AMBIENTE: Premio Nobel plantea ecuación de optimismo

Calidad del aire, cambio climático y capa de ozono son variables de una ecuación con la que los seres humanos han jugado hasta poner en riesgo su futuro, dijo a Tierramérica el mexicano Mario Molina, Premio Nobel de Química 1995.

Pero hay razones para el optimismo, según Molina, quien tras alcanzar fama por descubrir que los cloroflurocarbonos dañan la capa de ozono, trabaja en un programa para mejorar la calidad atmosférica de la capital de México.

Según dijo, en unos 10 años más la capital, hoy una de las más contaminadas del mundo, podría tener un aire ”muy limpio”.

El científico considera que su pronóstico puede cumplirse si hay compromiso y trabajo, elementos que a su entender jugaron en el ”éxito” del Protocolo de Montreal de 1987, con el que la comunidad internacional asumió la meta de frenar la destrucción de la capa de ozono. Porque la recuperación del ozono, pese a informes alarmistas, no tiene marcha atrás, según Molina.

—Científicos de la Universidad de Cambridge se declararon alarmados en abril en la reunión de la Unión Europea de Geofísica , realizada en Austria, pues según sus estudios el adelgazamiento de la capa de ozono sobre el Ártico alcanzó su máximo. Hablan de que la destrucción continúa. ¿Es así? ¿Qué está fallando? —En el llamado agujero hay una gran variabilidad de de año en año, como lo hay en muchos otros aspectos relacionados con el clima. No está aumentando el agujero de manera continua, y es claro que está disminuyendo la emisión de compuestos de origen industrial que afectan la capa de ozono. El problema básicamente ya se resolvió a través del Protocolo de Montreal (que programó la disminución de uso de cloroflurocarbonos y otros compuestos que destruyen el ozono), aunque tenemos que seguir trabajando duro porque hay sustancias, como el bromuro de metilo, que aún no se han eliminado totalmente, igual que algunos halones que todavía se emiten. Sabemos que tenemos que esperar alrededor de dos décadas antes de que se recupere la capa de ozono, y de un año a otro su adelgazamiento puede aumentar o disminuir sin que eso sea una indicación importante del estado del problema, que el Protocolo de Montreal atendió de manera irreversible y efectiva.

—¿El ensanchamiento temporal del agujero tiene, entonces, relación con el fenómeno del cambio climático (calentamiento del planeta por gases de efecto invernadero)? —Una de las cosas que dificulta decir con exactitud cuándo se restaurará la capa de ozono estratosférico es la conexión entre ese problema y el hecho de que estamos cambiando el clima. Es posible que la recuperación se atrase porque el cambio climático la afecta, de una forma aún difícil de entender pero real.

—¿En esa relación juega también la calidad del aire, asunto en el que usted trabaja ahora? —Sí, hay conexiones importantes entre el ozono, el cambio climático y la calidad del aire, son elementos de una delicada ecuación. Lo que estamos haciendo en México es atacar el problema de la calidad del aire, y algunas de las medidas en esa materia también son beneficiosas en relación con el cambio climático. Por ejemplo, mejorar la eficiencia del transporte disminuye las emisiones de dióxido de carbono, que es el gas de efecto invernadero más importante, pero también de otros que afectan la calidad del aire y la salud.

—Usted ha recomendado cambios en la fórmula de la gasolina que se consume en México, modernización del parque vehicular y una reprogramación del transporte público, entre otras medidas. ¿Eso solucionará el problema de la gran contaminación? —Es así. Si se trabaja y hay compromiso, en unos 10 años más la ciudad de México tendrá un aire muy limpio. Puede sonar demasiado optimista este pronóstico, cuando hay muchos problemas conexos, pero se puede hacer y hay ejemplos que lo confirman como el de la (sudoccidental) ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos. En estos temas, y en otros relativos al cambio climático, América Latina y el mundo en desarrollo aún no toman medidas muy claras, pero la experiencia de México será un buen ejemplo de lo que se puede hacer.

—¿Cómo ve el futuro cuando hay países como Estados Unidos que se resisten a adoptar compromisos contundentes en materia de cambio climático? —Es un futuro difícil y riesgoso. Hay retos muy grandes, y el uso de combustibles fósiles está ligado al desarrollo económico. Es indispensable por eso la colaboración estrecha entre países industrializados y en des arrollo, en parte porque son los primeros los que han contaminado. En cuanto a Estados Unidos, creo que estados e investigadores de ese país hacen esfuerzos importantes para atacar los problemas del ozono, el cambio climático y la calidad del aire, pero el gobierno actual (del presidente George W. Bush) se opone a todo lo que sean compromisos internacionales, lo que es una vergüenza.

* El autor es corresponsal de IPS. Publicado originalmente el sábado 28 de mayo por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (

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