SRI LANKA: Mayoría cingalesa pierde la paciencia con Noruega

«Noruegos que conspiran para dividir Sri Lanka, ¡váyanse!», reza un gran cartel que portan 150 monjes budistas, de cabeza afeitada y túnicas azafrán, frente a la misión de Oslo que media en la guerra civil entre el gobierno y los insurgentes tigres tamiles.

Para despejar cualquier duda, los monjes, integrantes del Frente Nacional Bhikku (FNB), presentaron a los diplomáticos un memorándum en que reseñan sus supuestos errores y aseguran que, desde el cese del fuego alcanzado en febrero de 2002, el proceso de paz ha tenido un sesgo pro-tamil.

La tregua alcanzada por la mediación noruega entre el gobierno srilankés y los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil, detuvo las hostilidades que se cobraron más de 65.000 vidas en dos décadas de guerra civil.

Los Tigres tomaron las armas en su afán por lograr un estado autónomo en el norte y este para la minoría tamil de este país, que constituye la amplia mayoría de la población en esa zona. Hoy, se inclinan por una autonomía en el marco de una república federal.

Más de 70 por ciento de los 18 millones de habitantes de Sri Lanka son de la etnia cingalesa —la mayoría budistas— y 18 por ciento son tamiles, cuyos ancestros proceden del sur de India y practican el hinduismo.
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Las conversaciones de paz durante el cese del fuego se estancaron en abril de 2003, y se reanudaron en enero último en Ginebra. La próxima ronda de diálogo está prevista para el mes próximo, pero los grupos de la mayoría étnica cingalesa ya manifiestan su insatisfacción.

"No deberíamos ser tan cobardes de mantener a Noruega como facilitador del proceso de paz mientras continúa cometiendo actos de traición contra Sri Lanka", dijo el presidente del FNB, venerable Dhambara Amila Thero.

Esta organización de monjes budistas anunció que mantendría sus protestas hasta que se atiendan sus demandas.

Pero las manifestaciones de esta semana no alcanzaron la magnitud que en el pasado, cuando miles de personas se reunieron frente a la embajada de Noruega y quemaron imágenes del enviado de paz Erik Solheim.

Una de las mayores protestas se registró cuando el gobierno de la ex presidente Chandrika Kumaratunga acordó participar con los Tigres en un mecanismo conjunto de distribución de asistencia humanitaria y para la reconstrucción tras el tsunami del 26 de diciembre de 2004.

Esta semana, cuando ningún funcionario de la misión noruega accedió a recibir la petición, los manifestantes amenazaron con permanecer en el lugar por tiempo indeterminado, pero se dispersaron luego de que el venerable Amila lo ordenó.

La protesta sucedió en un momento difícil para el actual presidente srilankés, Mahinda Rajapakse. Esta fue la primera protesta antinoruega desde que asumió el cargo en noviembre, y el FNB tiene vínculos con partidos políticos que fueron cruciales para su victoria electoral.

Incluso antes que el FNB, el gobernante Movimiento Patriótico Nacional (MPN) exigió la retirada de la misión noruega.

Wimal Weeravansha, legislador del oficialista Frente de Liberación Popular (FLP) y portavoz del MPN, reiteró esa posición en un discurso ante el parlamento poco antes de las negociaciones de Ginebra.

Weeravansha acusó a los noruegos de brindar una bienvenida de alfombra roja a la delegación tamil que visitó Oslo luego de las deliberaciones en la ciudad suiza.

El FLP fue clave en el triunfo electoral de Rajapakse y la derrota del entonces primer ministro Ranil Wickremasinghe, firmante de la tregua de 2002.

Las posiciones de Rajapakse y Wickremasinghe en torno de las negociaciones con los tamiles eran divergentes. El actual presidente se pronunció por mantener el sistema unitario, mientras el ex primer ministro apoyaba una estructura federal.

Rajapakse también prometió renegociar la tregua, la más larga desde que se inició el conflicto, para revertir las supuestas ventajas que, según él, habrían sacado los Tigres.

La misión noruega no ha logrado resolver, según sus críticos, el conflicto entre su rol de facilitador y de controlador de la tregua. Pero hasta ahora pocos habían pedido el cese total de su mediación.

"El gobierno de Sri Lanka debe desarrollar un proceso de paz garantizado por varios estados", dijo a IPS el experto en terrorismo Rohan Runaratna. Pesos pesados de Asia meridional, como India, deberían jugar un papel más activo en las negociaciones de paz.

Por su parte, los Tigres se han negado a renegociar la tregua o a considerar cualquier alteración del papel de Oslo.

"Si Noruega es removida como facilitador de la paz, ni los Tigres ni nadie más lo aceptará. Echar a Noruega es como echar a toda la comunidad internacional", dijo el líder político de la organización insurgente, S. P. Tamilselvan.

A pesar de la mucha confianza que tienen en Noruega tanto los Tigres como la comunidad internacional, los mediadores han sido blanco frecuente de críticas.

Un sueco se hará cargo de dirigir la Misión de Control de Sri Lanka desde abril y Solheim designó a su segundo. Su postergación fue celebrada por dirigentes de los partidos representativos de la mayoría cingalesa.

Solheim admitió en privado que cualquier otra nación u organización hallaría dificultades para mantener a las dos partes negociando. El diplomático noruego logró, de hecho, salvar el proceso del colapso en enero.

El mes anterior, más de 120 personas, entre ellos 80 militares y policías, fueron asesinados en actos de violencia política en el norte y el este, bastión de los Tigres.

El primer ministro Rathnasiri Wikremanayake dijo ante el parlamento que, desde las reuniones en Ginebra, solo ocurrieron 10 muertes en el marco del enfrentamiento. "Es una buena tendencia y queremos que continúe", afirmói.

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