrió en un ambiente de relativa limpieza, y todos los candidatos han tenido acceso a los medios de comunicación, lo que no ocurrió en elecciones anteriores.

El Partido de las Regiones de Yanukovich, que promueve las autonomías regionales y un vínculo estrecho con Rusia y se opone a la integración en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), está al frente en las encuestas, con 30 por ciento de preferencias entre los entrevistados.

Los restantes contendientes comparten antecedentes "naranja". El partido de Yushchenko, Nuestra Ucrania, encabeza la lista con 20 por ciento de respuestas de los encuestados.

No tan orientada al mercado, pero aun así mirando a Europa, se encuentra Timoshenko, que se considera la única fiel a los valores de la Revolución Naranja. Protagonizó una campaña emotiva, pero pobre en lo ideológico. Se ubica tercera, con 13 por ciento de la intención de voto, según los sondeos.

Yanukovich confía en obtener el apoyo del este de Ucrania, rusohablante e industrializado. El centro y el occidente será campo de una nueva batalla entre Yushchenko y Timoshenko.

De todos modos, ningún partido podrá gobernar solo, lo cual alienta especulaciones sobre las posibles alianzas.

"Hay fuerte presión pública para que Yushchenko y Timoshenko reviertan la 'ruptura naranja'", dijo a IPS Alexander Demyanets, del Centro Razumkov de Estudios Económicos y Políticos.

Timoshenko apoya la reunificación, pero Nuestra Ucrania muestra diferencias internas al respecto. De todos modos, dijo Demyanets, "muchos miembros influyentes" de Nuestra Ucrania y el Partido de las Regiones ven una alianza entre Yanukovich y Yushchenko como "más ventajosa en el largo plazo".

Yanukovich está en una posición cómoda no sólo porque la revolución prooccidental no logró cumplir sus promesas, sino porque la economía ucraniana ha empeorado considerablemente desde el año pasado.

La inflación aumentó, el crecimiento económico cayó de 12 por ciento en 2004 a tres por ciento en 2005, y Rusia elevó el precio del gas que le vende a Ucrania, pues no está dispuesto a subsidiar la energía de un vecino poco amistoso y prooccidental.

Yanukovich prometió acabar con el "caos" económico causado por la revolución, parcialmente a través del restablecimiento de las relaciones amistosas con Rusia.

El gobierno de Yushchenko, en cambio, pretende asociar a Ucrania a la OTAN para 2010 y luego a la Unión Europea (UE), pues aspira a que Occidente garantice su seguridad ante Rusia.

Moscú preferiría el triunfo de Yanukovich, pues su partido está en favor de la creación de un espacio económico común con Rusia, Belarús y Kazajstán y se opone al ingreso en la OTAN.

El gobierno de Vladimir Putin sigue las elecciones con mucho cuidado, pero parece haber comprendido que la presión económica es un arma mejor que la intervención política directa.

Rusia procura asegurarse el monopolio de los recursos energéticos y los sistemas de transporte de Europa oriental y Asia central, contra los intereses de Estados Unidos, que alienta la "democratización" de las repúblicas ex soviéticas aún bajo la esfera de influencia de Moscú.

Las revoluciones liberales de Georgia y Ucrania fueron aplaudidas por Occidente, pero las dificultades económicas sufridas por ambos países y las últimas elecciones en Belarús son un duro golpe a quienes confiaban en un repliegue ruso.

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