AUSTRALIA-INDONESIA: Apenas vecinos

La negativa de la presidenta de Indonesia, Megawati Sukarnoputri, a participar este domingo junto al primer ministro de Australia, John Howard, de un servicio religioso en memoria de las víctimas del atentado terrorista de hace un año en Bali mostró la compleja relación entre estos dos países vecinos.

Howard viajará a la meridional isla indonesia de Bali para participar del culto cristiano celebrado en el primer aniversario del ataque con bomba contra un centro nocturno en el que murieron 202 personas, entre ellas 88 australianos. El primer ministro llegará junto a periodistas y familiares de las víctimas.

Un portavoz de la cancillería indonesia explicó que Megawati desechó la cita porque quiere respetar a la predominante cultura hindú de la isla. Los hindúes no celebran cultos para recordar a personas muertas.

Pero analistas coinciden en que a la presidenta, que quiere ser reelecta en las elecciones de 2004, no le gusta estar muy cerca de un gobernante cada vez más antiislámico. Sólo busca mantener una buena relación en lo mínimo imprescindible.

Ochenta y seis por ciento de los 217 millones de indonesios son musulmanes.

Este fue el segundo desaire de Megawati a Australia en las últimas dos semanas.

A comienzos de este mes, la presidenta dejó esperando en Yakarta al líder del opositor Partido Laborista de Australia, Simon Crean, quien hasta ahora no ha podido entrevistarse con ella.

Las autoridades policiales y judiciales de los dos países trabajaron en forma conjunta para encontrar a los responsables del atentado y llevarlos a la justicia. Algunos de ellos fueron sentenciados a muerte por un tribunal indonesio en los últimos meses.

Sin embargo, en el ámbito político hay mucha tensión.

”Las relaciones a largo plazo se van a volver más tensas aun, mientras Australia se ubique junto a Estados Unidos y se una a sus aventuras alrededor del mundo”, advirtió el sociólogo Andrew Jakubowicz, de la Universidad de Tecnología de Sydney.

”Howard y (el canciller Alexander) Downer nunca se sintieron cómodos cuando tuvieron que relacionarse con líderes políticos asiáticos”, añadió.

Jakubowicz sostuvo que Australia ha hecho demasiado énfasis en considerar el atentado de Bali como un ataque dirigido contra los australianos por parte de organizaciones terroristas islámicas, a pesar de que la mayoría de las víctimas fueron indonesias.

Esto ha complicado la relación política bilateral. El desaire de Megawati refleja su preocupación ante la posición de Australia como país antiislámico.

Pero Howard no parece preocuparse mucho por el desaire de Megawati y, en cambio, está más concentrado en los preparativos para recibir al presidente estadounidense George W. Bush a fines de este mes.

”Las estrechas relaciones entre Australia y Estados Unidos en ninguna forma obstaculizan las relaciones con los países de Asia”, subrayó el primer ministro.

Pero para Howard podría ser muy peligroso alinearse tanto con Bush, advirtieron analistas políticos reunidos la semana pasada en un simposio organizado por la Universidad del Territorio del Norte en la septentrional ciudad de Darwin.

La mayoría de los participantes coincidieron en que la estabilidad en Indonesia y en otros países vecinos es más importante para la seguridad de Australia que participar de las aventuras bélicas estadounidenses, como la invasión a Iraq.

El presidente del Centro de Estudios Estratégicos y de Defensa de la Universidad Nacional Australiana en Canberra, Paul Dibb, dijo en el simposio que ”muchas personalidades influyentes” en el gobierno intentan convertir a las fuerzas armadas australianas en ”una fuerza de expedición para las operaciones de Estados Unidos”.

”No hay mayor desafío para la seguridad de Australia que el futuro de Indonesia. El tamaño y la proximidad de ese país (el de mayor población musulmana del mundo) hacen que tenga una importancia estratégica para Australia”, afirmó Dibb.

Yakarta considera que las íntimas relaciones entre Canberra y Wahsington significan una presión para que los países de Oceanía y Asia sudoriental tengan políticas favorables a Estados Unidos.

El director del Instituto de Política Estratégica Australiana, Hugo White, criticó al gobierno australiano por no haber prestado atención a los ”grandes progresos hacia la democracia” hechos por Indonesia en los últimos cinco años.

Australia debería reconocer la transformación de su vecino del norte ”en un verdadero país democrático”, en vez de insistir en la ”amenaza terrorista”, señaló el analista.

El gobierno australiano por ahora sólo piensa en incrementar la asistencia militar a Indonesia para luchar contra los grupos extremistas islámicos.

Varios funcionarios de Canberra incluso propusieron reanudar los vínculos con militares indonesios suspendidos desde la crisis en Timor Oriental para lanzar operaciones contra grupos como Jemaiah Islamiyah, al que acusan del atentado en Bali.

Timor Oriental fue colonia de Portugal durante cuatro siglos. Tras el retiro de los portugueses, el ejército indonesio invadió el territorio en diciembre de 1975, y comenzó una cruenta ocupación que dejó 220.000 muertos, equivalentes a un tercio de la población de aquel año.

En agosto de 1999, la abrumadora mayoría de los timorenses orientales se pronunciaron a favor de la independencia de Indonesia en un referendo de autodeterminación patrocinado por la Organización de las Naciones Unidas.

Antes y después de ese referendo, se produjo una ola de saqueos e incendios que devastó la infraestructura timorense oriental, perpetrada por grupos paramilitares con respaldo del ejército indonesio, que en 1975 mataron a por lo menos 1.000 personas, provocaron el desplazamiento de tres cuartos de la población y destruyeron casi todos los edificios.

El 30 de agosto de 2001, Timor Oriental celebró sus primeras elecciones libres y democráticas, y el 20 de mayo de 2002 inició su camino independiente, como el país más pobre de Asia y el sexto más pobre del mundo.

Rob Wesley Smith, ex activista por la independencia de Timor Oriental, condenó la idea de que Canberra mantenga vínculos con militares indonesios.

En cambio, propuso organizar una campaña informativa en Australia para explicar las causas del extremismo islámico en Indonesia y la importancia de la amistad de Canberra con los países vecinos.

”No podemos ayudar a que se reformen si no somos sus amigos. Debemos conocer nuestra región”, señaló.

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